¿Cómo sabes si eres verdaderamente salvo?

Esta es una de las preguntas más comunes que se les hace a los pastores: ¿cómo sé si soy verdaderamente salvo?

Algunos creen que es necesario decir: “¡Yo creo!” Otros podrían insistir que se puede entregar una reseña de la fe más las buenas obras — incluyendo la asistencia a la iglesia y un registro de ofrendas desde el inicio.

Con tantas opiniones que en su mayoría son inciertas, nos vemos obligados a preguntar: ¿Qué dice la Biblia al respecto? Para los que buscan la seguridad de su salvación, eso es lo único que importa.

¿Se trata de una decisión que se toma por única vez o un estilo de vida?

La primera pregunta en la cual se necesita un análisis cuidadoso es: Para ser un cristiano verdadero — es decir, una “persona salva” — ¿hay que tomar una decisión por única vez o es un estilo de vida continuo? Veamos, por ejemplo, a tres personas que tomaron “la decisión” de seguir a Jesucristo. Ahora, después de que han pasado diez años, la primera de las tres personas vive desenfrenadamente en pecado, pero dice: “Soy cristiano. Yo creo. Caminé por el pasillo, hice la oración del pecador, acepté el regalo gratuito de la gracia de Dios y conseguí mi boleto al cielo”. Mientras tanto, la segunda persona tomó una decisión similar de seguir a Jesús, pero finalmente se apartó de la fe y decidió no creer. Por último, la tercera persona fue completamente diferente. El pecado, en ocasiones, estaba presente en su vida, pero no de manera desenfrenada y continua. Esta persona reconocía sus fallas humildemente, pero podía apuntar confiadamente al fruto del Espíritu que estaba presente en ella (Gálatas 5:22-23). Su vida no está marcada por la perfección, sino por un progreso definida en la santidad, el andar justo, la devoción a Jesús y el amor al prójimo.

Los tres tomaron decisiones. Los tres dicen ser cristianos. ¿Cuál de ellos lo es?

Creer continuamente

Si tomamos literalmente el significado original de las palabras de Pablo en Romanos 1:16, vamos a ver que quien es verdaderamente salvo será conocido por creer continuamente.  Pablo explica que el evangelio es el poder de Dios para salvación para todo aquel que cree …”

“Cree” en este versículo es tener fe o confiar, y viene de la palabra griega “pistis” que significa persuasión o convicción. En cuanto a la gramática, esta palabra está en participio presente activo, que implica una acción continua y repetitiva. Este pasaje podría leerse de esta manera: “a todo aquel que cree continuamente” o en términos más amplios (pero precisos): “¡a todo aquel que continúa andando convencido o persuadido profundamente que Jesucristo es el Señor!”

La conclusión es que el que es verdaderamente salvo continuará siendo salvo. El “apartado” era un término que usábamos mientras crecíamos para hablar de las personas que “perdían su salvación”. Pero la verdad es, con base en las Escrituras, que jamás fueron verdaderamente salvos. La parábola del sembrador (Mateo 13:1-23) es un recordatorio de que algunos parecerán ser salvos, pero al final, se verá que no lo eran. 1 Juan 2:19 es una frase aleccionadora con respecto a los que “salieron de nosotros, pero en realidad no eran de nosotros”.

Si crees algo genuinamente, no te conformarás con decir que lo crees. Tus hechos respaldarán tus palabras. La Biblia es clara al decir que no eres salvo por las buenas obras, sino que fuiste salvo para buenas obras (Efesios 2:8-10). Jesús le dijo a Sus discípulos: “Si me amáis, guardaréis mis mandamientos” (Juan 14:15). Santiago nos dice que “¡la fe sin obras es muerta!”, ¡y que aún los demonios creen! (Santiago 2:17, 19).

¿Cómo sé que he creído verdaderamente y soy salvo?

Confiesas a Jesucristo como tu Señor y Salvador y confías en Él por la fe (Romanos 10:9)

Todo verdadero creyente debe venir a Cristo declarando: “¡Tú eres Dios! Tus caminos son mejores. Los míos no lo son. Te necesito. Creo en Ti. Confío en Ti por la fe para mi salvación. ¡Te seguiré por el resto de mi vida!” ¿Has creído en tu corazón y has confesado con tu boca que Jesucristo es Señor?

