“¿Con que Dios os ha dicho?” (PARTE 2)

Todo lo Que Dios Dice es Bueno

El v.16 nos dice que Dios dijo: “De todo árbol del huerto podrás comer”. ¿No es esto una gran bondad? Dios les dio absolutamente todas las cosas para su beneficio y placer. ¡Nuestro Padre es un buen Padre! ¡Dios es bueno! Hoy despertaste. Tu corazón tiene latido. Tus pulmones respiran. Muy posiblemente tuviste alimento para sostenerte. Dios provee. De todo lo que es bueno y necesitamos, Dios es nuestro proveedor.

  • Salmos 23:1 “El SEÑOR es mi pastor, nada me faltará”.
  • Mateo 6:8b “Vuestro Padre sabe lo que necesitáis antes que vosotros le pidáis”.
  • Hechos 17:25b “El da a todos vida y aliento y todas las cosas”.
  • 1 Pedro 5:7 “Echando toda vuestra ansiedad sobre El, porque Él tiene cuidado de vosotros”.
  • Santiago 1:17 “Toda buena dádiva y todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación”.

En nuestra humanidad, dudamos de la bondad de Dios. Es nuestra tendencia. Aun cuando Dios ha mostrado y probado su fidelidad una y otra vez, en la próxima vez no estamos seguros si Él será fiel. Dudamos de su bondad. Allí es donde debemos más que nunca aferrarnos a “Dios dijo”.

En cambio, Satanás irá detrás de la bondad de Dios una y otra vez. Él querrá hacernos dudar de la bondad de Dios.

Génesis 3:1 “Y dijo [la serpiente] a la mujer: ¿Conque Dios os ha dicho: “No comeréis de ningún árbol del huerto?”.

¿Cómo que de ningún árbol? Si Dios dijo todo lo contrario. ¿Por qué Satanás dijo esto? Su meta era hacerle creer a ellos que Dios era mezquino, que él no había sido bueno con ellos. “Que malo es Dios que puso todos estos árboles aquí y no les deja comer de ninguno de ellos. Él los puso aquí y ahora los abandonó, ahora los va a dejar morir de hambre. Él no proveerá para ustedes”. Esto es un asalto a la bondad de Dios. Es una farsa. Pero al ver que Eva al menos sabía lo que Dios había dicho (3:2-3), Satanás entonces entró por una puerta diferente, pero todavía apuntando a socavar la bondad de Dios.

Génesis 3:4-5 “Y la serpiente dijo a la mujer: Ciertamente no moriréis. Pues Dios sabe que el día que de él comáis, serán abiertos vuestros ojos y seréis como Dios, conociendo el bien y el mal”.

Nota sus palabras: “Dios sabe”, en otras palabras, “Dios sabe que hay algo bueno detrás de comer de ese fruto y no quiere dártelo”. Satanás tratará de convencerte de que lo que Dios ha prohibido es arbitrario, no es bueno para ti. Tratará de convencerte de que tú necesitas independencia de Dios. Como Dios parece arbitrariamente no darte ciertas cosas que son deseables y buenas para ti, tú debes hacerlo por ti mismo. Busca lo que tú entiendes que es bueno para ti, aún si Dios dijo: “No hagas eso”.

Con frecuencia, por nuestra naturaleza pecaminosa tendremos la tendencia y tentación de seguir el consejo del enemigo a través de una de sus voces en el mundo. Muchas veces trataremos de justificar decisiones que estamos tomando que sabemos que son contrarias a la Palabra de Dios. Y la pregunta que nos tenemos que hacer es: ¿Creo yo que soy más sabio que Dios? ¿En verdad es mejor para mi vida, matrimonio, hijos, ministerio, trabajo, el que yo tome este curso de acción sabiendo que no es lo que Dios me dice en su Palabra? ¿Ha hablado Dios o no? ¿Le creeré a Dios o no? Si cedemos ante esa tentación, puede que nos vaya bien un tiempo, pero tarde o temprano cosecharemos los malos frutos de nuestra soberbia contra lo que Dios ha hablado. Gálatas 6:7 dice: “No os dejéis engañar, de Dios nadie se burla; pues todo lo que el hombre siembre, eso también segará”.

