Cinco marcas de una verdadera amistad cristiana

Los verdaderos amigos son difícil de encontrar.

Están más cerca que la familia y a menudo te conocen mejor. Oran por cosas más grandes por ti de lo que tú mismo oras. Creen contigo cuando fe es débil. Buscan tiempo para estar contigo cuando la vida se desmorona y se alegran contigo cuando todo va bien. Aún más importante, los verdaderos amigos te recuerdan cada momento quién y qué es lo más importante.

La esencia de la amistad cristiana es el compañerismo forjado en el fuego de dos convicciones: 1) Solo Jesús satisface el alma y 2) sólo vale la pena vivir por su reino.

¿Enemigos disfrazados?

La Amistad Cristiana es un tesoro porque nos ayuda a sujetarnos a nuestro más grande Tesoro.

Jesús es nuestro pan de vida, nuestra agua viva, nuestra perla de gran precio, nuestra luz, nuestra resurrección, nuestra propia vida. El peligro más grande para nuestras almas es que dejemos de permanecer en él, de seguirlo y de encontrar nuestro gozo en él. Por tanto, el mejor regalo que un amigo puede darnos es el compromiso a luchar por nuestro gozo en Cristo y nuestra comunión con Él.

Por el contrario, la peor distorsión de la amistad ocurre cuando un amigo nos motiva, ya sea conscientemente o inconscientemente a poner nuestros afectos en otro lugar. Sin saberlo, el apóstol Pedro se comporta de esta manera en Mateo 16. Jesús le dice a sus discípulos que va morir y a resucitar (Mateo 16:21) y Pedro responde con un comentario que seguramente vendría de un amigo leal: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca” (Mateo 16:22).

Pareciera que fuera la forma más profunda, genuina y hermosa de amistad, pero las palabras de Pedro lo ponen entre Jesús y su obediencia al Padre. Su ignorancia lo convirtió, por un momento, de amigo a enemigo. “¡Quítate de delante de mí, Satanás! Me eres piedra de tropiezo” Lo que para Pedro fue útil Jesús lo llamó tropiezo. Lo que Pedro asumió que era una amistad piadosa, Jesús llamó oposición satánica.

Cinco marcas de la amistad cristiana

 Entonces, ¿cómo podemos evitar caer en el mismo error de Pedro en nuestras amistades? ¿Cómo podemos ser aquel amigo que preserva y fortalece la fe de los demás? He aquí cinco maneras distintas en que las verdaderas amistades cristianas refuerzan nuestro amor por Cristo a través de nuestro amor por los otros.

  1. Los verdaderos amigos aumentan nuestro gozo en Dios.

La compañía siempre aumenta el gozo. Mi película favorita es buena cuando la veo solo pero es mejor cuando la veo con un amigo. De algún modo, una buena comida es también mucho mejor cuando se comparte. De hecho, naturalmente le decimos a nuestros amigos ¡Debes ver esta película! ¡Debes venir a este restaurante conmigo!

Sin embargo, de todas las alegrías de la vida, ¡Dios es la más grande! Fuimos hechos para el- para disfrutarlo y centrar nuestros corazones y vidas en él, y cómo cualquier otro gozo, nuestro gozo en él será cumplido cuando lo compartamos con otras personas. Los amigos cristianos nos ayudan a disfrutar de Dios al disfrutarlo  de él con nosotros.

Es tentador distorsionar esta fórmula de usar a Dios como un medio para disfrutar más a las personas. Si solo le pedimos conyugues, amigos e hijos para disfrutar, eso muestra entonces que vemos a Dios para tener a alguien más cuando deberíamos estar haciendo lo opuesto: buscar más de Él en otras personas. Irónicamente, disfrutaremos más a nuestros amigos entre más disfrutemos a Dios en nuestras amistades.

  1. Los verdaderos amigos exponen nuestro pecado que nos aleja de Dios.

Fieles son las heridas del amigo, Pero engañosos son los besos del enemigo

Proverbios 27:6

El pecado nos engaña, entenebrece nuestro entendimiento y nos hace tan necios que creemos que estamos obedeciendo a Dios cuando en realidad estamos pecando (piensa en los Fariseos). Es por esto que necesitamos amigos desesperadamente.

