Cristianos, mentores y consejería

[dropcap]M[/dropcap]ucho se habla acerca del valor y la sabiduría de buscar mentores mayores que caminen a nuestro lado en nuestra vida cristiana. Estas son algunas reflexiones e ideas acerca de quién debería buscar un mentor y quién debería ser un mentor para las generaciones más jóvenes.

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¿La sabiduría solo llega con la edad?

La sabiduría llega con la edad, por supuesto. Al menos bíblicamente, se nos dice que la sabiduría está con los ancianos. A menudo se nos dan estas descripciones de la sabiduría que llega con aquellos que han visto el paso del tiempo. No obstante, no necesariamente llega. Se puede ser un viejo tonto, y probablemente si piensas en personas que has conocido en tu vida, quizá haya personas que ya tengan muchos años pero no mucha sabiduría. Quizá sean un poco sabios terrenalmente, es decir, quizá tengan algún conocimiento sobre cómo funciona el mundo, pero eso no es lo mismo que verdadera sabiduría. Por otra parte, personas muy jóvenes pueden ser muy sabias, si van constantemente a la Escritura y realmente se esfuerzan por entender lo que Dios dice y vivir conforme a sus caminos, pidiendo a Dios, pidiendo a su Espíritu que viva en ellos, que les enseñe a vivir conforme a la Escritura. Así que creo que en general hay una relación entre edad y sabiduría, pero no necesariamente una relación entre ellas. Puede haber jóvenes sabios, puede haber viejos necios.

 

Para una persona joven, ¿cuál es el rol de buscar mentores mayores para adquirir sabiduría?

Podemos crecer en sabiduría sin la ayuda de mentores porque tenemos la Palabra de Dios y tenemos el Espíritu de Dios que mora en nuestro interior, así que con eso basta. Por otra parte, se puede obtener mucha sabiduría de cristianos mayores. Esto lo vemos en el libro de Tito, donde se supone que las mujeres jóvenes van específicamente a mujeres mayores, o mujeres mayores se acercan a las jóvenes para enseñarles y formarlas. Y los jóvenes con hombres mayores. Y vemos un gran ejemplo de esto en la vida de Jesús y sus discípulos, lo vemos en Pablo cuando se rodeaba especialmente de hombres jóvenes para enseñarles y capacitarlos. Así que, jóvenes, no está mal ir a una persona mayor y decirle, ¿quieres ser mi mentor?, ¿puedes ayudarme?, ¿puedo aprender de ti? Personas mayores, tenemos el gran llamado de invertir profundamente en la vida de personas más jóvenes para impartirles sabiduría. Eso significa que tenemos una responsabilidad, como personas mayores, de crecer en sabiduría, y luego incluso reconocer humildemente que hemos adquirido sabiduría, y estar dispuestos a impartirla a otros. El apóstol Pablo estaba dispuesto a decir a menudo, sean como yo. Si quieren saber cómo vivir la vida cristiana, miren a este hombre, imítenme y lo harán bien. No creo que él fuera arrogante al decir eso. Creo que podemos hacer lo mismo en cierta medida. Decir humildemente, yo he aprendido algunas cosas en el camino, quiero enseñarte, vamos juntos, te enseñaré a vivir esta vida. Y si vives como yo, honestamente, lo harás bien. Creo que podemos enseñar y formar personas de esa manera. Así que procuremos que se formen esas relaciones, ya sea orgánicamente, o bien ir intencionalmente a alguien y decir, ven conmigo, tú serás mi pupilo; ¿quieres ser mi mentor? Construyamos algunas relaciones así para la gloria de Dios.

 

Para las personas mayores que han tomado decisiones insensatas o no se sienten preparadas para guiar a alguien, ¿deberían ser una fuente de sabiduría para orientar a personas más jóvenes? ¿Cómo pueden hacerlo?

Bueno, probablemente hay algunas personas que no deberían tomar un rol de mentores, han tomado malas decisiones, han arruinado sus vidas. O quizá han venido a Cristo hace tan poco que aún no han adquirido la verdadera sabiduría de Dios. Pero en general, diría que, si eres mayor y has estado viviendo con el Señor y para el Señor, has estado en su Palabra, tienes algo que dar a alguien más joven. Así que, yo estaría atento a la falsa humildad aquí, la que dice, «ay, no tengo nada que decir, nada que enseñar». Eso es absurdo. Si has estado con el Señor, con su Palabra, has asistido a la iglesia, has estado recibiendo el mensaje de la Palabra de Dios, debes tener algo que compartir con otros. Así que no dejes que esta falsa modestia te impida bendecir a otros, que no sea una excusa. Más bien reconoce humildemente, Dios ha actuado en mí, veo cambios en mi vida y sé que eso beneficiaría a alguien. No es necesario que abordes cada área de la vida de alguien. Si tan solo les ayudas con los simples devocionales, las simples disciplinas de la vida cristiana. Simplemente ayúdales con el manejo del dinero, del tiempo, etc. Tienes algo que dar a alguien más como persona mayor, algo que puedes impartir a una perso