“Entonces Noemí dijo: Mira, tu cuñada ha regresado a su pueblo y a sus dioses; vuelve tras tu cuñada. Y Noemí dijo a sus dos nueras: Id, volveos cada una a la casa de vuestra madre. Que el Señor tenga misericordia de vosotras como vosotras la habéis tenido con los muertos y conmigo.  Que el Señor os conceda que halléis descanso, cada una en la casa de su marido. Entonces las besó, y ellas alzaron sus voces y lloraron, y le dijeron: No, sino que ciertamente volveremos contigo a tu pueblo. Entonces Noemí dijo: Mira, tu cuñada ha regresado a su pueblo y a sus dioses; vuelve tras tu cuñada” (Rt. 1:8-10,15).  

Orfa era una buena mujer, una buena hija, una buena esposa, una buena nuera; compasiva, misericordiosa, cuidaba los ancianos y amaba a Rut como su amiga. Amaba a su suegra y la respetaba. Eran unidas en sus lazos familiares, unidas también por su dolor. Eran Tres mujeres viudas.  

No conocemos el origen de Orfa ni sus parientes, su nombre significa “de doble ánimo, o de doble mente”. Era incrédula de nacimiento como todas nosotras que nacimos sin Dios, nacemos muertas en delitos y pecados separadas de Dios, no lo buscamos, sino que Él nos llama al arrepentimiento mediante la Fe.  

Así llamó Dios a Orfa,  dándole oportunidad de escuchar el evangelio, de creer, de ser salva al ser llevada por Dios al seno de una familia creyente y casarse con su esposo Quelión. Pero la incredulidad la venció. 

Luego de 10 años de matrimonio murió su esposo, y ahora debe decidir si quedarse en su país o irse. Ella como cualquier mujer normal estaba llena de dudas, había llegado el momento de decidir si debía irse a Belén con Noemí, una mujer amargada, quizás llorosa y llena de lamento (era más difícil para Noemí que para Rut y Orfa, “pues la mano del Señor se ha levantado contra mí”). 

Orfa aunque apreciaba su suegra y su cuñada ¿podría soportar por el resto de sus días tanta queja y dolor? Ya suficiente tenía ella con su propio dolor de no haber tenido hijos y de no tener su esposo. 

Ella debía tomar una decisión. Y así como el viejo refrán: “¿a dónde va Vicente? a donde va la gente”, sin convicción decidió empezar a caminar con Noemí, porque Rut tambien iba y estaban ambas muy decididas en lo que querían hacer. 

¿Qué pensaría Noemí y Rut de ella si expresaba sus dudas, si era transparente y abría su corazón?  ¿Le dirían que era una mujer falta de fe y sin amor a Dios?  

Nosotras muchas veces necesitamos de alguien que nos lleve a la Palabra y nos explique siendo sincera, honesta y transparente. A menudo debemos con ansias, y con desespero clamar y  buscar el rostro de Dios antes de tomar una decisión. Preguntar a Dios por dirección sobre: ¿Cuál es Su voluntad? ¿Qué debemos hacer?   

En muchas ocasiones somos mujeres emocionalmente perturbadas. Solemos estar llenas de temor a sufrir necesidad económica, a quedarnos solas. Quizá somos indecisas, inseguras, sin confianza en Dios. 

Orfa estaba casada con Quelión quizá vio en la familia las veces que guardaban la ley, seguramente memorizó parte de los estatutos; oyó de los milagros del Dios vivo, aunque quizá tenía preguntas como las siguientes: ¿Por qué si Dios es bueno, murió mi esposo y me quedé sola? ¿Acaso entiende Dios mi dolor? ¿Por qué Dios permite el sufrimiento? 

Es muy difícil ver la bondad de Dios cuando las cosas salen mal, cuando hay escasez, soledad y cuando esperamos recibir aquí y ahora todas las recompensas y promesas. Dios es invisible con un reino que no tiene fin.  

