5 mitos sobre el complementarismo 

Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés por Crossway.
A continuación 5 mitos sobre el complementario:

Por: Andreas J. Köstenberger, Margaret Elizabeth Köstenberger 

Individuales pero distintos

La interpretación complementaria de las Escrituras sostiene que el propósito de la creación de Dios para el hombre y la mujer implica igualdad de valor individual, pero distintos roles. Dios estableció esta realidad intrínseca y orden en la creación como parte de su proyecto de la misión del hombre y la mujer en la tierra, para que la vivieran juntos para Su gloria. De acuerdo con el diseño divino, a los hombres se les da la responsabilidad de liderar en el matrimonio y la familia, así como en la iglesia, la familia de Dios, mientras que a las mujeres se les asigna el rol de acompañar y apoyar a sus esposos y se les confía la crianza y el cuidado de los hijos para la gloria de Dios, además de ser participantes activas en la misión de la iglesia. A continuación, destacaremos tres mitos impuestos al complementarismo desde afuera (es decir, por igualitaristas), más dos mitos perpetuados algunas veces por quienes están adentro (los mismos complementaristas que erróneamente sobrepasan los límites del diseño de Dios, quizá para amoldarse a la cultura). 

En principio, se debe observar que cada título tiene una historia y sus propias limitaciones. En el caso en cuestión, algunos de los que no abrazan completamente las diferencias creadas divinamente entre hombres y mujeres (igualitaristas) aún defienden alguna forma de complementariedad, reconociendo diferencias biológicas y posiblemente otras, pero minimizan o niegan la autoridad masculina bíblica. Por su parte, los complementaristas se aferran a la igualdad masculina-femenina en esencia, al mismo tiempo que afirman la autoridad masculina en el hogar y en la iglesia. El subtítulo señalado de un volumen igualitario, Discovering Biblical Equality: Complementarity without Hierarchy (Descubriendo la igualdad bíblica: complementarismo sin jerarquía), enfatiza las limitaciones de los títulos (ya sea “complementario” o “igualitario”) y recalca la necesidad de base bíblica propiamente dicha. 

 Mito n.º 1: El complementarismo está obsesionado con la autoridad masculina

¿Aboga el complementarismo por una estructura jerárquica de autoridad de arriba hacia abajo en la relación hombre-mujer? ¿Hasta dónde se debe llevar la autoridad masculina bíblicamente hablando? Los principales complementaristas creen que no existe base bíblica para un patrón autoritario legítimo de una relación jerárquica del tipo amo-esclavo o general-soldado para hombres y mujeres. Sin embargo, ellos mismos en ocasiones están conectados con un “jerarquismo” extremo (¡que también es una monstruosidad verbal!) y, junto con esto, defienden la inferioridad femenina. Según este mito, el complementarismo equivale a ser antimujeres o a no admitir mujeres en el ministerio, con la intención de que ellas no ocupen lugares de liderazgo en la iglesia, el mundo corporativo y la esfera política. No obstante, esto caracteriza de manera incorrecta el complementarismo bíblico. En realidad, este pone énfasis en la belleza de la complementariedad en el marco del diseño binario deliberado y hermoso de Dios en el que el liderazgo del esposo se ejerce en amor y servicio, y en el que las mujeres están incluidas como participantes significativas en la misión de la iglesia. 

En el matrimonio bíblico, se ordena al esposo a tratar a su esposa como coheredera de la gracia de la vida (1 Pe. 3:7), sirviéndola y amándola como Cristo amó a la iglesia y se entregó a sí mismo por ella (Ef. 5:25). Aunque la autoridad del marido no está ausente en las instrucciones de Pablo, el amor por el bienestar y el crecimiento de los miembros de su familia es un tema predominante (Ef. 5:25-28). Por su parte, se anima a las esposas a actuar humilde y sacrificialmente, en sumisión a sus maridos (Ef. 5:22), pero no se las presenta como inferiores o subordinadas a los hombres. Al contrario, las Escrituras muestran que tanto el hombre como la mujer fueron creados a la imagen de Dios con gran e igual valor intrínseco. El Espíritu Santo fue dado a hombres y mujeres cuando se estableció la iglesia (Hch. 2:17-18) y a ambos se les otorgan dones espirituales para edificación de la iglesia. Una perspectiva bíblica de la relación entre hombres y mujeres en el ministerio de la iglesia no muestra a un hombre que ejerce un liderazgo autoritario, sino que instruye a los ancianos a no abusar de la autoridad que tienen sobre los que están bajo su cargo (1 Pe. 5:3). 

