Cinco razones para leer la Biblia mañana

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¿Por qué necesitamos razones para leer la biblia? En lugar de afirmar únicamente “debo leer mi Biblia” que, en sí, induce a veces a la culpa y pareciera ser una obligación, por qué no mejor preguntar el ¿por qué deberías leerla? 

¿Y por qué preguntamos sobre mañana (a diferencia de razonar la lectura en general)? porque mañana es concreto. Mientras escribo esto estoy volando de vuelta a los EE.UU. desde Indonesia, llegando al final de la tarde. Recogeré leche de camino a casa porque sé que quiero mi café con leche mañana por la mañana. 

¿Y por qué leer mi Biblia mientras bebo ese café? Pues el café no es opcional. Bueno, supongo que al final de cuentas el café es realmente opcional, pero ¿la lectura de la Biblia será opcional? ¿Qué me llevará a poner en pausa todo lo demás y a tomarme el tiempo para leer la Escritura y orar a través de sus palabras? 

La pregunta entonces surge, no a poner muchas reglas para mí, sino desde el interior de mí alma: ¿Por qué debería leer mi Biblia mañana por la mañana? 

Mi alma está hambrienta

Si tengo hambre, comeré (a menos que esté ayunando o enfermo). Así es como están formados nuestros cuerpos: necesitamos comida para vivir, y nuestros cuerpos nos lo dicen día a día. 

Nuestras almas también tienen hambre, porque los humanos estamos hechos para vivir de la Palabra de Dios. Dios habla de esto y nos dice: “No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios” (Deut8:3; Mt. 4:4). Vivimos mientras nos alimentamos en la fe de la palabra inspirada de Dios. En esa palabra encontramos a Jesús la Palabra viva, el pan de vida (Juan 6:35). 

 Pertúrbame, alma mía, con tus gruñidos. ¿Estoy inquieto o descontento? Estos pueden ser retorcijones de hambre. 

Yo digo que amo a Dios

He cantado: “Te amo, Señor” y “Jesús mío, te amo”. 

Enfrentémonos a nosotros mismos: ¿Podemos amar a Dios y no escucharlo de manera constante y atentamente en su Palabra? Dirigimos nuestra atención a los murmullos aparentemente interminables de las necesidades diarias, pero el final llegará, y en ese día cada uno escuchará Su voz. Oh, que Su voz venga a nosotros como una voz amada, una que conocemos, una que hemos seguido hasta Su presencia a través de su Hijo. 

Sé completa, mi alma dividida. El salmista me pedía que no separara su paralelismo poético: 

Bendito tú, oh Señor; enséñame tus estatutos” (Sal.119:12). 

El Dios del universo ha hablado

Esto es una maravilla. Olvidamos esta maravilla una y otra vez. Así como olvidamos la maravilla del Verbo hecho carne, al pasar la Navidad. Nos compelen las palabras de un líder político, o un artículo controversial que se ha vuelto viral – o una llamada de alguien a quien amamos y que vive lejos. Nos quedaremos despiertos o despertaremos para eso. 

Despierta, mi alma dormida. Despierta y tiembla ante la palabra de Dios. ¡Tiembla de miedo y tiembla de alegría! Con la misericordia de una nueva mañana, despierta. Escucha su voz cortando a través de: 

 Pero a éste miraré: al que es humilde y contrito de espíritu, y que tiembla ante mi palabra (Is66:2). 

Debo compartir lo que Él ha dicho

¿Cómo puedo proclamar esta palabra? Soy temeroso y pecador. Estoy ocupado, y con cosas buenas. El mundo es poco receptivo y poco amable. Llegaré a poder hacerlo con el tiempo. 

Cállate, alma egoísta mía que se nutre de miedo. Aliméntate de la palabra que nos hace sabios para la salvación por medio de la fe en Cristo Jesús. Depende del Espíritu, por quien Dios sopló estas palabras, para entenderlas y comunicarlas adecuadamente. Y mira al pueblo de Dios, el cuerpo de Cristo. 

¡Qué misericordia que no seamos llamados a leer y hablar la Palabra solos! Nuestro pan de cada día viene como parte de la alimentación del pueblo de Dios, reunido regularmente para adorar, aprender y orar – y luego para salir juntos, vivir y compartir las buenas nuevas. Cuán reconfortante es recibir la exhortación plural de Pablo a “que la palabra de Cristo habite en abundancia en vosotros, con toda sabiduría enseñándoos y amonestándonos unos a otros con salmos, himnos y canciones espirituales, cantando a Dios con acción de gracias en vuestros corazones” (Col3:16). 

Dios me ha dado trabajo por hacer

Estamos a solo unas semanas de un nuevo año y tal vez ya estamos frustrados por el trabajo que realizamos: un trabajo abrumador, insatisfactorio o difícil de cumplir. Si tan sólo pudiéramos recordar esto: no hay manera de que mis tareas cotidianas encuentren su lugar apropiado si no es por el llamado de Dios a través de Cristo, al cual debo constantemente prestar atención de acuerdo a la Palabra de Dios. 

La Biblia nos promete y nos equipa para buenas obras que no están separadas de nuestro trabajo diario; son el llamado gozoso que da forma a todo lo que hacemos. 

Oh Alma aburrida mía, por favor escucha la palabra de Dios mañana, y cree mañana, que yo soy, y todo el pueblo de Dios es, la obra de Dios. “creados en Cristo Jesús para hacer buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviéramos en ellas” (Efe 2:10). 

Atareado, pero escuchando

Aunque estos recordatorios pueden ayudar a despertar nuestras almas, nos despertaremos mañana por la mañana ante la urgencia de los cuerpos, las familias y los amigos, las citas, los correos electrónicos y los plazos limite. No es sencillo, en ninguna etapa de la vida lo es. 

Esto ayuda a hacer provisiones en medio del ajetreo: por ejemplo, este año estoy usando un plan de lectura bíblica en línea que me envía enlaces diarios a los siguientes cuatro capítulos del plan de lectura bíblica de M’Cheyne. Si no puedo sentarme tranquilamente con el café y la Biblia en la mano, puedo hacer fácilmente lo que hice hoy: hacer un clic en mi próximo capítulo y leer mientras espero en un auto o estoy en la fila. 

Cada vez más, la maravilla se abre paso: la voz misma de Dios. Lo que todos oirán al final. De lo que vivimos hoy y mañana.


Foto por Franco David en Unsplash