5 mitos sobre el calvinismo 

5 mitos sobre el calvinismo

Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés por Crossway.
A continuación 5 mitos sobre el calvinismo:

 

Mito 1: No tenemos libre albedrío 

La Confesión de fe de Westminster, la declaración confesional predominante de la teología reformada en el mundo de habla inglesa, tiene un capítulo completo llamado “Sobre el libre albedrío”. Aquí está la primera sección de ese capítulo, en su totalidad: 

Dios ha hecho valer la voluntad del hombre con esa libertad natural, que no es forzada, ni, por ninguna necesidad absoluta de la naturaleza, determinada al bien o al mal (Confesión de fe de Westminster, 9.1).  

El capítulo sobre la providencia de Dios también dice que, cuando Dios ordene lo que sucederá, “ni Dios es el autor del pecado, ni ofrece violencia a la voluntad de las criaturas; ni la libertad o la suerte de causas secundarias son quitadas [una categoría que incluye la voluntad humana], en lugar de eso se establece (CFW 3.1). 

Este mito surge de los cambios históricos del lenguaje. Hoy en día, la frase “libre albedrío” se refiere a la responsabilidad moral. Significa que las personas no son solo títeres de fuerzas naturales exteriores como su herencia y ambiente. Pero en el siglo XVI, al comienzo de la Reforma, uno de los debates clave fue sobre el “libre albedrío” en un sentido completamente diferente. La pregunta entonces era si la voluntad estaba, por naturaleza, esclavizada por el pecado y en cautiverio de Satanás. Creer en el “libre albedrío” significaba creer que los seres humanos no nacen como esclavos de Satanás. Negar el “libre albedrío” significa creer que lo son. Calvino incluso llamó a la esclavitud de la voluntad de Satanás “esclavitud voluntaria”. 

Mito 2: Somos salvos en contra de nuestra voluntad 

Así como el control providencial de Dios de todos los eventos no niega, en general, el libre albedrío de los seres humanos, la obra particular del Espíritu Santo en los corazones de los creyentes no niega el libre albedrío de esos individuos. La sección 10.1 de la Confesión de Westminster, que describe la obra del Espíritu Santo en la conversión de los pecadores, insiste en, que cuando el Espíritu “los atrae a Jesucristo” ellos “vienen más libremente”. El rol del Espíritu es eliminar el poder del pecado e infundir nuevos poderes de creer y confiar, lo cual resulta inevitablemente en fe salvadora, pero esto es hecho sin violar la libertad de la voluntad. 

De hecho, la obra del Espíritu agranda nuestra libertad. La vida humana natural está dominada por ignorancia, impotencia, frustración, compulsión, auto obsesión, solipsismo, decepción y (en el mejor de los casos) resignación. La vida de Cristo que el Espíritu pone en nosotros vive en un conocimiento, poder, autocontrol, entrega, placer, alegría y gozo cada vez más abundantes. En un sentido, somos tan libres como siempre lo hemos sido, libres para actuar dentro de la vida que tenemos. Pero en otro sentido, ¿quién no estaría de acuerdo en que la libertad de vivir como esclavo es menor libertad que la libertad de vivir como un dios? (Sal. 82: 6, Jn. 10: 34-36). 

 Mito 3: Estamos totalmente depravados 

De acuerdo, sí, los famosos “cinco puntos del calvinismo”, al menos en su forma demasiado simplificada y profundamente engañosa del siglo veinte, comienzan con la afirmación de que los seres humanos en su estado natural son “totalmente depravados”. “Libre albedrío” significó algo completamente diferente en el debate de la Reforma del Siglo XVI que hoy, la frase “totalmente depravado” en los cinco puntos no significa lo que significaría si alguien usara esa frase en la conversación cotidiana. 

Cuando las personas escuchan la afirmación de que, aparte de la regeneración del Espíritu Santo, somos “totalmente depravados”, naturalmente consideran que no hay nada en nosotros que sea bueno en ningún sentido. Además de ser falso para toda experiencia, tal punto de vista es fácil de refutar en las Escrituras. Pablo declara que “los gentiles, que no tienen la ley, cumplen por instinto los dictados de la ley” (Rom. 2:14). Quizá, más profundamente, somos amonestados a no asesinar a nadie porque todas las personas están hechas a imagen de Dios (Gén. 9:6). 

