5 Mitos sobre el seminario

Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés por Crossway.
A continuación 5 Mitos sobre el seminario:

Mito # 1: El seminario es cementerio

Es un cliché trillado que he escuchado muchas veces, generalmente por aquellos que no ven los méritos de una buena educación en el seminario, pero a veces por ministros que piensan que la búsqueda de educación teológica significa la muerte de la vida devocional: “Ir al seminario es como ir al cementerio, saldrás de la escuela espiritualmente muerto”. Lamentablemente el panorama de la educación teológica está manchado de ejemplos de seminarios y escuelas de divinidad que enseñan cosas que harían naufragar la confianza de un joven ministro en la Palabra de Dios. Sin embargo, la presencia de lo falso prueba la existencia de lo verdadero.

Pero, realmente, ¿cómo el poder analizar los sustantivos griegos, aprender sobre el Concilio de Nicea o adquirir una comprensión más profunda de la unión hipostática pueden hacerme un mejor cristiano? Aprendí muy temprano que quizás la mejor pregunta es ¿cómo puede no ser así?

Durante mis primeros días de seminario, uno de mis profesores de griego me desafió a no separar mi vida devocional de mis estudios académicos. Deberíamos hacerlos uno. Nunca jamás debemos acercarnos a las cosas de Dios, ya sea traducir Gálatas del griego al inglés o escribir un artículo sobre el Primer Gran Despertar, con nada menos que la devoción más elevada. De la misma manera que un ministro debe hacer que la preparación de un sermón sea una parte clave de su santificación, los estudios de seminario deben abordarse con un corazón candente hacia el Señor de Gálatas o el Primer Gran Despertar. Nunca jamás debe convertirse en un ejercicio académico frio.

Mito # 2: El seminario me convertirá en un pastor

Quizás uno de los mitos más importantes que un estudiante debe eliminar rápidamente es la idea de que el conocimiento teológico es sinónimo de madurez, paciencia y piedad que Dios usa para formar a un pastor. El aprendizaje teológico es ciertamente una parte fundamental para formarlo, pero de la misma manera que el entrenamiento básico no hace soldados, el seminario no hace pastores. Los soldados se convierten en guerreros valientes, fuertes y competentes en el campo de batalla y los pastores se hacen en las trincheras del ministerio de la iglesia local.

Pero sería inconcebible que un soldado fuera a la guerra sin entrenamiento. De la misma manera, estar inmerso en los fundamentos de la fe cristiana, que incluye la Biblia, la teología y las disciplinas relacionadas, es fundamental para convertirse en fiel y maduro quien empuña la Espada del Espíritu y quien pastorea un rebaño de ovejas. Tanto la ortodoxia como la ortopraxis son dos partes de un todo que forman un hombre de Dios.

Además, un seminario sin experiencia práctica en el ministerio podría llevar a un ministro a construir una iglesia ficticia en su mente, algo imaginario tanto teológico como ministerial. Y cuando ingresa a su primera posición en la iglesia, armado con expectativas poco realistas, puede sentirse tentado a retirarse cuando las balas vuelan, las heridas dejan cicatrices y la batalla se alarga e intensifica. Pronto aprenderá que el ministerio pastoral no es para los débiles de corazón.

Mito # 3: El seminario no se enfoca en temas prácticos de la vida real

El teólogo puritano William Ames (1576-1633) escribió que la teología es el arte de vivir bien. No hay algo más práctico que estudiar la doctrina de Dios, la doctrina del hombre, la expiación, la exégesis de las Escrituras y cómo la iglesia ha llevado a cabo sus actividades a lo largo de los siglos. Lo que hacemos va de acuerdo con nuestro conocimiento. En otras palabras, hacemos lo que sabemos. Si creemos que el hombre tiene fallas, pero es básicamente bueno, entonces alinearemos nuestras vidas diarias de acuerdo con esto. Pero si el hombre es depravado y necesita una gracia particular para la transformación, entonces nuestras vidas se vivirán en dependencia del Dios de toda gracia. Enseñaremos a otros a vivir de manera consistente con cualquiera de las dos creencias.