Confiesas el pecado y ya no lo tratas con indiferencia (1 Juan 1:9)

A los verdaderos creyentes les importa el pecado, no porque les guste cometerlos, sino porque quieren tratar con él. La confesión es la marca de la fe genuina. Los que siguen a Jesús traen sus pecados y su vergüenza a Sus pies clamando: “¡Me arrepiento! Aborrezco este pecado que sigue librando la guerra contra mi alma. Por favor, perdóname. Ayúdame a escapar de él”.

Los patrones de pecado habituales comienzan a disminuir y a desaparecer (1 Cor. 6:11; 2 Cor. 5:17)

Si eres una nueva “criatura” no vas a ser como el “viejo hombre” por mucho tiempo. ¡La fe genuina nos transforma! Cuando la Biblia hace una lista de pecados horribles y dice cosas como: “esto erais algunos de vosotros”, el creyente verdadero podrá decir gozosamente: “¡Sí, yo era así!”.

Deseas ser obediente a Cristo (Santiago 1:22)

Si verdaderamente deseas seguir a Jesús y Él ha obtenido la Victoria en tu corazón, vas a tener deseos de oír la palabra de Dios, ¡y vas a querer hacerlo!

Tu amor por el prójimo irá en aumento (1 Juan 3:14)

El Cristiano que odia es un oxímoron. Sí, ser un seguidor de Jesús es decir las cosas tal como son y hablar la verdad sin importar el costo, pero esto siempre debe hacerse en amor (Ef. 4:15). Más importante aún, los creyentes verdaderos están marcados por un amor por el prójimo que va mucho más allá de lo que dicen— pues tiene que ver con lo que hacen.

Tienes hambre de la palabra de Dios (1 Pedro 2:2)

El amor genuino por Jesús y la conversión verdadera de tu alma van a dar como resultado un hambre apasionado de conocer lo que Él ha dicho y de saber lo que Él te ha llamado a hacer. Los cristianos verdaderos no son indiferentes a la Palabra de Dios.

Estás lleno del anhelo por ver que otros se salven (2 Cor. 5:18-20)

¡La gente que ha sido reconciliada con Dios desea ver que les suceda lo mismo a los demás! Es así de simple.

Amas servir al Cuerpo de Cristo con buenas obras (Ef. 2:10; 1 Pedro 4:7-11)

No existe tal cosa como un cristianismo de “llaneros solitarios” ni cristianos verdaderos que no quieran servir de todo corazón! Las buenas obras no son necesarias para la salvación, pero sí son el resultado de ella. A los cristianos se les otorga dones espirituales para edificar el cuerpo de Cristo.

Experimentas la disciplina de Dios (Hebreos 12:6-8; Romanos 1:18-32; Salmos 11:5)

Esto puede parecer una locura, ¡pero experimentar la disciplina de Dios significa que Él te ama! Solamente un padre cruel deja que su hijo corra hacia el peligro. La corrección de Dios es hecha con amor. Al igual que un padre lleno de gracia, Él no se alegra con que Sus hijos sigan en el pecado que les hace daño. Él guía a los que son verdaderamente salvos como un fiel Pastor, aunque eso significa que a veces tenga que usar el “cayado” para corregir sus caminos torcidos.

Produces el fruto del Espíritu al perseverar hasta el final (Lucas 6:43; Gálatas 5:22)

Los árboles malos no producen buen fruto. Los buenos árboles no producen malos frutos. Del mismo modo sucede con las personas. Un falso Cristiano será conocido por producir frutos falsos o incluso ningún fruto. Un creyente genuino verá la lista que aparece en Gálatas 5:22-23 y por la gracia de Dios se regocijará diciendo: “¡Mi vida se parece un poco más a eso que antes!”. Al llegar al final de la vida terrenal, habrán sido testigos de la obra completa que Dios comenzó en ellos y se encontrarán con Cristo cara a cara (Filipenses 1:16).

Es posible que sea difícil enfrentar ciertas situaciones en tu vida, pero el Cristiano sabio y prudente encuentra consuelo en las palabras de Pablo a los corintios cuando él los exhortó: “Poneos a prueba para ver si estáis en la fe; examinaos a vosotros mismos.

¿O no os reconocéis a vosotros mismos de que Jesucristo está en vosotros, a menos de que en verdad no paséis la prueba?” (2 Corintios 13:5).