“¿Con que Dios os ha dicho?” (PARTE 1)

Hace un poco más de 150 años, el inglés Charles Darwin publicó su obra El origen de las especies donde expuso la teoría de la evolución. Según Darwin, el hombre no fue creado un ser humano por Dios a su imagen y semejanza, sino que procede de organismos inferioresEsto nunca ha podido ser comprobado por la ciencia, sino que hasta el día de hoy sigue siendo simplemente una teoría, y aun así es prácticamente considerada como hecho y ciencia por mucha gente, quizá la mayoría de la opinión popular. 

Así mismo durante los últimos años hemos venido observando en la cultura actual, una tendencia hacia una clase de independencia intelectual y moral, caracterizada por la rebelión en contra de cualquier tipo de autoridad y la negación y/o redefinición de toda verdad absoluta, de los valores morales y de todo aquello que represente una amenaza para la cosmovisión de la mayoría y los intereses populares. Un ejemplo de esto es la redefinición de la vida y la legalización del aborto (asesinato infantil).  

A pesar de toda la evidencia médica, biológica, moral y ética que demuestra lo absurdo de esto, la gente prefiere ignorar y redefinir todo lo que le conviene engañando su propia conciencia para hacer y conseguir lo que quiere. Otro ejemplo es la redefinición de los géneros biológicos y consecuentemente la normalización y celebración de toda clase de trastorno de identidad sexual como el transgenerismo y el homosexualismo (ya no sólo en los adultos sino también motivado a temprana edad). Y como resultado tenemos hoy también la celebración y legalización del supuesto matrimonio homosexual, entre otras cosas. 

En los últimos años se ha observado una tendencia similar en círculos evangélicos en cuanto a la manera que tratamos nuestras creencias y prácticasMucho de la iglesia contemporánea está permeado del ADN de la cultura alrededor, que últimamente pareciera que quienes dictan cómo va la vida y cuál es el mensaje de liglesia son aquellos que no pertenecen a ella.  

En su deseo de interactuar con la cultura y alcanzarla, la iglesia parece estar volviéndose más a esa cultura que a la Palabra de Dios para encontrar respuestas a asuntos importantes de nuestras creencias y prácticas. En este sentido, es evidente una tendencia peligrosa en algunos círculos evangélicos, que dirige hacia esta supuesta independencia intelectual que reta y cuestiona, ignora y redefine todo lo que liglesia ha creído y practicado por miles de años. Esa será una de las marcas principales de esta generación en los futuros libros de historia. 

No es casualidad, por ejemplo, que es en medio de esta generación sumergida en una agresiva revolución sexual y en una liberación femenina como nunca antes vistas, que algunos afirman haber comenzado a descubrirla la verdad “sepultada” por la iglesia en cuanto al rol de la mujer en el hogar, la iglesia y la sociedad. O como se publicó hace unos días en un medio de comunicación de una denominación bautista liberal, también creemos estar descubriendo la verdad acerca de la aceptación y ordenación de personas que se identifican a sí mismos o son miembros de la comunidad homosexual (LGBTQ).  

Ambos movimientos parecen creer y sugerir que la iglesia ha estado equivocada por miles de años. Sin embargo, es evidente que lo que sostiene estos movimientos es esa redefinición y reinterpretación de la verdad de manera que esta sea más compatible y relevante a la realidad de nuestros tiempos. No sabemos con certeza si esto se hace a propósito en todos los casos. Pero esa es la dirección en la que vamos. 

Todo esto debe traer a nuestra mente una frase que permea toda la Biblia –una frase corta, frecuentemente asumida y algunas veces ignorada. Dado el significado que tiene y su implicación para nosotros en tiempos como estos, es una de las frases más importantes que encontramos en la Biblia y que debemos resaltar hoy. Creo que como ha ocurrido antes en la historia de la iglesia, esta pequeña frase pudiera llegar a ser pronto como un “marca-libros”, que marcará una distinción clara y significativa entre aquellos que al leerla dicen, “bueno, pero…”, “¿estás seguro que…?” y aquellos que en cambio responden, “¡Amén!”. Esa frase es: “Y dijo Dios”. Más de 550 veces aparece en la Biblia alguna forma de esta frase. Cuando esto no está en su lugar correcto, no hay límites para dónde pudiéramos ir a parar. Quizás hoy más que nunca la iglesia debe ser persuadida a leer, creer, amar, celebrar y proclamar todo lo que Dios ha dicho. 

Dios Habló 

Génesis 2:16-17 dice: “Y ordenó el SEÑOR Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer, pero del árbol del conocimiento del bien y del mal no comerás, porque el día que de él comas, ciertamente morirás”. 

Lo primero que vemos en el pasaje es que Dios habló. Dios puso a Adán en el Jardín del Edén y le dio instrucciones claras sobre lo que podía y no podía, lo que debía y no debía hacer. Dios habló. Cuando Dios habla, nosotros hacemos una cosa: Oír y obedecer. Cuando Dios habla, nuestra postura jamás debe ser una de cuestionar, retar, definir, redefinir, reinterpretar. Dios habla, nosotros oímos y obedecemos. Cuando Dios habló, Adán no respondió: “Sí Señor, pero ¿por qué moriré si como del árbol? ¿Puedo al menos acercarme o tocarlo? ¿Qué tanto me puedo acercar sin morir? ¿Si el árbol me puede matar para qué lo pusiste ahí?” Adán no dijo absolutamente nada. Dios habló, Adán escuchó. Así debemos hacer nosotros. 

Lamentablemente, después de la caída de Adán y Eva, todo ser humano, al igual que ellos oye/lee lo que Dios ha dicho y cuestiona a Dios, reta a Dios, niega a Dios, aun en contra de toda evidencia. Romanos 1:18 dice precisamente eso: “Porque la ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que con injusticia restringen (suprimen) la verdad”. 

