¿Cómo consolar a alguien que no deja de sufrir?

La llamé cuando escuché la noticia. Su esposo tenía cáncer.  

Cuando los doctores encontraron al principio una irregularidad, no estaban preocupados. Probablemente no era nada. Pero decidieron hacer los exámenes por si acaso. A pesar de lo que habían predicho, los exámenes vinieron positivos. Maligno. 

Ella corrió a un vecino pronto después de haber recibido el diagnóstico. Su vecino simpatizó con ella, pero entonces, inmediatamente desaparecieron sus miedosInnumerables personas contraen cáncer y en última instancia viven, vidas saludables y largas. No necesitaba preocuparse. Todo estaría bien.  

¿Cómo podría saber eso su vecino? ¿Y si su esposo no estaba bien?  

Mi amiga dejó ese encuentro sintiéndose incómoda y minimizada, su vecino no sabe cómo resultará eso. Nadie lo sabe. Para mi amiga, consuelo instantáneo y tranquilidad momentánea deja un vacío. Ella no necesita un consuelo de “no te preocupes todo estará bien”. Ese consuelo no se basa en la verdad. Simplemente aparta la vista de las cosas difíciles. 

Consuelo blanqueado. 

¿Por qué de todas maneras ofrecemos consuelo blanqueado? Yo lo he hecho, así que me acuso a mí misma tanto como a otros. Me pregunto por qué volver al argumento cuando el sufrimiento está a la puerta. Quizá queramos que nuestros amigos se sientan mejor de inmediato. Incluso si el consuelo es temporal, queremos que ellos sigan adelante y no quedarse en lo negativo. También creemos sutilmente que Dios será más glorificado en la sanidad y plenitud que en enfermedad y quebrantamiento.  

¿Es verdadero ese consuelo que ofrecemos en esos momentos? ¿Es útil escuchar anécdotas de personas que tuvieron un buen resultado? ¿O ser aludido citando estadísticas alentadoras de sobrevivencia? ¿Es realmente reconfortante saber que 70% de personas se recuperan o sobreviven y el 30% no? ¿Está basado nuestro consuelo en asumir que estaremos dentro de la mayoría?  

Este es el único tipo de consuelo que el mundo puede dar. Lamentablemente, hay una cantidad de creyentes que tratan de consolar el dolor. La gente me aseguró que Dios sería más glorificado en la sanidad de mi hijo pequeño. Además, su cirujano cardíaco tiene una tasa de 80% de éxito. No te preocupes, todo estará bien.  

Cuando mi hijo murió a los dos meses de edad, Dios fue glorificado en una manera diferente.  

¿Qué pasa si nunca me sano?  

Al principio cuando me diagnosticaron postpoliomielitis, mis amigos estaban seguros que no me deterioraría físicamente. Que vencería las probabilidades, y eso glorificaría a Dios. Pero años después, cuando la enfermedad se puso en marcha, me di cuenta que podía glorificar a Dios incluso si mi cuerpo no estaba saludable.  

Cuando mi ex esposo se fue, todos tenían historias gloriosas sobre la restauración de matrimonios destruidos. Estaban seguros que esa sería nuestra historia también. Pero he aprendido que Dios todavía puede ser glorificado después de un divorcio desgarrador e indeseado.  

Cuando las personas continúan asegurándome que obtendré resultados positivos, se siente como si mi dolor se redujera. Mi amiga se sentía de la misma manera mientras ella era constantemente “animada”. Ella quería un verdadero consuelo. El consuelo que la sostendría a pesar del resultado. El consuelo que no cambiaría o desaparecería con el desarrollo de las noticias. El consuelo que no se basaba en pensamientos ilusorios.  

Mi amiga me contó dónde ella había encontrado el verdadero consuelo. Ella se había comprometido a recordar el catecismo de Heidelberg, y mientras procesaba el diagnóstico de su esposo, las palabras volvieron a ella. Estas palabras trajeron una cascada de consuelo, especialmente porque su esposo también era creyente. Habían encontrado un verdadero consuelo.  

El gran consuelo que tenemos  

Cuando ella se memorizó el catecismo, eran solo palabras. Buena y sana teología. Un gran marco de pensamiento acerca de Dios. Ahora, eran una fuente de agua viva.  

Recuerdo vagamente las palabras cuando ella comenzó, “¿Cuál es el único consuelo en la vida y en la muerte?”. Hizo una pausa y luego dijo: “Que no me pertenezco, sino que pertenezco con el cuerpo y el alma, tanto en la vida como en la muerte a mi fiel Salvador Jesucristo”. Estaba sorprendida por el poder de esta simple declaración. El mayor consuelo que podemos tener es saber que pertenecemos a Jesús. Que nada nos puede separar de su amor o arrebatarnos de su mano. Nuestras vidas ahora pertenecen a Cristo, y en la muerte seguiremos perteneciendo a él.  

Ella continuó, “Él pagó completamente todos mis pecados con su preciosa sangre y me ha liberado de todo el poder del diablo”. Su preciosa sangre me ha redimido. No hay ninguna deuda pendiente con Dios, y Satanás no tiene poder sobre mí; así que no hay nada que temer. Este es el verdadero consuelo  

Ella continuó hablando, pronunciando sus palabras lenta y pensativamente. No eran solo palabras. Cada frase estaba llena de significado. Ella continuó, “Él también me preserva de tal manera que, sin la voluntad de mi Padre celestial, ningún cabello de mi cabeza puede caerse. Y todas las cosas trabajan juntas para mi salvación”.  

En este punto estaba al borde de las lágrimas. Las Escrituras se entretejían en cada frase, una belleza entrelazada para dar una imagen impresionante de consuelo. Sin importar lo que pasara, Dios me preservará. Él conoce cada detalle de mi vida y cada cabello de mi cabeza. Nada puede pasarme fuera de su voluntad soberana. Todo lo que sucede es para mi bien y para la gloria de Dios.  

Consolado por el que sufre. 

¿Por qué no había meditado antes en estas preguntas del catecismo empapadas de la Escritura? Esas palabras, impregnadas de la Escritura, son rocas firmes de seguridad para cada creyente. Son verdades eternas, basadas en las promesas eternas de Dios. Este es verdadero consuelo y es inmutable.  

Ella terminó: “Por lo tanto, por su Espíritu Santo, él también me asegura la vida eterna y me hace estar dispuesto y listo desde ahora para vivir para él”. Porque estamos seguros de la vida eterna en el cielo, podemos soportar cualquier cosa en esta vida corta y fugaz en la tierra. Cuando sabemos que nuestro fin es glorioso, podemos vivir feliz y voluntariamente para él, sin importar cuáles sean nuestras circunstancias.  

Cuando mi amiga terminó de recitar el catecismo, me quedé sin palabras. Esas palabras tenían tanto poder. Aunque había llamado para consolarla, ella me estaba consolando con el consuelo que había recibido del Señor.  

 Vaneetha Rendall Risner es una escritora independiente y contribuye habitualmente con Desiring God. Es Blogger de danceintherain.com (aunque no le gusta la lluvia y no tiene sentido del ritmo)Vaneetha está casada con Joel y tiene dos hijas, Katie y Kristi. Ella y Joel viven en Raleigh, Carolina del Norte. Vaneetha es la autora del libro “Las cicatrices que me han formado: cómo Dios nos recibe en el sufrimiento”.