 Mito n.º 2: El complementarismo confina a las mujeres al hogar.

Otra caricatura del complementarismo muestra a las mujeres confinadas al hogar. El complementarismo bíblico toma con seriedad la enseñanza de que las mujeres casadas y con hijos sean fieles a sus roles en relación a sus esposos e hijos (Ti. 2:4-5), pero ellas deben cumplir tales roles por la gracia de Dios y con libertad, como lo indican las Escrituras. En la creación de la primera mujer, Eva es presentada como una compañera y ayuda para su marido (Gn. 2:18). Esta representación se ve reflejada en el juico que ella recibe después de la caída: dolores de parto y luchas en el matrimonio vinculadas directamente con su llamado divino en relación a su marido e hijos (Gn. 3:16). En la carta de Pablo a Tito, se llama a las mujeres a “trabajar en sus hogares” y a amar a sus maridos e hijos (Ti. 2:4-5; cf. 1 Tim. 5:9-10, 14). Creemos que la alegría y el trabajo de la vida de las mujeres se vivirán mejor cuando ellas se centren principalmente en su familia y en su hogar. 

Al mismo tiempo, el complementarismo no descarta que las mujeres trabajen fuera del hogar. De hecho, por lo general se reconoce que la mujer casada de Proverbios 31 era activa en su comunidad mientras estaba enfocada en su hogar. Por lo tanto, la necesidad de cada mujer es descubrir hacía dónde Dios la guía en cuanto a sus actividades fuera del hogar (trabajo u otros) en cualquier momento de su vida siempre que esté vinculado con su rol principal en la familia. Sin embargo, no hay necesidad de alejarse del diseño de Dios para las mujeres centrado en la familia y el hogar, a menos que existan factores atenuantes como la enfermedad del esposo, etc. Para mujeres no casadas, las preguntas son similares, pero las responsabilidades de la vida serán distintas puesto que tendrán más tiempo que disponer para involucrarse en la comunidad en varios momentos de sus vidas (1Cor.7:34). No obstante, las reacciones exageradas son comunes, como insistir en que las mujeres puedan participar en cualquier actividad fuera del hogar casi, o sin preocuparse por el propósito específico de Dios para cada género. Esto es contrario a la enseñanza bíblica y profundamente problemático. 

Dios estableció esta realidad intrínseca y orden en la creación como parte de su proyecto de la misión del hombre y la mujer en la tierra, para que la vivieran juntos para Su gloria. 

 Mito n.º 3: El complementarismo conduce a la violencia doméstica y al abuso conyugal.

Debido a su afirmación de liderazgo y autoridad masculina, en ocasiones el complementarismo ha tolerado violencia doméstica y abuso conyugal. Si bien la gente malvada siempre corromperá las enseñanzas bíblicas claras para sus propios fines impíos y la naturaleza pecaminosa de la humanidad inevitablemente causa la corrupción del diseño deseado, vincular el complementarismo con la violencia doméstica está basado en una idea errónea de lo que este en realidad enseña en relación con la verdadera naturaleza de la autoridad masculina (vea lo desarrollado en el Mito n.º 2 arriba). También se debe tener en cuenta que el abuso de las mujeres no se limita de ninguna manera a un lado de este debate. Revelaciones afines al reciente movimiento #MeToo (#YoTambién) dejan en claro que el abuso de mujeres es común entre individuos e industrias, muy lejos del complementarismo y sus perspectivas. 

Por ende, la acusación de que el complementarismo condena de manera insuficiente, o aprueba inconscientemente, o puede conducir a la violencia doméstica y al abuso conyugal es manifiestamente falsa. Recientemente, algunos complementaritas han declarado públicamente que condenan firmemente y se oponen a cualquier forma de violencia doméstica y abuso conyugal. En su “Declaración sobre el abuso”1 adoptada el 12 de marzo de 2018, que sigue a declaraciones similares anteriores, la junta directiva del Consejo sobre la masculinidad y feminidad bíblicas, la principal organización complementaria, escribe: “Condenamos todas las formas de abuso físico, sexual y / o verbal”. Agregan: “Creemos que el abuso no solo es un pecado sino también un crimen. Es destructivo y malo. El abuso es un sello del diablo y está en oposición directa a los propósitos de Dios. No se debe tolerar el abuso en la comunidad cristiana”. Aún más, “creemos que la iglesia y los líderes de ministerio tienen una obligación especial de denunciar abusos a las autoridades civiles”. En cuanto a la iglesia, “creemos que la iglesia debe preocuparse con amor, atender a los abusados y ayudarlos a encontrar esperanza y sanidad a través del Evangelio… Creemos que, por el poder del Espíritu de Dios, la iglesia cristiana puede ser un instrumento del amor y la sanidad de Dios para quienes estuvieron en relaciones abusivas, como así también ser ejemplo de unidad en un mundo fracturado y quebrantado“. No solo los principales complementaristas han condenado públicamente todas las formas de violencia y abuso conyugal, sino que además hay muchos ejemplos de matrimonios que honran a Dios entre complementaristas que muestran en la práctica la belleza del diseño complementario de Dios. 