Dios ha hablado, el hombre suprime la verdad. De toda su creación, nosotros somos los que desobedecemos su voz. Pero en la Biblia, cuando Dios habla, esto sucede: 

  • Isaías 6:4 “Y se estremecieron los cimientos de los umbrales a la voz del que clamaba, y la casa se llenó de humo”. 
  • Salmos 46:6 “Bramaron las naciones, se tambalearon los reinos; dio El su voz, y la tierra se derritió”. 
  • Salmos 33:4, 6, 9-11 “Porque la palabra del SEÑOR es recta; y toda su obra es hecha con fidelidad. Por la palabra del SEÑOR fueron hechos los cielos, y todo su ejército por el aliento de su boca. Porque El habló, y fue hecho; Él mandó, y todo se confirmó. El SEÑOR hace nulo el consejo de las naciones; frustra los designios de los pueblos. El consejo del SEÑOR permanece para siempre, los designios de su corazón de generación en generación”. 
  • Habacuc 2:20 “Pero el SEÑOR está en su santo templo: calle delante de Él toda la tierra”. 
  • Romanos 3:4 “Sea hallado Dios veraz, aunque todo hombre sea hallado mentiroso; como está escrito: PARA QUE SEAS JUSTIFICADO EN TUS PALABRAS, Y VENZAS CUANDO SEAS JUZGADO”. 
  • Hebreos 1:3 “Él es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, y sostiene todas las cosas por la palabra de su poder”. 

De hecho, una de las veces que un hombre habló después de Dios, mira lo que terminó diciendo: 

Job 40:1-5 “Entonces continuó el SEÑOR y dijo a Job: ¿Podrá el que censura (juzga) contender con el Todopoderoso? El que reprende a Dios, responda a esto. Entonces Job respondió al SEÑOR y dijo: He aquí, yo soy insignificante; ¿qué puedo yo responderte? Mi mano pongo sobre la boca. Una vez he hablado, y no responderé; aun dos veces, y no añadiré más”. 

El mismo Dios que habló a Adán, Isaías, David, Habacuc, Zacarías, Pablo, a Job, es el mismo que plasmó a la Biblia (Génesis a Apocalipsis) sus propias palabras para nosotros. Es el mismo que en el Génesis dijo: “Sea la luz” y hubo luz, “sea la expansión” y fue; “sea tierra seca” y fue; “sea la vegetación” y fue; “sea el Sol y la Luna y las estrellas” y fueron; “sea toda clase de seres viviente en el mar” y fueron; “sea toda clase de seres vivientes en la tierra” y fueron; “sea el hombre a su imagen y semejanza.” (Gen. 1:1-26) ¡Todo lo que Dios dijo, fue!  

Ese mismo Dios vino encarnado y una noche en una barca le dijo a una tormenta violenta: “¡Cállate! ¡Silencio! Y el viento cesó, y sobrevino una gran calma” (Mar. 4:39). A un muerto de hacían cuatro días le dijo con voz fuerte: “¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió…” (Jn. 11:44). Y el mismo Dios que según 2 Corintios 4:6 es: “Dios, que dijo que de las tinieblas resplandeciera la luz, es el que ha resplandecido en nuestros corazones, para iluminación del conocimiento de la gloria de Dios en la faz de Cristo. Él habla a corazones muertos y los hace vivir. ¡Cuando Dios habla el universo y sus fuerzas más poderosas se mueven en obediencia! Cuando su Palabra habla Él nos dice: escucha y obedece. La Biblia no es solo un libro de sugerencias de auto-ayuda para mejorar un poco tu calidad de vida. No es simplemente un buen libro de consejos para tomar buenas decisiones. La Biblia dice ser la Palabra de Dios.  

2 Timoteo 3:16 “Toda Escritura es inspirada por Dios y útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, equipado para toda buena obra”. 

Satanás en cambio, el padre de toda mentira, quería hacer a Eva dudar de lo que Dios había dicho.  

Génesis 3:1 “Y la serpiente era más astuta que cualquiera de los animales del campo que el SEÑOR Dios había hecho. Y dijo a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto?”. 

En contraste con el 2:16 donde dice: “Dios ordenó… diciendo”, encontramos el 3:1 donde dice: “la serpiente dijo”, y lo que dijo fue cuestionar si Dios realmente había dicho lo que dijo. Él quería que Eva pensara: “¿sabes qué? No lo sé. No recuerdo, no estoy segura de lo que Dios dijo. Fue algo como eso, pero no estoy segura. Si él lograba eso, lo demás vendría por sí solo. Es vital, es de suma importancia que nosotros estemos bien familiarizados con la Biblia; empapados de ese libro. Es nuestra única arma eficaz en contra de las mentiras del enemigo. Eso fue precisamente lo que él trató de hacer con Jesús en el desierto. Pero la respuesta de Jesús fue una y otra vez: “Escrito está” (Mat. 4:1-10). Esa debe ser siempre nuestra respuesta.  

¿Sabías que una de las voces de Satanás para convencernos de sus mentiras es la cultura, la opinión popular? Por eso Romanos 12:2 nos dice: “Y no os adaptéis a este mundo; sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente, para que verifiquéis cual es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto”. 

Así como a Eva, el enemigo tratará de usar lo que Dios ha dicho y distorsionarlo lo suficiente para que se parezca lo suficiente a la verdad y así hacernos desviarnos poco a poco. Por tanto, la pregunta para nosotros es: “¿Habló Dios o no habló Dios? ¿Dijo Dios lo que dijo, sí o no? ¿Conoces bien lo que Dios dijo?” Entonces si Dios lo dijo, no hay nada más que hablar.