Necesitamos amigos que nos muestren amorosamente nuestro pecado, amigos que nos ayuden a ver nuestros pintos ciegos, amigos que nos hablen con honestidad radical (Mateo 18:15) y compasión tierna (Gálatas 6:1) diciéndonos la verdad sobre nosotros aunque no queramos escucharla (Efesios 4:15)

Esta es una función vital de la comunidad que pocas personas quieren. En cambio, quisiéramos tener amigos que siempre nos digan lo que queremos escuchar, que nos muestren la falsa gracia para excusarnos del pecado y la falsa esperanza de que podemos crecer cerca de Dios sin arrepentimiento. Sin embargo, el pecado es un veneno para el alma y un ladrón de nuestro gozo en Dios, y no podemos permitirnos arriesgar este tipo de amistad.

  1. Los verdaderos amigos nos motivan a obedecer a Dios

Y consideremos cómo estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras. (Hebreos 10:24 y Hebreos 3:13)

Si bien es cierto que necesitamos amigos que nos ayuden ver nuestra desobediencia, también los necesitamos para que nos motiven a la obediencia. Usualmente, la obediencia a Dios requiere más valor del que podemos conseguir estando solos. Sin el ánimo fiel de los amigos cristianos, fácilmente caeremos en una apatía, sin desobedecer intencionalmente pero con miedo para salir en fe.

El ánimo que nos han dicho que demos no son halagos o una inspiración superficial. Es dar valentía y fortaleza a otros ante la tarea intimidante que tienen por delante. Damos una visión más grande de porqué su obediencia importa para el reino de Dios y afirmamos que su obediencia glorifica a Dios y cuenta para la eternidad. En cualquier modo, el ánimo motiva a otros a perseverar en la carrera que Dios ha trazado para ellos.

  1. Los verdaderos amigos nos llevan a Dios en nuestra debilidad.

Y he aquí, unos hombres trajeron en una camilla a un hombre que estaba paralítico; y trataban de meterlo y ponerlo delante de Jesús[a]. 19 Y no hallando cómo introducirlo debido a la multitud, subieron a la azotea y lo bajaron con la camilla a través del techo[b], poniéndolo en medio, delante de Jesús.

Caminar por la vida en un mundo que se burla de Dios, con nuestra naturaleza pecaminosa y contra un diablo empeñado en el infierno es demasiado difícil para intentarlo solo. Al estar solos creemos fácilmente las mentiras de Satanás, nos doblamos bajo el peso de nuestro pecado, nos desanimamos, nos cansamos y como el paralitico, necesitamos de la ayuda de otros para que nos lleven a Dios.

Entonces, ¿cómo podemos llevar a otros a Dios? Escuchamos a una hermana confesar un pecado oculto y lavándola en la verdad de que Cristo la ha limpiado y hecho nueva. Podemos satisfacer las necesidades practicas de aquellos que sufren intensamente en el nombre de Cristo o simplemente podemos orar por nuestros amigos, pidiéndole a Dios que haga cosas más grandes en sus vidas de las que podríamos nosotros mismos.

  1. Los verdaderos amigos nos aman para la gloria de Dios.

Entonces, ya sea que comáis, que bebáis, o que hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. (1 Corintios 10:31)

La idea del mundo para la amistad intima es hacer mucho el uno con el otro: ¡No puedo vivir sin ti! Elogios y promesas de devoción rápidamente una falsa descarga de adrenalina de importancia. Ciertamente necesitamos motivar y afirmarnos mutuamente, pero los amigos cristianos deberían estar más enfocados en el peso y significado de Dios- no en el nuestro o en el de un amigo.

Como todo lo demás, el objetivo final de nuestras amistades debe ser Dios y su gloria. Ya que nuestros corazones son tan prontos a alejarse y a alabar otras cosas, necesitamos recordatorios constantes de su gloria y su valor en nuestras amistades.