Cristo en los Diez Mandamientos: honra a tu padre y tu madre

Padre y madre

“Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días sean prolongados en la tierra que el Señor tu Dios te da” (Éx. 20:12).

¿Qué significa “honrar” a tus padres?

  • Tenerles en alta estima: La palabra hebrea que se traduce como “honrar” también puede significar dar importancia, estimar o tomar a alguien en serio. Dios ordena a Israel a honrar a sus padres. Igualmente, nosotros debemos darle importancia a nuestros padres porque así Dios lo ha establecido.
  • Expresarles respeto y amor: Este mandamiento a honrar a los padres no podía quedarse como un sentimiento secreto en el corazón del hijo. Esta estima por los padres debía ser expresada en obediencia y respeto a ellos. Este es un mandamiento a no asumir que nuestros padres saben que les estimamos. Debemos expresarles nuestro respeto y amor.
  • Considerar seriamente sus consejos: Honrar a los padres incluye escuchar atentamente sus órdenes y consejos. Es interesante notar que tanto los proverbios como el quinto mandamiento prometen una larga vida a quienes honran a sus padres y guardan sus mandamientos. “Hijo mío, no te olvides de mi enseñanza, y tu corazón guarde mis mandamientos, porque largura de días y años de vida y paz te añadirán” (Pr. 3:1-2).
  • En lo posible, cuidar de sus necesidades físicas: La NIV Cultural Backgrounds Study Bible [Biblia de estudio NVI de Contexto Cultural] dice que, en el contexto original, honrar a los padres incluía velar por su bienestar físico en la vejez. “Como mínimo, esto habría incluido el suministro de provisiones para subsistencia”.
  • Poner a Dios en primer lugar: Siempre es importante recordar el contexto inmediato del versículo que estudiamos. El mandamiento a honrar a los padres va después del mandamiento a honrar y adorar exclusivamente a Dios. Dios es supremo sobre toda otra relación y debe ser temido, honrado y obedecido por encima de cualquier otra autoridad humana. En otras palabras, debemos honrar y obedecer a nuestros padres, siempre y cuando pongamos la obediencia a Dios en primer lugar.

Honra a tu padre y a tu madre, ¿qué es eso?

 El propósito principal por el cual Dios creó padres e hijos

Dios pudo haber planeado la multiplicación y desarrollo humano de muchas maneras diferentes, pero Él decidió hacerlo por medio de la familia. En Su plan estaba un padre y una madre que criaran hijos que a su vez repetirían el proceso. Pero el propósito de este proceso, de esta relación entre padres e hijos, va más allá de su belleza o de su practicidad. Dios creó la relación entre padres e hijos para proveernos un lenguaje con el cual poder revelar algo de Su gloria, Su carácter y Su plan de redención.

De esta manera, usando su diseño de la familia, Dios se revela como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios revela su plan de salvación diciendo que es “a fin de llevar a muchos hijos a la gloria” (He. 2:11, NVI). Y Dios revela el evangelio diciendo que “envió a su hijo unigénito para que todo aquel que en el crea no se pierda, mas tenga vida eterna” (Jn. 3:16).

Cristo en el quinto mandamiento

Este tema bíblico de la familia es muy general y contiene diversas ramificaciones que las Escrituras van desarrollando orgánicamente a medida que progresa la revelación del Antiguo al Nuevo Testamento. Jesús es el clímax de la revelación bíblica y Él desarrolla el significado de este mandamiento más que ningún otro maestro en la Biblia. Pero, ¿de qué manera Jesús desarrolla el propósito de este mandamiento? ¿Cómo el Maestro nos explica el cuarto mandamiento?

  • Jesús ejemplifica el mandamiento

La primera forma en la que Jesús expande y mejora nuestro entendimiento del quinto mandamiento es ejemplificándolo perfectamente para nosotros. El obedeció a sus padres terrenales, pero siempre poniendo en primer lugar a su Padre celestial (Lc. 2:45-49; Mr. 3:32-33). Jesús es un mejor y más grande Isaac que honró o glorifico a Su Padre hasta la muerte. “Padre, glorifica tu nombre. Entonces vino una voz del cielo: Y le he glorificado, y de nuevo le glorificaré” (Jn. 12:28).

Por la obediencia hasta la muerte de este segundo Isaac se compró nuestra redención eterna. “Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen” (He. 5:8-9).

  • Jesús enfoca el mandamiento

Aunque Jesús reafirma el mandamiento antiguo tal y como está (Mr. 7:10-11), Él dedica la mayor parte de Su tiempo y energías dándole un nuevo enfoque a la relación de padres e hijos. Los días finales que Jesús ha inaugurado llaman a un compromiso radical con un discipulado que puede costarlo todo, incluso la relación entre padre e hijos. “Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre y madre, a su mujer e hijos, a sus hermanos y hermanas, y aun hasta su propia vida, no puede ser mi discípulo” (Lc. 14:26).

Jesús está más interesado en salvar nuestras vidas y hacernos sus discípulos que en mejorar nuestras relaciones terrenales con nuestros padres. “No penséis que vine a traer paz a la tierra; no vine a traer paz, sino espada. Porque vine a poner al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su misma casa” (Mt. 10:34-35). Es como si Jesús estuviera diciendo: Que nuestra relación con nuestros padres reflejen obediencia a Dios y compromiso radical con Jesucristo.