No seamos como los necios que toman sus malas decisiones sin el consejo o contrario al consejo de la Palabra de Dios y creen que Dios les dará un chance y que les irá bien. Y cuando no les va bien acusan a Dios de no ser bueno con ellos Proverbios 19:3 dice: “La insensatez del hombre pervierte su camino, y su corazón se irrita contra el SEÑOR”.

¡Creámosle a Dios! Nuestra confianza en la bondad de la Palabra de Dios siempre será puesta a prueba en este mundo.

Hace un par de semanas leí un tweet de una maestra bíblica muy popular, en el que prácticamente acusaba a algunos de amar y gozar demasiado una porción de la Biblia en la que el apóstol Pablo establece parámetros para el liderazgo de la iglesia y limitaciones para las mujeres en cuanto a su rol en la iglesia. Su tweet me llevó a reflexionar y preguntarme, ¿Amo yo cada oración que se encuentra en la Biblia o hay algunos versículos que si yo pudiera los sacaría de allí? Hay una diferencia entre simplemente aceptar algunas cosas que Dios ha dicho y amar, celebrar gozosamente todo lo que Dios ha dicho porque sabemos que es bueno. Creo que todos nosotros debemos hacernos esta pregunta frecuentemente y tratar de responderla con sinceridad. ¿Amamos todo lo que Dios ha dicho?

Salmos 119:97 “¡Cuánto amo tu ley! Todo el día es ella mi meditación”.

Salmos 119:167 “Mi alma guarda tus testimonios, y en gran manera los amo”.

Satanás estará contento sabiendo que hay partes de la Palabra de Dios de las cuales quizás nos avergonzamos o dudamos o que quisiéramos que no estuvieran allí. Porque a fin de cuentas eso significa que no confiamos en la bondad de la Palabra de Dios. Esa mentira nos hará ir tras independencia de Dios. Lealtad a cualquier ideología o movimiento por encima de tu compromiso con la Palabra de Dios, tarde o temprano terminará socavando tu lealtad a la Palabra de Dios, llevándote a redefinir y reinterpretar la Biblia a través de su propio lente para lograr satisfacer sus demandas.

Jesús y la Palabra de Dios

Lamentablemente, en Génesis 3:8-24 vemos cómo Adán y Eva cayeron en la tentación de la serpiente y desobedecieron la Palabra de Dios. Al hacerlo, el pecado y la muerte entraron al mundo y se extendió a todos los hombres por causa de su desobediencia (Rom. 5); y luego de ellos, nosotros también hemos pecado, hemos vivido en rebelión contra la Palabra de Dios y tenemos la misma sentencia de muerte (Rom. 3:23; 6:23). No es un chiste rebelarse contra la Palabra de Dios.

Pero gracias a Dios la historia no terminó allí. Aun en medio de aquel desastre, Dios prometió a Uno que eventualmente vendría como nuestro libertador (Gén. 3:15). Ese es nuestro Rey Jesús. Así como en el principio la muerte entró al mundo por la desobediencia de un hombre, esta vez por la obediencia de un hombre los muchos serían hechos justos para siempre. Esto es lo que la Biblia llama “el evangelio”. Jesús, el Hijo de Dios vino como nuestro segundo representante, y al obedecer la Palabra de Dios, aquellos que creen en Él son absueltos de su condena y reconciliados con Dios. Pero un resultado glorioso de ese evangelio que muchas veces no es mencionado, es lo que profetizó Ezequiel acerca de aquellos que formarían parte de la comunidad del nuevo pacto.

