El Día del Trabajador es uno de los pocos días festivos no religiosos que se celebra en muchos países del mundo. En el mes de mayo, tomamos un descanso de nuestras labores cotidianas para así poder descansar. Y al descansar, hacemos bien en recordar y dar gracias. Creo que John Flavel* es la persona que más me ha enseñado el por qué y el cómo debo expresar mi gratitud a Dios. Hoy sigo su legado, a la vez que te explico por qué debes dar gracias a Dios por tu trabajo, cualquiera que sea.

Es la gracia de Dios el que puedas ser industrioso en lugar de ocioso. Flavel dice: “El pecado trajo consigo el sudor, pero ahora el no sudar aumenta el pecado. El que vive ociosamente no puede vivir honestamente”. Las advertencias de la Biblia sobre la pereza y la ociosidad son muchas y son severas. Así que cuando Dios te da una vocación que es legal y moral, te ha dado un gran beneficio. Te ha dado la bendición de permitirte ganarte la vida. Tu arduo trabajo te permite evitar las tentaciones de la ociosidad para así encargarte de tus propias necesidades en lugar de tener que depender de otros. Es más, a través de la provisión de Dios para ti, tienes suficiente para proveer a aquellos que no pueden proveerse a sí mismos. Al final, es más bienaventurado dar que recibir.

Es la gracia de Dios que tengas un trabajo que sea legítimo ante Dios y los hombres y especialmente adecuado para ti. Hay mucha gente que está empleada en trabajos que son pecaminosos o incluso ilegales. “No sólo pecan en sus empleos, sino que sus mismos empleos son pecaminosos”. Tener un trabajo que no deshonra a Dios ni a los hombres no es una simple expresión de misericordia. Tener un trabajo adecuado a tus deseos y habilidades es una expresión de doble misericordia. Además, si tu trabajo te permite mantenerte a ti mismo y a los demás sin hacerte trabajar hasta los huesos, sin consumir todas tus horas libres, tienes más razones para agradecer a Dios por lo que te ha dado.

Es la gracia de Dios que te ha dirigido hacia el tipo de trabajo que ni tú ni tus padres hubieran esperado tener. Puede que estés involucrado en un trabajo que tus padres no planearon que hicieras, y quizás uno que ni siquiera tú planeaste hacer. Así como la aguja de una brújula gira de un lado a otro antes de apuntar hacia el verdadero norte, así “un niño está diseñado para esto, luego para aquello, pero al final se establece en ese tipo de empleo que la providencia de Dios ha orquestado para él”. Muchos de nosotros podemos testificar que “No lo que nosotros o nuestros padres, sino lo que Dios diseñó, eso es lo que tendrá lugar”. Este ha sido el caso conmigo, por lo que alabo a Dios y estoy grandemente agradecido con Él por su bondad y su sabiduría al darme una pasión por escribir y luego permitirme hacerlo.

Es la gracia de Dios que Él guarde lo que tú has obtenido como fruto de tu trabajo. El favor de Dios para contigo es lo que te ha permitido obtener lo que tienes. Ese mismo favor es lo que te ha permitido conservar lo que has obtenido.

Es la gracia de Dios que tu vocación es suficiente para ti. Algunas personas tienen trabajo, pero no la fuerza necesaria para completarlo. Algunos tienen la fuerza, pero no hay trabajo en el que puedan dedicarse. Algunos tienen tanto la fuerza como el trabajo, pero aún así no es suficiente para mantenerse a sí mismos o a otros. Si Dios bendice tu trabajo para darte lo suficiente o incluso más que lo suficiente para satisfacer tus necesidades, debes alabarlo y darle las gracias.

¿Sigues estando descontento? Si alguno de los que teme a Dios se quejara de que, aunque tiene una vocación, sin embargo es una vocación dura y laboriosa, que le quita demasiado tiempo que con gusto emplearía en otro trabajo mejor, le respondo que es probable que la sabiduría de la providencia de Dios ha previsto que este sea el empleo más adecuado y apropiado para ti; y que si tuvieras más tranquilidad y descanso, podrías tener más tentaciones que las que tienes ahora. La fuerza y el tiempo que ahora te ocupan tus labores diarias, en las que sirves a Dios, podrían haber sido utilizadas en tales pecados en los que podrías haber servido al diablo.

Mientras descansas de tu trabajo, ¿por qué no te tomas un poco de tiempo para agradecer a Dios por tu trabajo? No importa en qué consista, este es una evidencia de Su bondad y misericordia hacia ti.

*Inspirado en el Misterio de la Providencia de John Flavel. Puedes adquirirlo gratuitamente aquí