Amo a una iglesia que ora. Amo ser parte de una iglesia que ora. Todos los miércoles en la noche nos reunimos —muchas veces a casa llena— para traer todas nuestras peticiones y nuestra adoración delante del Señor. La gran mayoría de las veces es un momento hermoso de búsqueda del Señor juntos. Regularmente dirijo nuestras reuniones de oración, y a través del tiempo he aprendido algunas cosas. Aquí te comparto algunas maneras en las que puedes arruinar una reunión de oración.  

Llega sin preparación

Las mejores reuniones de oración son aquellas que han sido planeadas. En ocasiones esa preparación conlleva hacer una lista de las peticiones por las cuales se orará durante la reunión. Otras veces esa preparación consiste en un breve devocional o algún otro medio para llevar a las personas a meditar en el Señor antes de comenzar a orar. Algunas veces esa preparación simplemente será orar —orar por la reunión de oración. Cualquiera que sea la preparación, he aprendido que las mejores reuniones de oración, son aquellas en las que el líder se ha preparado de antemano y así es capaz de proveer dirección.  

Domina

 Algunas veces el líder le teme al silencio durante la reunión de oración, así que inmediatamente llena esos momentos de silencio con otra de sus oraciones. O puede que esté tan seguro de su habilidad para orar que cuando comienza, él sigue y sigue orando sin parar. Pero hay personas que son edificadas en el silencio, que lo necesitan para su propia oración privada, o que necesitan varios minutos para tomar el valor de abrir sus bocas y orar en voz alta. . Dirige la reunión, pero no la domines. Aprende a acoger el silencio. Ese silencio no es un desperdicio.  

Solo Peticiones

 Sin un esfuerzo deliberado de expresar gratitud —de considerar todo el bien con que Dios nos ha bendecido y agradecerle por esto— una reunión de oración siempre estará dominada por peticiones. Por supuesto Dios quiere que le traigamos nuestras peticiones. ¡Él lo ha ordenado! Pero cuando damos igual énfasis tanto en dar gracias por las oraciones contestadas como en hacer peticiones, establecemos una atmósfera de expectativa de que Dios escuchará nuestras peticiones y responderá a ellas.  

Ignora tus “Muletillas”

Algunas personas usan muletillas al orar, aquella rareza de la que nadie se ha atrevido a hablarles. He escuchado a personas usar la frase, “Señor mi Dios” cien veces en una oración de tres minutos, sin la más mínima idea de que lo han hecho. La realidad es que si tú no estás consciente de tus muletillas, el resto de las personas sí lo están; tú puedes estar completamente desapercibido de tus muletillas, pero estas peculiaridades son distracciones para los demás. Entonces, como líder de la reunión, sé intencional en preguntarle a alguien si estás haciendo algo que deberías dejar de hacer.  

Olvida Orar

 Todos hemos participado en esas reuniones de oración que son 90% peticiones de oración y 10% oración efectiva, o 20 minutos de enseñanza, 20 minutos de peticiones y 5 minutos de oración. Con mucha frecuencia las reuniones de oración son dominadas no por la oración, sino por el “hablar de la oración”. Dirige la reunión de tal manera que se ore, y que se llegue rápidamente a la oración. Una preparación adecuada nos ayudará a alcanzar nuestro objetivo de orar.  

Haz siempre lo Mismo

Mientras que la rutina nos da seguridad, también existe gozo en uno que otro cambio. Después de meses o años de hacer lo mismo y de la misma manera, incluso las mejores actividades pueden llegar a ser aburridas. Intenta variar un poco la reunión —dividanse en pequeños grupos, o entre hombres y mujeres, permite que otra persona dirija— o cualquier otro cambio. A veces hacer cambios deliberados pueden resultar en bendiciones inesperadas. 

Sé aburrido 

Algunas veces las reuniones de oración son monótonas porque la persona que dirige la reunión da la impresión de que desea estar en otro lugar —cualquier otro lugar— que no sea la reunión. Nadie va a creer más en la reunión de oración que el líder. Si tú no te muestras interesado, es muy probable que nadie más lo esté. Si no crees en la reunión de oración o no estás interesado en ella, ora por la reunión hasta que lo estés. Y entonces, dirige la reunión con gusto y alegría.