Construir una cosmovisión cristiana sólida es el primer paso para vivir bien y enseñar a otros cómo hacer lo mismo. Sumergiéndonos en las cosas de Dios, como Pablo ordenó a su joven estudiante en 1 Timoteo 4:15, nos transformará de manera profunda. Pablo vincula la información con la transformación:

“Reflexiona sobre estas cosas; dedícate a ellas, para que tu aprovechamiento sea evidente a todos. Ten cuidado de ti mismo y de la enseñanza; persevera en estas cosas, porque haciéndolo asegurarás la salvación tanto para ti mismo como para los que te escuchan” (1 Tim. 4:15-16).

Mito # 4: El seminario me enseñará todo lo que necesito saber sobre el ministerio

El hombre que eventualmente se convertiría en mi supervisor doctoral, Tom Nettles, me enseñó tres palabras profundamente valiosas para el ministerio durante mi primera semana como estudiante de seminario: “No lo sé”.

Esas palabras surgieron en respuesta a una de las preguntas de uno de mis compañeros de master en divinidades sobre la historia bautista, un tema en el que el Dr. Nettles ha escrito miles de páginas y al que ha dedicado más de cuatro décadas de estudio y enseñanza cuidadosa.

En ese momento, me di cuenta de dos cosas: (1) He recibido un maravilloso privilegio de estar aquí aprendiendo sobre las cosas de Dios impartidas por hombres humildes, y (2) cuando salga del seminario, y después de haber estudiado teología, Biblia, historia de la iglesia y todo lo demás durante décadas, ni siquiera sabré una pequeña fracción del uno por ciento de todo lo que hay que saber. En otras palabras, siempre seré un estudiante. El seminario me está preparando para aprovechar mi habilidad de aprendizaje durante toda mi vida.

Ese es quizás el rol sobre los demás roles que el seminario está destinado a desempeñar: enseña a un pastor, un profesor, un misionero, un evangelista o un consejero cómo enseñarse a sí mismo. El seminario no puede, de ninguna manera, enseñarle a un ministro todo lo que necesita saber, pero pone herramientas fuertes en su haber para prepararlo a una vida de aprendizaje en la escuela del Señor. Los mejores profesores te enseñarán y te inspirarán a cavar en busca del tesoro que usarás para hacer que otros sean ricos por toda la eternidad.

Mito # 5: El seminario es un lujo, pero no es necesario

A menudo me recuerdan que C.H. Spurgeon no fue al seminario, y sabemos cuán poderosamente Dios lo usa incluso hasta ahora, más de un siglo después de su muerte. Pero no muchos de nosotros tenemos un talento único como el gran príncipe de los predicadores. No muchos de nosotros estábamos leyendo obras puritanas a la edad de doce años en el estudio de nuestro abuelo. No muchos de nosotros somos un Spurgeon. Alguien una vez me señaló que Jesús no fue al seminario. Ninguno de nosotros es el Dios-hombre perfecto. Para el resto de nosotros, encontrar un seminario sólido y bíblicamente fiel es una necesidad, si es posible.

Por supuesto, la advertencia bíblica es que todos los que están llamados a estudiar en el ministerio se muestren aprobados, obreros que no tienen por qué avergonzarse, que maneja con precisión la Palabra de verdad (2 Tim. 2:15). Pero el mejor lugar para hacerlo es en un lugar donde muchas mentes cristianas piadosas, fieles y competentes están reunidas y dotadas para enseñar a los hombres cómo dirigir una iglesia local con fidelidad.

A veces (aunque no a menudo), ese lugar es una iglesia local llena de ministros piadosos que pueden enseñar una amplia variedad de temas necesarios en el contexto del ministerio vocacional. A menudo, ese lugar es un seminario que se compromete a enseñar la Palabra inspirada, infalible y autoritaria de Dios. Tuve el privilegio de estudiar en uno de esos lugares, y me estremecí al pensar cómo sería mi vida y mi ministerio sin esos años de estudio cercano y cuidadoso con hombres capaces y piadosos. Recomiendo a cada hombre a quien Dios llama a orar por la oportunidad de hacer lo mismo.