 Mito n.º 4: El complementarismo solo limita el acceso a las mujeres a puestos pastorales

Mientras que los primeros tres mitos se relacionan con ideas impuestas al complementarismo desde afuera, en su mayoría por igualitaristas, los mitos n.º 4 y n.º 5 a veces son propugnados por quienes están “dentro” del movimiento autodenominado complementarista. El mito n.º 4 sostiene que el complementarismo solo limita el acceso a las mujeres a puestos pastorales. Se puede suponer que, al menos en parte, este enfoque surja de la vergüenza por, o quizás del deseo de minimizar, la ofensa causada por la enseñanza complementaria en la cultura circundante, que considera la enseñanza complementaria demasiado restrictiva, si no una discriminación absoluta contra las mujeres Por lo tanto, una afirmación exhaustiva de la enseñanza complementaria está de acuerdo y reducida a un solo tema para parecer “razonable” y amoldarse a diferentes destinatarios, ya sean miembros de la iglesia potenciales o actuales, posibles o actuales donantes, la academia, o alguna otra élite intelectual “políticamente correcta”. En consecuencia, a veces se puede observar que los complementaristas perpetúan una mitología propia en respuesta a desafíos similares a los mitos mencionados anteriormente. 

En los últimos años, por ejemplo, hemos escuchado cada vez más que los pastores complementarios y otros complementaristas autoidentificados enseñan que la única restricción que los complementaristas deben imponer a las mujeres es la de asumir el cargo pastoral; cualquier otra función de liderazgo debe estar abierta a mujeres calificadas en la iglesia. Sin embargo, la enseñanza bíblica sobre género es mucho más minuciosa y profunda de lo que podría transmitir una condición negativa singular, una mera regla que restringe a las mujeres acceder a un cargo en particular (aunque altamente significativo), permitiendo de otra manera la igualdad sin restricciones entre hombres y mujeres. Pablo fácilmente podría haber dicho en 1Ti.2:12: “no le permito a la mujer ser anciana de la iglesia” si lo que tenía en mente era solo la restricción de tomar un cargo pastoral o de ancianato. En cambio, dijo: “Yo no permito que la mujer enseñe ni que ejerza autoridad sobre el hombre”, lo que indica que son esas funciones las que no debe realizar, no se trata simplemente del cargo en el que dicha enseñanza y ejercicio de autoridad tienen lugar. Esto significa que, en otros contextos en los que haya enseñanza de las Escrituras o ejercicio de liderazgo espiritual, tales tareas deben ser realizadas por hombres calificados. El hecho de impedir el acceso a las mujeres al cargo pastoral como la única limitación para una participación apropiada en la iglesia refleja, por lo tanto, una visión simplista y reduccionista del diseño de Dios para la participación de las mujeres en la iglesia. Lo que está en discusión aquí es la enseñanza y autoridad que implican los roles de liderazgo. 

