¿Corazón quebrantable o inquebrantable?

Actualmente la mujer está siendo bombardeada por un “movimiento de empoderamiento femenino”, y no es que ser independiente, perseverar y ser valiente esté mal, el análisis va un poco más profundo.

¿Cómo se encuentra tu corazón hoy? ¿Cuál es la intención con la que haces las cosas? ¿Tu corazón sería un lugar agradable para Dios?

La Biblia nos dice en Proverbios 4:23: “Con toda diligencia guarda tu corazón, porque de él brotan los manantiales de la vida”.

Conozcamos el corazón de dos hombres elegidos por Dios para buenas obras y cómo la intención de sus corazones definió el final de sus historias y nos lleva a reflexionar si ser inquebrantable o quebrantable nos acerca más a Dios.

Saúl, inquebrantablemente soberbio

Saúl fue el primer Rey de Israel, elegido por Dios, ungido por el profeta Samuel, el Espíritu de Dios vino sobre él y notablemente Dios estaba en la batalla ganando a su favor para afirmar su liderazgo.

Pocos capítulos después de su llamado, vemos descrito a un Saúl totalmente diferente: “Y Samuel dijo a Saúl: Has obrado neciamente; no has guardado el mandamiento que el Señor tu Dios te ordenó, pues ahora el Señor hubiera establecido tu reino sobre Israel para siempre. Pero ahora tu reino no perdurará” (1 Sam. 13:13-14).

Saúl era insistente, aferrado, fiel a sus posturas e ideas, vaya un inquebrantable. Aunque la palabra que lo describe más bien es “necio”. Basado en su propia opinión, demostrando poca inteligencia y sin aprender de sus propios errores, pero lo más importante, Saúl dejó de largo los mandatos de Dios y se basó en su entendimiento.

Un encuentro ocasional con Dios no basta para conocerle, tampoco para tener un corazón humilde. Se necesita buscarle todos los días para comenzar a ser transformados, en ocasiones confrontados y también restaurados.

No basta la intención de buscar hacer la voluntad de Dios, se necesita hacer la voluntad de Dios todos los días.

Saúl dejó de honrar a Dios para buscar su propia honra. ¿Cuántas veces hemos hecho lo mismo tú y yo?

En este mundo donde el rol de la mujer está distorsionado y buscamos éxitos propios, dejamos de buscar día a día la dirección de Dios por medio de Su Palabra que es viva y eficaz. Defendemos tanto nuestro punto de vista, que dejamos de ser amables con los que están cerca de nosotros. Proverbios 3:5-6 nos invita a reevaluar nuestros pasos: “Confía en el Señor con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. Reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus sendas”.

Podemos ser llamadas inquebrantables, pero ¡cuidado!, confiar en nuestro propio criterio nos puede llevar a la necedad de un corazón soberbio con falta de amor, perdón y dejar de lado la Palabra de Dios, y eso seguro nos llevará a la ruina familiar, profesional y emocional.

David, quebrantado para Su gloria

Por otro lado, encontramos a David, a quien Dios mismo lo describe como un hombre conforme a su corazón; pero no todo fue siempre color de rosa.

Un buen día el Rey David decide no hacer lo que un rey debía hacer, abandona su llamado sólo por una ocasión. En medio de un periodo de guerra, David envía a su ejército a pelear sin su apoyo. Esa decisión solamente sería el primer paso de desobediencia que lo llevó a un camino entero de malas decisiones, consecuencias y mucho dolor (lee la historia completa en 2 Sam. 11 y 12).

El Rey David decide tomar un “pequeño descanso”. No se trataba de un descanso de ser el “rey perfecto”, sino un receso de examinar sus decisiones delante de Dios y esa separación siempre viene acompañada de consecuencias lamentables.

En medio de las dolorosas consecuencias, David intenta encubrir sus errores hasta que un querido amigo enviado por Dios le lleva un mensaje de exhortación. Y es ahí al ser descubiertas sus faltas, que el corazón de David es quebrantado hasta las lágrimas y clamando a Dios por perdón le dice: “Ten piedad de mí, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a lo inmenso de tu compasión, borra mis transgresiones. Lávame por completo de mi maldad, y límpiame de mi pecado” (Sal. 51:1-2).

Dios no busca perfección, nos conoce y sabe que fallamos. Busca un corazón humilde dispuesto a pedir ayuda en los momentos difíciles y pedir perdón en medio de malas decisiones. Busca mujeres dispuestas a hacer Su voluntad por sobre los deseos y éxitos personales.

Conclusión

Saúl y David reciben un propósito, pero ambos se dejan llevar por su propio entendimiento, la diferencia: Un corazón humilde y quebrantado.

Podemos empoderarnos con la actitud de este mundo y tratar de ser inquebrantables e invencibles. Pero la realidad es que nos equivocamos, fallamos y nos cansamos, así que recuerda: Dios nunca despreciará a un corazón quebrantado y humilde.

Un corazón que reconoce la necesidad de Dios, es el corazón donde Él se agrada. Un corazón quebrantado en las manos de Dios nos asegura un nuevo comienzo.

Así como Dios levantó a David quiere levantarte hoy a ti.