Tal vez hayas visto esa noticia graciosa que muestra a un hombre que inesperadamente se topa frente a frente con un oso. El hombre está dentro de su propiedad, distraído con su teléfono cuando, al levantar la vista, se enfrenta cara a cara con el merodeador. La reacción del hombre es exactamente la que deberíamos esperar—se da media vuelta y huye lo más rápido que puede. Un helicóptero de noticias capturó todo la escena para nuestra diversión.

Hay varios lugares en la Biblia donde tú, Cristiano, has recibido la orden de huir, de darte la vuelta y salir corriendo de un enemigo mucho más cruel que cualquier oso. Se te ha dicho que huyas del pecado. Algunos pecados son tan fuertes y tan peligrosos que simplemente no puedes perder el tiempo con ellos. De la misma forma en que no puedes luchar contra un oso y esperar ganarle, tampoco puedes enredarte con estos pecados y tener la esperanza de salir ileso. Claro, debes hacer morir el pecado y sí, puedes tener confianza en la obra interna del Espíritu Santo. Pero siempre debes respetar el poder y el engaño del pecado y siempre debes reconocer tu debilidad e inclinación a la depravación. Para que tu alma sobreviva y prosperes en este mundo, debes aprender a huir.

“Huye” es una palabra fuerte. La Biblia no dice que debes deambular, divagar, corretear, o trotar lejos de tu pecado. Dice que debes huir. Huir implica un esfuerzo. Se trata de un gran esfuerzo. Tiene que ver con velocidad. Huyes cuando necesitas encontrar y experimentar seguridad frente a una amenaza— por ejemplo la amenaza de un oso. Huyes cuando es demasiado peligroso permanecer donde estás, cuando quedarte quieto te colocaría frente a un peligro mortal. ¿Y de qué debemos huir? George Knight señala que “Pablo siempre utiliza ‘huir’ con relación a pecados específicos, no a pecados en general.” Su preocupación entonces, es advertirte sobre pecados que son especialmente atractivos y mortales.

“Huid de la fornicación”, le dice a la iglesia en Corinto (1 Corintios 6:18). Tú debes huir ante la primera señal de un pecado sexual. “Por tanto, amados míos, huid de la idolatría” (1 Corintios 10:14). Debes huir de la idolatría también, que a menudo es expresada como un tipo de inmoralidad sexual que afectó a la iglesia en Corinto, pero que también puede aparecer en otras formas.

Pablo regresa a este tema en sus cartas al joven Timoteo. “Pero los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo y en muchos deseos necios y dañosos que hunden a los hombres en la ruina y en la perdición. Porque la raíz de todos los males es el amor al dinero, por el cual, codiciándolo algunos, se extraviaron de la fe y se torturaron con muchos dolores. Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas.” (1 Timoteo 6: 9-11). Debes huir del materialismo, ese deseo de ser rico y de ser conocido y respetado por todo lo que has acumulado. Y, de manera general, “huir de las pasiones juveniles” (2 Timoteo 2:22). Pablo le advierte a Timoteo sobre el peligro de la auto-complacencia y la ambición personal y de otras pasiones y excesos de la juventud.

Stott nos proporciona una aplicación crucial: “Es cierto que se nos dice que resistamos al diablo para que huya de nosotros. Pero debemos reconocer el pecado como algo peligroso para el alma. No debemos hacer un acuerdo con él, o incluso negociar con él. No debemos permanecer en su presencia como Lot lo hizo en Sodoma. Por el contrario, debemos irnos lo más lejos de él lo antes posible. Como José, cuando la esposa de Potifar intentó seducirlo, debemos girar y huir.” Este tipo de huída no es un signo de debilidad, sino de fortaleza, no es un signo de infantilismo espiritual, sino de madurez. El Cristiano maduro sabe cuándo dar media vuelta y huir.

Curiosamente, el mandato a huir a veces está acompañado por un mandato opuesto— un mandato a perseguir. Esta, también, es una palabra que implica esfuerzo. Si huir significa algo rápido y con un propósito, entonces perseguir es moverse rápidamente hacia algo en vez de alejarse de ese algo. Si huir implica determinación y esfuerzo en alejarse de un peligro, perseguir implica determinación y esfuerzo en correr hacia una virtud particular.

“Pero tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la perseverancia y la amabilidad.” (1 Timoteo 6:11). Estas son cuatro marcas cruciales de todo verdadero cristiano. “Huye, pues, de las pasiones juveniles y sigue la justicia, la fe, el amor y la paz, con los que invocan al Señor con un corazón puro” (2 Timoteo 2:22). Aquí también Pablo te dice, a través de Timoteo, que luches por las virtudes cristianas fundamentales. “Seguid el amor” (1 Corintios 14:1), la mayor de todas las virtudes”. Así que procuremos lo que contribuye a la paz y a la edificación mutua” (Romanos 14:19). La paz y la mutua edificación vienen a través de las mismas virtudes que Pablo en otros pasajes, te manda a seguir.

Debido a que no puedo decirlo mejor que Stott, voy a dejarle a él las conclusiones finales:

“Así que entonces … debemos tanto huir del peligro espiritual como también perseguir el bien espiritual, ambas, huir del uno con el fin de escapar de él y perseguir el otro con el fin de alcanzar el objetivo.  Este doble deber de los cristianos—negativo y positivo es la constante y reiterada enseñanza de la Escritura. Por lo tanto, tenemos que negarnos a nosotros mismos y seguir a Cristo. Tenemos que quitar lo que pertenece a nuestra antigua vida y ponernos lo que pertenece a nuestra nueva vida. Tenemos que hacer morir nuestros miembros y fijar nuestra mente en las cosas de arriba. Tenemos que crucificar la carne y andar en el Espíritu. Es un rechazo implacable del uno en combinación con la búsqueda incesante del otro, que es aquello que la Escritura nos ordena como el secreto de la santidad. Sólo así podemos aspirar a ser aptos para el uso del Maestro”.

Publicado originalmente en Challies.com | Traducido con permiso para Soldados de Jesucristo por Ricardo Daglio