La enseñanza bíblica sobre el diseño de Dios para el hombre y la mujer tiene implicaciones profundas para la vida y el ministerio. Implícita en esas identidades (hombre y mujer, niño y niña) y los roles que Dios le dio a la humanidad (marido y mujer, padre y madre, hijo e hija) está la expresión de nuestra masculinidad o feminidad tal como las vivimos en nuestras comunidades e iglesias para la gloria de Dios. La forma en la que vivimos nuestra identidad masculina o femenina y cómo nos relacionamos con otros como hombres y mujeres es polifacética y no se puede reducir a una única prohibición de que las mujeres ocupen un cargo en particular en una iglesia. El mandato creacional completo para el hombre y la mujer, y sus implicaciones para la identidad masculina y femenina y sus roles, debe ser algo sobre lo que se llame la atención desde el púlpito y debe ser visto en nuestras iglesias como algo hermoso, digno y deseable. La instrucción doctrinal en esos asuntos y el mentoreo sobre los roles masculino y femenino deberían ser una parte esencial del discipulado y vida de adoración. Dejar abiertos de manera inapropiada todos los roles de liderazgo en la iglesia a la participación femenina (a excepción del cargo de pastor / anciano) sin evaluar otros roles de liderazgo potenciales para determinar su idoneidad no es demasiado responsable, ya que no aborda enteramente la teología de la masculinidad y feminidad en las Escrituras. En cuanto a las mujeres, tal reduccionismo ignora el plan glorioso de Dios para ellas tanto en la maternidad como en acompañar a sus esposos a servir a sus familias, como así también ignora la extensión del ministerio de mentorear y enseñar a las mujeres en el contexto más amplio de la familia de la iglesia. 

Mito n.º 5: El complementarismo puede y debe ser culturalmente compatible

A veces se afirma que el complementarismo se defiende desde el tradicionalismo o el conservadurismo en lo que respecta a las identidades y los roles de hombres y mujeres. Se piensa que los complementaristas sostienen la tradición y el statu quo en lugar de remitirse a sus creencias sobre bases bíblicas. Son personas que no colaboran frente a la marcha irresistible hacia la iluminación ni frente al progreso inexorable hacia la igualdad de género a nivel mundial. Defienden una visión arcaica del dominio masculino y del patriarcado, así como la inferioridad y sumisión femeninas. Si bien es indudablemente cierto que algunos apoyan la enseñanza complementaria debido al tradicionalismo subyacente o al conservadurismo, el complementarismo bíblico en toda su gloria y verdad se basa verdadera y profundamente en el diseño de Dios como se expresa en la enseñanza de las Escrituras con respecto a las identidades y roles masculinos y femeninos. 

La caracterización errónea del complementarismo como algo meramente tradicional puede llevar a que algunos complementaristas se acobarden y sobrecorrijan, o incluso intenten reparar una historia del pasado sobre sexismo en la cultura más amplia. Deseosos de mostrar que el complementarismo es culturalmente inofensivo, incluso relevante, pueden tratar de adaptar su enseñanza y práctica a la cultura hasta el punto de que sean casi imposibles de distinguir del igualitarismo. Los complementaristas pueden ubicar a mujeres menos militantes en el liderazgo para evitar el tipo de liderazgo femenino agresivo, o quizás más ofensivo y feminista. Sin embargo, descuidar la teología y la práctica adecuadas en esta o en cualquier otra área implica truncar los vínculos vitales de la creación de Dios y el evangelio. En algunos casos, esto se logra al compartimentar la verdad bíblica en varios niveles o capas, lo que inevitablemente reducirá la eficacia de la iglesia y corromperá de forma gradual el avance de la misión de Dios en el mundo. 

Resulta obvio –y lo decimos con dolor– que el complementarismo, como reflejo de la verdadera enseñanza bíblica, es profundamente contracultural, si no culturalmente inaceptable. Por esta razón, el esfuerzo de algunos complementaristas para adaptar sus enseñanzas y prácticas a la cultura amenaza con hacer que la iglesia en este sentido prácticamente no se distinga del mundo y la lleve a abandonar su llamado de ser la “sal” y la “luz” del mundo. Si seguimos ese ejemplo y negamos la realidad de esta creación, inevitablemente nos convertiremos en cómplices de socavar la autoridad de la Palabra de Dios y de Aquel que nos la dio. Quienes deseen ser fieles a la enseñanza bíblica en esta área pueden, con audacia y belleza, mantener en alto la bandera y vivir fielmente lo que ello implica, abrazando sin arrepentirse la responsabilidad y la alegría de vivir y enseñarles a otros el diseño de Dios para el hombre y la mujer en todas sus partes, junto con cualquier otro tema de las Escrituras. 

Notas: 

https://cbmw.org/about/statement-on-abuse 


 

Andreas J. Köstenberger, Margaret Elizabeth Köstenberger 

Este matrimonio de eruditos bíblicos establece una teología bíblica robusta sobre el género, al examinar textos clave, emplear principios hermenéuticos sólidos y considerar influencias históricas importantes relacionadas con la enseñanza bíblica sobre la masculinidad y feminidad.