5 mitos acerca de la consejería y la iglesia

Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés por Crossway.
A continuación 5 mitos acerca de la consejería y la iglesia:

 

 Mito #1: La consejería es para los profesionales 

 Este mito sugiere que la consejería es un término profesional y que solo puede ser impartida por profesionales. Sin embargo, es mejor pensar en la consejería como conversaciones sabias que ayudan a los hermanos. Los consejeros profesionales pueden aportar experiencia, la cual siempre es valiosa. Sin embargo, en el mejor de los casos estos profesionales estarán teniendo conversaciones sabias y de ayuda con sus aconsejados. Ellos no poseen ninguna magia especial. 

 Cuando piensas en aquellos quienes te han ayudado en tiempos de necesidad, probablemente se te vengan a la mente amigos, familiares y otros seres queridos que te aman. Son ellos quienes han sido siempre nuestros ayudantes a los cuales recurrimos de manera inmediata y aún tienden a ser nuestra primera opción cuando necesitamos ayuda. 

 Mito #2: Los pastores no tienen tiempo suficiente para la consejería 

 Quizás para ti pastor el solo pensamiento de añadir más horas de trabajo a una agenda, ya de por sí bastante apretada, sea más que suficiente para hacerte llorar. Y es cierto que las necesidades de cuidado pastoral que tiene una congregación de cincuenta personas son probablemente demasiadas para que un pastor las lleve solo. Incluso, las necesidades de cuidado pastoral dentro de tu propia familia pueden parecerte abrumadoras. 

 La realidad es que no puedes ocuparte de cada una de las almas de tu iglesia sin la ayuda de alguien más. Necesitas miembros que estén preparados para ayudar a otros miembros. Y mientras tanto, tu objetivo será ser cada vez más amoroso, hábil, compasivo, sabio y más ferviente en oración en las conversaciones que ya estas teniendo. Puedes hacer mucho en tan solo cinco minutos escuchando al hermano y tres minutos orando con él. 

 Mito #3: No puedes aconsejar porque no eres un buen consejero 

 Es cierto que algunas personas poseen más talento natural para conocer y ayudar a otros. Pero, ¿qué podría significar este mito realmente? ¿Qué no amas a las personas? ¿Qué no las escuchas y prefieres solo hablar tú? ¿Las personas no quieren hablar contigo? Probablemente no signifique nada de esto. 

 Significa que a veces te sientes insuficiente para ayudar. Todos aquellos quienes ayudan a otras personas piensan esto en algún punto y eso es bueno. La insuficiencia se encuentra justo al lado de la humildad y la humildad te lleva a orar y a pedir ayuda a otros y estas son una de las mejores cosas que puedes ofrecer. Las ideas brillantes raramente son las que ayudan otros. 

 Mito #4: Las buenas predicaciones eliminan (o al menos reducen) la necesidad de consejería 

 En teoría esto pareciera ser correcto. La predicación que identifica las luchas de la vida diaria e ilustra el cómo llevar todas esas luchas a la Escritura es invaluable y completamente necesaria. Pero en la práctica, una buena predicación conduce a más consejería. 

 La buena predicación pone al descubierto nuestros corazones, nos muestra nuestras necesidades espirituales y promueve una cultura de sinceridad en la iglesia. Los oyentes descubren aquellos problemas que han estado encubriendo y cuando lo hacen ni siquiera saben cómo empezar a tratarlos. Pero estos oyentes saben que una iglesia que tiene este tipo de predicación es un lugar donde pueden encontrar a alguien con quién hablar. 

 Mito #5: Los cristianos no necesitan consejería 

 Este es un mito muy antiguo y la mayoría de los pastores realmente no lo creen. Pero muchos hermanos de la congregación aún creen en esto. O quizás podríamos decir que la mayoría de nosotros aprueba que otros busquen ayuda, pero nosotros mismos no queremos buscar esa ayuda porque esto podría demostrar debilidad o incluso podría sugerir que Jesús no es suficiente para nosotros, y en consecuencia, estaríamos manchando el honor de Dios. 

 Sin embargo, nuestra necesidad de ayuda es esencial para nuestra salud espiritual. Vinimos a Jesús como personas en necesidad y seguimos estando en Jesús como personas en necesidad. Además, sabemos que Jesús se ocupa de las personas necesitadas a través de su Palabra y de otras personas.