7 Consejos para líderes de alabanza: La selección de la música

En esta serie estamos abordando algunos consejos básicos para el manejo efectivo del ministerio musical.

Si aún no has tenido la oportunidad de leer las dos primeras entregas te invitamos a que lo hagas aquí y así podrás entender el contexto en el que estamos desarrollando esta serie.

La selección de la música

Una vez tengamos el criterio bíblico y las fuentes correctas para elegir lo que vamos a cantar, es importante que hablemos, entonces, sobre cómo lo vamos a cantar, y a eso le llamaremos “arreglo musical”.

Cuando podemos combinar buenas letras con un excelente criterio musical en su acompañamiento, contamos con un carril que nos llevará a una dimensión más allá de la literatura. Al poner sonidos y fundir las palabras con melodías creativas acompañadas de acordes y ritmos, esas letras tomarán otra forma y dará nuevos sabores y colores a las distintas áreas de nuestro ser, cumpliendo así su verdadera función, a saber, la de animarnos a cantar con más fervor. Aunque estoy convencido que nuestro llamado a cantar no depende de si tenemos o no instrumentos, o si tenemos una buena banda cada semana en nuestras iglesias, pero si el Señor en su soberanía nos ha regalado los medios y recursos para que cantemos con acompañamiento, disfrutémoslos y glorifiquemos al Señor con ellos.

El canto es parte vital de la vida del creyente, independientemente de que creas que lo hagas bien o no.

Alfred Küen, en su libro “La Música en la Biblia y la Iglesia” nos deja la siguiente serie de preguntas para introducirnos el uso del canto o melodías en nuestras letras:

¿Por qué cantamos en la Iglesia?¿Por costumbre? ¿Por obligación? ¿Para respetar la tradición o para rellenar los tiempos muertos? En estos casos ¿No sería mejor dejar ese tiempo para el estudio de la Palabra de Dios?. Si estamos de acuerdo en que las letras de los cánticos contienen un mensaje válido, podríamos leerlas juntos, ya que sería más rápido y nos permitiría, quizás, concentrarnos más en el significado”

Son preguntas que nos llevan pensar en el por qué de esta práctica  y el mismo autor agrega:

La experiencia nos enseña que el canto involucra todo nuestro ser en la alabanza: espíritu, alma y cuerpo. Es el medio por excelencia para desconectarnos tanto de nuestro propio mundo (nuestros pensamientos y nuestras preocupaciones) como del mundo exterior para concéntranos en Dios.  Con los verdaderos cánticos de alabanza nos hacen dirigir nuestra atención sólo a Dios – a condición de que pongamos en ello todo nuestra mente y corazón.”

Los creyentes tenemos una conexión muy cercana con la música, pues cantamos en las reuniones de la iglesia, en nuestras casas, en el carro, en el trabajo, en fin, en todo tiempo (por lo menos así debe ser) y esas canciones que cantamos responden a arreglos musicales pensados por alguien previamente – a menos que seas como mi abuela, que abría el himnario y comenzaba a cantar cualquier himno con la melodía que le llegase a la mente al instante y podía cantar el mismo himno con diez melodías diferente cada vez – sinceramente espero que no seas así.  Pero, lo cierto es que desde que ponemos melodías a las letras, ya estamos musicalizando un texto y esa melodía generará acordes, y ambos generarán ritmos; y este es el punto de partida para el arreglo musical.

Los salmos tenían arreglos musicales

Este es un factor dejado a un lado por muchos, pero los salmos son canciones que respondían a patrones y arreglos musicales con todas sus demandas técnicas y muchos de ellos así lo revalidan.

Hemos de notar ciertos términos que se emplean en los títulos de los muchos salmos y que fueron agregados por los judíos para facilitar el uso de los salmos durante el culto en el templo. Estos consisten, mayormente, de notas musicales, lo que es natural, dado el empleo de los salmos en el canto religioso del templo. Entre estas expresiones musicales hay algunas que se refieren al acompañamiento instrumental, otras que se relacionan con la forma, las voces, las tonadas, etc.[1]

Esto es una clara evidencia de que los autores tenían criterio musical para expresar a Dios de manera artística el contenido de sus palabras. Para una mejor comprensión sobre lo que me refiero aquí, mencionaré tan solo tres de estas instrucciones musicales:

Neginoth. Esta expresión se emplea 6 veces, como en el título del Salmo 6, y significa “instrumentos de cuerda”. Se refiere al hecho de que el salmo había de ser cantado con el acompañamiento de instrumentos de cuerda.

