Cómo el evangelismo se parece a la pesca

Simón, su hermano, y sus compañeros eran pescadores a quienes Jesús llamó a un tipo de pesca muy diferente. “Síganme”, les dijo. “De ahora en adelante serán pescadores de hombres”. Ellos fueron atrapados por Jesús para que pudieran atrapar a otros. Y de la misma manera, nosotros hemos sido atrapados por Jesús para que podamos atrapar a otros para Jesús. Deberíamos ver esto como un gran privilegio. No sólo que hemos sido atrapados, sabemos que es una gran bendición, pero que nos unimos a Jesús para atrapar a otros. Lo seguimos para poder unirnos a Él en su trabajo. La gran obra que Dios está realizando en este mundo es atrapar a la gente para sí mismo. Los está salvando por su gracia y para su gloria. Lo que es asombroso es que usa a gente como tú y como yo para ayudarle a lograrlo. Él salva a la gente a través de las buenas nuevas del evangelio y nos dice a ti y a mí que hablemos de esas noticias. Nos llama a ser pescadores de hombres, a atrapar gente con vida.

¿Cómo podemos hacer eso? Ahí es donde podemos aprender de la metáfora de la pesca que Jesús usa en Lucas 5:1-11. De hecho, creo que se supone que debemos aprender de esa metáfora de la pesca, pensar diligentemente en lo que significa y en cómo el evangelismo es similar la pesca. Sólo piensa en esto: Jesús se sube a un bote de pesca con un pescador para hacer un milagro de peces, lo cual lleva a una metáfora de la pesca. Claramente quería que Simón pensara en esta imagen de la Palabra, y que la viviera. Quiere que lo pensemos. Así que hagamos algunas comparaciones que, confío, son legítimas sin ser trilladas. ¿De qué manera el evangelismo se parece a pescar?

Primero, pescar requiere ir

Esto es simple y obvio, pero aun así se pasa por alto. Un pescador necesita salir al agua donde están los peces. Y una vez que un pescador ha salido al agua, necesita bajar sus redes. Sentado en su bote, balanceándose sobre las olas, no lo hará. Necesita arrojar su red al agua. Y de esa manera, necesitamos ir a donde la gente está, necesitamos hablarles de Jesús. Tenemos que ir y tenemos que soltar la red del evangelio.

En segundo lugar, la pesca requiere experiencia

Un pescador experto aprende sobre los peces para poder usar las redes adecuadas, o el cebo adecuado, o salir a pescar a la hora adecuada del día. Tú y yo necesitamos considerar las mejores y más efectivas maneras de llegar a la gente que nos rodea. Creo que a veces nuestro evangelismo es como pescar atún en un estanque de truchas. No lo estamos haciendo de manera efectiva. Compartir el evangelio es más que aprender y recitar una presentación genérica del evangelio. Se trata de conocer y amar a la gente, de amarla lo suficiente como para llegar a conocerla. Cuanto mejor conozcamos a la gente, mejor podremos mostrarles cómo el evangelio trata sus necesidades más profundas. Podemos escucharlos atentamente, y luego abordar sus preguntas particulares, preocupaciones, penas y conceptos erróneos.

En tercer lugar, la pesca requiere diligencia

Un pescador no tendrá éxito si sólo pesca cuando siente ganas o cuando se presenta la oportunidad adecuada. Necesita diligencia. Necesita estructurar sus días en torno a su tarea. Y de la misma manera, necesitamos diligencia para compartir el evangelio. No basta con esperar que las oportunidades se presenten. Necesitamos planear cómo crear y aprovechar las oportunidades para contarles a otros acerca de Jesús.

Cuarto, la pesca depende de la providencia

La mayoría de los pescadores llaman suerte a este elemento, pero es mejor atenerse a la providencia. Al final del día, el pescador hace sus planes, sale, echa sus redes y utiliza toda la experiencia que tiene, pero sabe que lo que sucede a continuación está más allá de su alcance. A veces hace una gran pesca y a veces no pesca nada. Dios nos usa para compartir el evangelio, pero Él es el que debe traer convicción de pecado y arrepentimiento y salvación. Nuestra tarea en el evangelismo es ser reflexivos, creativos, llenos de oración y obedientes al compartir el evangelio; y luego dejarle los resultados a Él.

En quinto lugar, la pesca requiere confianza

Es muy difícil entusiasmarse con la pesca cuando se cree que no hay peces en el lago. Ahí es donde estaba Simón, ¿verdad? Estaba convencido de que no había nada que atrapar. Pero Dios sabía que le esperaba un tremendo botín. Y me pregunto si podemos pensar así cuando compartimos el evangelio. Dudamos, porque estamos convencidos de que Dios no va a hacer nada. Realmente, dudamos porque no estamos convencidos de que en realidad es la alegría y el deleite de Dios salvar a los perdidos. Nuestra vacilación se basa en un malentendido total, un malentendido blasfemo, del carácter de Dios. ¡Tenemos que creer que Dios ama salvar a los perdidos y que todavía no ha atrapado a todos los que son suyos! Simón estaba convencido de la escasez: “No hay peces en este lago”, pero Dios quiso mostrarle la abundancia: “¡Hay tantos peces en este lago!” Necesitamos acercarnos al evangelismo con optimismo en lugar de escepticismo, con fe en el carácter y las promesas de Dios.

¿Lo ves? De estas maneras, y probablemente muchas más, el evangelismo es parecido a pescar…