Atesora a Dios en tu soltería 

A veces me da tristeza ver cómo nuestra cultura puede llegar a paralizar nuestra vida.  Me refiero a la espera del matrimonio.  

Es muy común en nuestras sociedades latinas, que las mujeres vivamos esperando una boda a veces sin siquiera tener un pretendiente. Detenemos todo porque se nos ha sembrado en lo más profundo de nuestro subconsciente que la vida empieza hasta que nos casamos. 

Cuando me case tendré un carro, cuando me case compraré una casa y la decoraré de tal manera, cuando me case viajaré por el mundo, cuando me case serviré al Señor con mi esposo, cuando me case seré feliz”.  

Desde niñas se nos ha inculcado a través de los cuentos de hadas la idea de que cuando la chica está soltera sufre muchas penalidades, pero luego es rescatada por un príncipe azul, se casa con él, se acaban sus problemas y vive feliz para siempre. Y de manera inconsciente nos encontramos desdichadas y aplazando nuestra vida hasta que nos casemos, y muchas veces la idea de un matrimonio que no llega pronto nos causa amargura de espíritu. 

Existen 2 puntos de partida para vivir soltera, casada o viuda para la gloria de Dios: 

Obedecer el primer mandamiento 

No tendrás otros dioses delante de mí” (Éx. 20:3). Dios, debe ser la razón de nuestra vida, nuestro anhelo y nuestro deleite primario. Si hay algo que deseemos tanto que nos quite el gozo de la salvación o que ocupe nuestros pensamientos más que la meditación en Dios y en Su Palabra, esto se ha convertido en un dios que está sobre o delante del único Dios verdadero.  

Es fácil quebrantar este mandamiento más de lo que nos imaginamos y te daré unos ejemplos: Quiero casarme y en la iglesia no hay prospectos, entonces le diré que sí al chico inconverso que me pretende”, Ya no tengo edad para seguir buscando un esposo, pero aunque sea un hijo voy a tener”, Estoy teniendo problemas en mi matrimonio pero un hijo nos dará estabilidad”, “Si mi esposo aun estuviera aquí, yo no estaría pasando por esto”. 

Y puedo seguir citando muchas situaciones donde a veces sin darnos cuenta dejamos a Dios fuera de la ecuación y hacemos de estados, personas o cosas nuestra meta, deleite o esperanza. Sea cual sea nuestro anhelo no debe ir antes de nuestra obediencia a Dios y el deseo de honrarle en cada cosa que hagamos. 

Encontrar contentamiento en Dios  

Sea vuestro carácter sin avaricia, contentos con lo que tenéis, porque Él mismo ha dicho: Nunca te dejare ni te desamparare(Heb. 13:5). Tener contentamiento bíblico es estar contentas a pesar de las circunstancias, pues nuestro gozo no viene de las cosas tangibles, sino de Dios que no tiene sombra de variación, que cumple sus promesas y que nos ha dicho que no nos desamparará 

Es humano desear cosas e incluso a veces sentir tristeza de no tenerlas, pero como a un niño que sus padres no le dan todo cuanto pide en el momento que lo quiere, Dios nos da a cada una lo que necesitamos en el tiempo correcto 

En Filipenses 4:11 el apóstol Pablo desde la cárcel escribe “… he aprendido a contentarme cualquiera sea mi situación.” Atesorar a Dios en nuestras vidas es saber que Él está al tanto de nuestros anhelos y no se olvida de ellos, y, mientras Él trabaja en eso, tendremos paz, descanso y contentamiento esperando en Él. 

Haciendo memoria de mi vida, yo estoy segura de que Dios ha concedido cada anhelo de mi corazón aun y cuando yo ya lo había olvidado; pero no puedo decir que lo ha hecho en el momento que yo quise y como yo quería. Ha sido en Su tiempo, a Su manera y definitivamente ha sido mejor de lo que yo imaginaba.  

Refugiémonos en nuestro Dios de amor del cual habló Jesús en Mateo 7:11, recordándonos que Él es el Padre bueno que nos ama y quiere darnos a cada una lo que necesitamos. 

No aplaces tu vida hasta que te cases o tengas hijos, aprovecha el tiempo que Dios te está dando hoy, para amarlo sobre todas las cosas, honrarlo, servirle y contentarte en tu situación pues esa es Su voluntad para ti, y ya sabemos que la voluntad de Dios para nosotras es buena, pues Él no quiere el mal para sus hijos, es agradable, así que  podemos disfrutar de ella y es perfecta en cumplir el propósito de Dios para cada una de nosotras (Rom. 12:2). 

Cada etapa de la vida trae sus retos y problemas, y si no aprendemos a gozarnos y glorificar a Dios en nuestra actual situación, no vamos a poder hacerlo en el futuro cuando nos enfrentemos a situaciones que muchas veces ni nos imaginamos pasar como una hipoteca cuando tu esposo está desempleado, la enfermedad crónica de un hijo, dificultad para concebir hijos, malas relaciones con tu familia política y podría seguir numerando un sinfín de problemas que nos toca enfrentar a las mujeres casadas; así que el contentamiento que no viene de la confianza en Dios no dura mucho. 

Atesorar a Dios en la soltería es ir mas allá de mis deseos y confiar en la soberanía de un Dios amoroso cuyos planes para mí son de bien y no de mal, que conoce mis anhelos, mi futuro y en Él está mi esperanza (Jer. 29:11).