Nehiloth. Véase el título del Salmo 5. Esto quiere decir instrumentos de viento.

Sheminith. Véanse los títulos de los Salmos 6 y 12. Esto significa octavo, o sea, la octava baja, probablemente referente a algún instrumento de bajo tono, como el violoncelo, o el contrabajo.[2]

Dedicarnos a hacer música para la iglesia es una tarea que demanda y exige tiempo, estudio, creatividad y esfuerzo, y estoy plenamente convencido que Dios nos ha dado reglas claras en Su Palabra sobre lo que debemos de cantar y cómo debemos hacerlo, siempre observando los principios regulativos y normativos de la Palabra de Dios.[3]

Ya sea que hagamos nuestros arreglos, adaptemos la música a nuestro contexto o simplemente la hagamos tal cual está interpretada por un disco;  nuestros arreglos van a responder a la conjugación de diversos elementos, tales como:

  • Nuestro contexto cultural eclesiástico.
  • Nuestro gusto estético y musical.
  • Los instrumentos musicales que estén disponibles en nuestro contexto.
  • Un manejo de cultura general básico, independientemente de nuestra fe.
  • La exposición a ambientes diferentes al nuestro que nos amplíen en la perspectiva y en el desarrollo de nuestros sentidos y nuestras habilidades cognitivas[4].
  • Nuestro estudio musical formal o informal.

Por tal razón, más que decir “el mejor arreglo musical lo tiene tal o cual ministerio” o “debe hacerse de tal o cual forma”, debemos responder a la adaptación del formato que más se ajuste a nuestro contexto y lograr adornar y embellecer la alabanza que cantamos a Dios, en vez de seguir la influencia comercial de hacer música. Sin embargo, para lograr esto debemos dejar a un lado nuestros prejuicios, nuestra cosmovisión influenciada por la cultura consumista sobre la forma de hacer música y asumir con responsabilidad lo que Dios nos ha puesto en las manos como recursos musicales en la iglesia; para así, con esmero y dedicación, desarrollarlos para la Gloria de Su nombre y la edificación del cuerpo de Cristo.

Es lamentable, pero, frecuentemente nos enredamos en discusiones triviales, queriendo, más que nada, justificar y defender nuestros gustos musicales, en vez de asumir con responsabilidad nuestras realidades contextuales y nuestro deber como servidores de poner a funcionar nuestros ministerios con altura, excelencia y criterio, independientemente de los instrumentos o la educación musical que poseamos; acción que habla más de nuestro orgullo, ego y frustraciones que de nuestra fidelidad a Dios con lo que tenemos en nuestras manos para servirle.

El mejor arreglo musical no es el que está plasmado en un disco y cantado por multitudes en grandes conciertos, sino el que sale con los instrumentos musicales y elementos que tengo en mi iglesia y que funciona para adornar y animar a mi congregación a cantar a Dios en cada reunión.  El mejor arreglo no es el que tiene grandes y finos detalles musicales, sino el que se hace con humildad, excelencia y fidelidad con los recursos que Dios nos ha dotado en nuestros contextos.

El acompañamiento musical es importante y pido al Señor que nos ayude a potencializar los recursos musicales y a sacar lo mejor de ellos en nuestro contexto para Su Gloria, amén.

Nos vemos en la próxima entrega de esta serie.


[1]Gillis, C. (1991). El Antiguo Testamento: Un Comentario Sobre Su Historia y Literatura, Tomos I-V(Vol. 5, pp. 284–285). El Paso, TX: Casa Bautista De Publicaciones.

[2]Gillis, C. (1991). El Antiguo Testamento: Un Comentario Sobre Su Historia y Literatura, Tomos I-V(Vol. 5, p. 285). El Paso, TX: Casa Bautista De Publicaciones.

[3]El Principio Regulador prohíbe cualquier cosa no ordenada por la Escritura, mientras que el Principio Normativo permite cualquier cosa que no esté prohibida por la Escritura)Dever, M., & Alexander, P. (2009). La Iglesia Deliberante: Una Iglesia Organizada, Dirigida y Sirviendo de Acuerdo a la Palabra(p. 48). Publicaciones Faro de Gracia

[4]Las habilidades cognitivas son un conjunto de operaciones mentales cuyo objetivo es que el alumno integre la información adquirida básicamente a través de los sentidos, en una estructura de conocimiento que tenga sentido para él

El texto como que le falta un sujeto para darle sentido, es muy difícil de agarrar la idea. Pero, como estas citando un texto de otro material, no quise hacer ningún cambio.