El área de los dones espirituales en la vida de la iglesia pareciera que es un área que viene y va, con muchos altibajos, muchas veces es tomada muy en cuenta y otras veces pareciera ser ignorada. A veces nos inundan las conversaciones sobre cómo descubrir y cómo poner en práctica nuestros dones, pero a veces pareciera que son olvidados por completo. Sea como sea, tuve la bendición de leer algunos de los pensamientos de Sinclair Ferguson sobre el asunto (en su libro Madurez). Les comparto lo que él dice sobre el tema. 

El lugar apropiado para empezar es este: ¿ves necesidades entre tus hermanos cristianos que puedas suplir, aunque sea en una pequeña medida? Entonces “todo lo que tu mano halle para hacer, hazlo según tus fuerzas” (Ecl. 9:10) – no importa cuán pequeño, modesto o simple parezca ser. En cierto modo, entre más simple, mejor. Sólo de esta manera, mientras servimos a los demás, la naturaleza de nuestros dones se irá aclarando poco a poco. Si hay un área específica de servicio a la que el Señor nos llama, entonces mientras servimos, se hará evidente que tenemos los dones necesarios para estar allí. Si no somos dotados para determinado ministerio, es muy improbable que seamos llamados al mismo. Un pastor, por ejemplo, necesita ser “apto para enseñar” (1 Tim. 3:2). Si eso es así, también debe ser capaz de entender las cosas que enseña. Sin esto podemos asumir con certeza que, independientemente de los otros dones que podamos tener, no estamos llamados al trabajo pastoral. 

Al mismo tiempo, debemos recordar que no somos el único o el mejor juez de nuestros propios dones. Ahí es donde la comunión de la iglesia es vital. Junto con el deseo de servir de nuestra parte, la aceptación y el reconocimiento de nuestro servicio por parte de los demás es una garantía vital para nosotros de que el Señor realmente nos ha dado un don para un área particular del ministerio. 

Además, ver una necesidad y tratar de suplirla, indica un crecimiento de carácter que hace que nuestro servicio sea digno de confianza. Los dones siempre necesitan estar acompañados de otras virtudes. Por ejemplo, no es tan evidente en la discusión de Pablo acerca de la profecía en 1 Corintios 14:26-33, pero él destaca la importancia de que los que tienen el don de la profecía también ejerzan la virtud del dominio propio. Del mismo modo, alguien dotado para servir como pastor o líder espiritual debe poseer las virtudes del autocontrol y la disciplina personal (Tito 1:8). 

Usar nuestros dones es una expresión de nuestro deseo de servir. Ese deseo no es insignificante. A veces la gente parece insinuar que la señal de que alguien es llamado al ministerio del evangelio es que es lo último que la persona quiere hacer. Por supuesto que hay ejemplos de esto. Pero esto confunde lo que es un sentido de incapacidad con un deseo negativo. No podemos sacar ciertas conclusiones sólo a partir de la experiencia de algunos. Somos propensos a hacer eso (así me pasó a mí, y seguramente te pasará a ti también). Sin embargo, Pablo no descarta nuestro deseo, aunque por sí solo no es una confirmación absoluta. El deseo de servir en la iglesia es una aspiración buena y noble (1 Tim. 3:1). La renuencia puede ser un signo de humildad o incluso de miedo. Pero también puede ser un signo de que no estamos dispuestos a humillarnos en el servicio hacia los demás. 

El verdadero servicio siempre está marcado por el reconocimiento de que vivimos para los demás y servimos a los demás, no a nosotros mismos. Por eso Pablo enfatiza que sus dones le fueron dados para los demás (Col. 1:25). De nuevo, escribiendo a los Efesios dice que es prisionero por los gentiles (Ef. 3:1). Aquí hay un hombre que fue verdaderamente “dedicado para los demás”. El olvidarse de sí mismo y el servicio van juntos en la utilización de los dones que el Señor nos ha dado. 

Por lo tanto, los dones, el carácter, el deseo y la voluntad de ser siervo de los demás son claves para el ministerio en la iglesia, y en cualquier iglesia sana se notarán. El pueblo del Señor no sólo recibirá nuestro servicio sino que nos animará a usar nuestros dones y siempre hallará la manera de permitirnos hacerlo. 

Aunque no es el mismo libro del cual se extrajo la porción anterior, recomendamos este otro (Crecimiento Cristiano Saludable), escrito por el mismo autor: ver en Amazon


Originalmente publicado en Challies.com