Calvino escribió en las Instituciones (Libro II, Capítulo 3, Sección 3): 

En todas las épocas ha habido personas que, guiadas por la naturaleza, se han esforzado por alcanzar la virtud a lo largo de la vida. No tengo nada que decir en contra de ellos, incluso si se observan muchas fallas en su conducta moral. Porque, con el mismo fervor de su honestidad, han dado pruebas de que había algo de pureza en su naturaleza... Estos ejemplos, por consiguiente, parecen advertirnos en contra de juzgar la naturaleza del hombre totalmente corrompida, porque algunos hombres no solo se han destacado en hechos notables, sino que se han comportado de forma más honrosa a lo largo de la vida. Pero aquí se nos debería ocurrir que en medio de esta corrupción de la naturaleza hay un lugar para la gracia de Dios; no la gracia como para limpiarla, sino restringirla interiormente. 

Muchos otros ejemplos de las Instituciones y otros escritos de Calvino confirman esto. Consulte también las declaraciones cuidadosamente redactadas y confeccionadas de la Confesión de Westminster en CFW 16.7, que también afirman esta opinión. 

Mito 4: Dios no ama a los perdidos 

En cada uno de los tres casos anteriores, la gente cree que el calvinismo dice X cuando, de hecho, el calvinismo niega enérgicamente a X. Sin embargo, la pregunta de si Dios ama a los perdidos es diferente. El calvinismo, en sí mismo, no implica una posición de un modo u otro sobre este tema. El propio Calvino no lo abordó porque la pregunta no se había planteado aún durante su vida. Fueron generaciones posteriores de calvinistas, contemplando la doctrina calvinista, quienes comenzaron a preguntar si Dios ama a aquellos a quienes no ha elegido salvar. Pregunte a cien calvinistas si Dios ama a los perdidos y obtendrá cien respuestas diferentes. 

El tema fue debatido durante la redacción de la Confesión de Westminster. En última instancia, sus autores optaron para que la confesión no tomara ninguna posición sobre este tema. Pero eligieron un lenguaje que al menos se inclina hacia el punto de vista de que Dios ama a los perdidos (por ejemplo, describe la entrega de la ley moral a la humanidad como una bendición gratuita y no merecida; ver CFW 7.1 y 7.2). Y algunas otras confesiones calvinistas históricas, como los Cánones de Dort, respaldan explícitamente la opinión de que Dios ama a los perdidos, mientras que ninguna confesión calvinista ha respaldado explícitamente la opinión opuesta. 

Mito 5: El calvinismo se ocupa principalmente de la soberanía de Dios y la predestinación 

Por supuesto, no hay una prueba absoluta, sin respuesta, de lo que es o no es la “preocupación principal” de una tradición teológica. Es una cuestión de juicio. Sin embargo, creo que este tema es bastante claro si se realiza un estudio serio sobre el calvinismo. 

El calvinismo afirma un punto de vista particular, un punto de vista particularmente “alto”, según se usan tales términos, de la soberanía de Dios y la predestinación. Pero esa visión no fue la contribución teológica única y distintiva del calvinismo; ni era el tema que Calvino o sus seguidores (desde ese día hasta el presente) pensaba que era el más importante. La visión “elevada” de la soberanía y la predestinación había sido completamente desarrollada por Agustín a principios del siglo quinto. Las generaciones posteriores de agustinos desarrollarían y debatirían diferentes aplicaciones de esa doctrina en otras áreas de la teología. El más notable de estos fue Martín Lutero, no Calvino. 

Lo que realmente distingue a Calvino como teólogo, y al calvinismo como tradición teológica es su doctrina singularmente “elevada” de la obra del Espíritu Santo. En todas las áreas de la teología en las que Calvino hizo sus contribuciones más destacadas, como su doctrina de las Escrituras o su doctrina de la iglesia y los sacramentos, vemos la exaltación de la obra del Espíritu que impulsa su análisis. Incluso si solo nos fijamos en su comprensión de la salvación misma, lo que hace que el calvinismo sea únicamente calvinista no es principalmente su doctrina de la obra del Padre en la elección, sino su doctrina de la obra del Espíritu en la regeneración. Este fue el juicio de B. B. Warfield en su ensayo “Juan Calvino, el teólogo”. Y este predominio del Espíritu en el pensamiento de Calvino se refleja en toda la Confesión de Westminster y otras confesiones y documentos calvinistas.