Ezequiel 11:19-20 “Yo les daré un solo corazón y pondré un espíritu nuevo dentro de ellos. Y quitaré de su carne el corazón de piedra y les daré un corazón de carne, para que anden en mis estatutos, guarden mis ordenanzas y los cumplan. Entonces serán mi pueblo y yo seré su Dios”.

¡Gozosa obediencia a la Palabra de Dios lograda y garantizada por la obra redentora del Mesías y la venida del Espíritu Santo es un hermoso fruto del evangelio! Ya no tenemos que ser esclavos de nuestra desobediencia, no tenemos que escuchar lo que diga la serpiente, ni la cultura, ni nuestro propio consejo. ¡Tenemos la Palabra de Dios y el evangelio nos capacita para andar en ella gozosamente! ¿Tú deseas esto? ¡Cree el evangelio!

La Biblia y nosotros

Todos nosotros tenemos trasfondos diferentes. Todos tuvimos una formación diferente. Por medio de nuestras familias, experiencias en la vida que nos han marcado, amistades que nos han influenciado, la educación que recibimos, a todos nos fueron inculcados creencias, valores e ideologías. Y ya sea intencionalmente o de manera intuitiva, estas son las cosas que inevitablemente dan forma a lo que somos hoy –a lo que perseguimos en la vida, cómo vemos el mundo, cómo tomamos decisiones, en qué relaciones nos metemos, qué trabajos aceptamos, lo que aparentamos frente a otros, cómo usamos el dinero, etc. Nadie es una hoja en blanco. Todos esos consejos han gobernado nuestras vidas hasta hoy. La pregunta es si todo ese consejo es digno de escuchar y construir tu vida sobre Él.

He encontrado que esta es una de las luchas más grandes de todos nosotros, constantemente tomar todo lo que hemos creído durante toda nuestra vida y someterlo al verdadero manual, a la fuente de absoluta verdad, a la Palabra de Dios. De allí que el apóstol Pablo nos exhorta en 2 Corintios 10:5 diciendo: “destruyendo especulaciones y todo razonamiento altivo que se levanta contra el conocimiento de Dios, y poniendo todo pensamiento en cautiverio a la obediencia de Cristo”.

  • 2 Samuel 22:31 “El camino de Dios es perfecto; la palabra del SEÑOR es intachable. Escudo es Dios a los que en él se refugian”.
  • Salmos 119:160 “La suma de tu palabra es verdad, y cada una de tus justas ordenanzas es eterna”.
  • Salmos 119:11 “En mi corazón he atesorado tu palabra, para no pecar contra ti”.
  • Isaías 40:8 “Sécase la hierba, marchítase la flor, mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”.

Así que, si no eres hijo de Dios, lo primero que necesitas es lo que profetizó Ezequiel –un cambio de corazón, un espíritu nuevo, un trasplante de corazón de piedra por un corazón de carne. La Biblia llama a eso “nuevo nacimiento” –arrepentimiento de tus pecados y fe en Cristo. Debes creer que eres pecador y por ende estás bajo la esclavitud y condenación del pecado, y que sólo Jesús te puede salvar. Arrepiéntete y confiesa al Señor tus pecados y pon tu fe sólo en Jesús. Su Espíritu morará en ti y comenzará a conformarte a la Palabra de Dios.

Si eres hijo de Dios, ¿hay áreas en tu vida en las que puedas ver que aún estás siguiendo tu propio consejo, escuchando y creyendo la mentira? ¿Hay cosas en la Palabra de Dios que no te gustan, que si podrías sacarías de allí y que has ignorado? Quiero animarte, exhortarte a construir cada partícula de tu vida sobre la roca segura de la Palabra de Dios. Él nos hizo, nosotros no nos hicimos a nosotros mismos. No somos un resultado de la evolución de los simios. Dios habló y nos hizo a su imagen y semejanza. Pero él no nos ha abandonado para que nos inventemos cómo se vive aquí. Dios ha sido tan bueno, que no sólo habló al universo, sino que nos ha hablado a nosotros. Abre y ama todo lo que hay en tu Biblia.