5 mitos sobre la amistad

Nota editorial: Esta artículo pertenece a una serie de 21 artículos relacionados con los mitos acerca de los temas más relevantes de la teología y la vida cristiana. Puedes leerla en este enlace. Esta serie fue publicada originalmente en inglés por Crossway.
A continuación 5 mitos sobre la amistad.

Mito #1: La Amistad solo sucede

Solía pensar que la amistad no implicaba esfuerzo ni habilidad. A veces, una amistad funciona; a veces, no. Algunas personas tienen buenas amistades; algunos, no. Así es como son las cosas, ¿verdad?  

Pero he aprendido que la amistad —la verdadera amistad— implica intencionalidad e incluso, habilidad. Cultivar amistades es como cultivar la tierra: se requiere de sabiduría en las relaciones y se necesita trabajar mucho. Sin un esfuerzo sabio, nuestras relaciones se parecerán a un jardín descuidado: destruido, enmarañado y cubierto de malezas relacionales.  

Las amistades no suceden, solamente. Y esa es una buena noticia, porque significa que amistades más profundas están al alcance. Cada uno de nosotros podemos esforzarnos más y desarrollar la habilidad. Y esto comienza con el primer paso de decidir que ya no tendremos una actitud pasiva al cultivar una amistad.  

Mito #2: Estás demasiado ocupado como para tener amistades

Muchos de nosotros estamos ocupados. Entre la escuela, el trabajo, las prioridades personales y familiares, a menudo nos sentimos demasiado  saturados como para tener amistades profundas. Algunos de nosotros nos preguntamos cómo podemos encontrar tiempo para las amistades cuando luchamos por hacernos tiempo para dormir 

Pero la realidad es que nos hacemos el tiempo para lo que valoramos. Si colocamos a los amigos en nuestras prioridades, vamos a ver que tendremos espacio para ellos en nuestras agendas. Y con mucha frecuencia, poner a los amigos en nuestras vidas no implicará crear nuevas franjas horarias, sino que los vas a incluir en el ritmo ordinario de la vida. Valoras la comida lo suficiente como para hacerte el tiempo para comer; ¿por qué no compartir alguna comida con uno o dos amigos cada semana? Vas a ver el partido o al gimnasio o al parque; ¿por qué no invitar a alguien más a que te acompañe 

Mito #3: La Amistad es un lujo social

La amistad es algo bueno, por supuesto, pero no la necesitamos, ¿verdad? ¿No es la amistad algo así como un lujo social más que una necesidad? Charles Spurgeon no estaría de acuerdo: 

La amistad parece ser un elemento tan necesario para una existencia reconfortante en este mundo como lo es el fuego o el agua, o incluso el aire mismo. Un hombre puede arrastrar una existencia miserable con una orgullosa dignidad solitaria, pero su vida limitada no es más que una simple existencia.” (1) 

Está en lo cierto. Necesitamos las amistades del mismo modo que necesitamos el aire. Esto es así porque fuimos hechos conforme a la imagen del Dios triuno: Padre, Hijo y Espíritu Santo, que existe eternamente en un compañerismo de amor. Necesitamos entablar relaciones profundas porque fuimos hechos para ellas. Y nos damos cuenta de cuánto las necesitamos al ver los que nos sucede cuando ya no las tenemos. Muchos estudios demostraron que la vida sin amigos no es solamente deprimente, sino que también es peligrosa. Comenzamos a desestabilizarnos emocional, psicológica e incluso, físicamente. Según Proverbios, la falta de amigos es el camino a la necedad: “El que vive aislado busca su propio deseo, contra todo consejo se encoleriza”. (Prov. 18:1). 

Usar cuero es un lujo, la amistad no lo es. Es como el aceite al motor. Sin ella, finalmente nos vamos a desmoronar 

Mito #4: La Amistad no conlleva responsabilidades

Podríamos pensar que la belleza de la amistad es que podemos entrar o salir de una relación de este tipo a voluntad. Es diferente de la relación que tenemos con nuestros padres, hermanos o cónyuge, ¿verdad? ¿No es la bello de la amistad que se puede escoger libremente y continuar con ella sólo si uno lo desea? 

Es cierto que podemos iniciar una amistad libremente. Y también es cierto que terminar una amistad no es romper un pacto. Pero no es cierto que no existe un compromiso real en las amistades 

Podemos ver que es así cuando contrastamos dos clases de amistad: la amistad de consumo y la amistad de pacto. Aunque no necesitamos hacer un pacto mutuo, los amigos verdaderos comparten un compromiso parecido al de un pacto.  

Los amigos de consumo te tratan como a un nuevo dispositivo digital: al principio le resultas atractivo, útil y placentero; pero cuando aparece algo mejor, te cambian por una nueva versión. En contraste, la amistad de pacto es un vínculo que se sostiene. Los amigos de pacto no se usan mutuamente, sino que se disfrutan el uno al otro profundamente. 

Los amigos de pacto se apegan el uno al otro incluso en tiempos de sufrimiento, de compartir y de llevar cargas que son demasiado pesadas para llevarlas a solas 

Mito #5: No debemos llamar a Jesús nuestro amigo

Es probable que hayas oído la opinión de que Jesús no es nuestro amigo, ya que Él es nuestro Rey. Pero esta es una dicotomía falsa. Jesús es el Rey verdadero pero también, el amigo más verdadero que existe 

La noche en que fue arrestado, Jesús les enseñó a sus discípulos cómo entender el significado de su muerte, la cual estaba por suceder. Y también deseaba que la consideraran en función de su amistad: “Nadie tiene un amor mayor que éste: que uno dé su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos” (Juan 15:13–14). 

La Gloria de Jesús ciertamente se revela por medio de su autoridad real. Pero pensar en Jesús como nuestro amigo no disminuye esta gloria. Todo lo contrario: que este gran Rey se inclinara para hacerse nuestro amigo es pura gracia, y la gracia es la cúspide de la gloria de Dios.  

No tenemos que escoger entre el señorío y la amistad de Jesús. De hecho, escoger una de las dos es el camino seguro a menoscabar Su gloria. Lo reverenciamos y alabamos adecuadamente cuando lo vemos como nuestro Rey cósmico y nuestro amigo más cercano.  

Notas:
1. Charles Spurgeon, Sermones del Rev. C. H. Spurgeon de Londres, vol. 3 (New York: Robert Carter & Brothers, 1883), 11.