Cuando creo en el evangelio de la prosperidad que dice que todo me saldrá bien y que no me faltará nada, es cuando me olvido del reino de los cielos. 

Orfa, como algunas de nosotras, no tenía convicciones. Quizá hacia las cosas porque su esposo lo hacía, tal vez se sentía obligada porque no quería quedar mal. Probablemente Orfa quería agradar y complacer a los demás (Rt. 1:9-14). 

Noemi presionaba que se volvieran a sus familias, cultura y país; pues ella tomó la decisión de regresar al suyo aunque fuera humillada por una mal decisión, aunque los demás la juzgaran  creyendo que estaba maldecida por Dios por irse a un país pagano y a los enemigos de Dios.  

Rut tomó una decisión y escogió bien, dejó de lado y  rechazó a los dioses paganos. Mientras que Orfa toma una decisión fatal. Escogió a Moloc, el dios de Moab, para servir a su vientre.  Probablemente Noemí estudió a las dos jóvenes, sobre su piedad aparente, pero había notado que había mucha influencia de sus costumbres anteriores.  

Dios puso a Orfa a prueba y ella reprobó. Miró a Noemí ya vieja, miró a dos mujeres pobres viudas, solas, sin futuro; y  miró a Moab, pueblo fructífero y próspero, pero se olvido de Dios. Escogió entre Moloc y Jehová y rechazó el futuro aparentemente incierto, inseguro.  

Ella no dijo “tu Dios será mi Dios, tu pueblo será mi pueblo”. Le dio la espalda a Jehová. Moab estaba en su mente, corazón y afectos; sus dioses, su país, sus costumbres eran más fuerte que ella.  Ella volvió a la oscuridad y perdió la oportunidad de ser de la línea de Jesucristo, de la genealogía del Señor.  

En ese camino hacia Belén se estaba develando el plan de redención, de la cruz y del evangelio. Ella escogió las moradas del pecado y se negó a la vida abundante en Dios. Ella escogió la desesperación y la perdición. Escoged hoy a quién habéis de servir: si a los dioses que sirvieron vuestros padres, que estaban al otro lado del Río, o a los dioses de los amorreos en cuya tierra habitáis; pero yo y mi casa, serviremos al Señor” (Jos. 24:15).  

La única oportunidad 

Ellas alzaron su voz y lloraron (Rt. 1:14), pero el llanto y los gritos no son señal de verdadero arrepentimiento. Las emociones no son signo de que nos dolemos por nuestro pecado, ni de que Dios nos ha dado arrepentimiento, sino el que haya un giro, un cambio en nuestra vida, una transformación. 

La decisión que debió tomar Orfa, fue tomada por Rut.  

Pero Rut dijo: No insistas que te deje o que deje de seguirte; porque adonde tú vayas, iré yo, y donde tú mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios” (Rt. 1:16). 

La convicción que le faltó a Orfa la tenía Rut.  

“Donde tú mueras, allí moriré, y allí seré sepultada. Así haga el Señor conmigo, y aún peor, si algo, excepto la muerte, nos separa” (Rt. 1:17). 

Que el Señor nos ayude a escoger entre lo bueno y lo mejor. Bendiciones. 

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Vilma Mata de Méndez
Vilma Mata de Méndez, es consejera, entrenada por Faith Biblical Counseling y maestra de Estudios Bíblicos. Tiene un certificado Estudio de mujeres de AACC. La salvó el Señor en sus años de universidad cuando estudiaba Arquitectura. Está casada hace 30 años con el pastor Luis Méndez, tienen tres hijos, dos casadas. Sirvieron 11 años en Minneapolis, Minnesota bajo el ministerio del pastor John Piper, donde tomó clases de Fundamentos de Teología. Hoy día entrenan a consejeros bíblicos en la Iglesia Bautista Internacional y sirven a los jugadores de béisbol y a sus esposas en MLB en Arizona, lugar donde residen.