Mi respuesta simple y directa es esta: sí. Sin salvedades. Sin reservas. Sólo, sí. Aquí hay unas cuantas razones por las que me siento tan fuertemente comprometido con esto:

Para un pastor, el domingo es un día de trabajo

Sé que es el día del Señor.  Sé que algunos pastores están predicando el domingo y otros no.  Sin embargo, mientras la mayoría se toma un descanso de su rutina semanal el domingo, el pastor está experimentando la cúspide de la misma.  El domingo es un día alegre, pero también es un día emocionalmente agotador y está lejos de ser tranquilo y relajado.

Un pastor nunca deja realmente el trabajo

No importa cómo pasemos las noches o cuánto lo intentemos, el pastor nunca termina su trabajo. Incluso si el teléfono no suena o nadie pasa a verlo, el sermón sigue en la mente y el corazón, la batalla de ese santo anciano contra el cáncer sigue pesando sobre los hombros, y no hay un reloj que marquemos que mágicamente nos haga olvidar las cargas del cuidado de las almas hasta las 9:00 de la mañana siguiente. Aunque las cargas nunca se van del todo, un día en el que podamos intentar centrarnos en nuestras familias y escapar de la rutina diaria es inestimable para nuestra alma y para nuestra resistencia en el ministerio a largo plazo.

Un pastor necesita un tiempo regular donde su familia sepa que son los primeros

Hay muchos sacrificios y cruces que la familia del pastor debe soportar. Por eso, tomarse un día en el que saben que serán “el foco de atención de papá” les ayuda a entregar a papá a la actividad de los otros días. Hay pocas maneras como esta, tan efectivas en que el pastor puede comunicar su amor por su familia: apartando un día para ellos, que está programado regularmente y que, a pesar de la locura, llegará pronto.

Una de las mejores decisiones que he tomado en beneficio de mi familia y mi ministerio ha sido comprometerme a un día libre cada semana. Sólo los funerales, las verdaderas emergencias y algunas otras excepciones me hacen cederlo.

Mi día libre es el viernes porque es el que mejor se ajusta a nuestro horario. Escoge un día que funcione mejor para ti y tu familia. El punto es elegir un día. Hazle saber a tu familia y a la iglesia cuándo será y apégate a él. Todavía me las arreglo para trabajar unas 50-60 horas a la semana con un día libre. Sólo por esa razón, estoy tan contento de tomarlo. Mi familia lo espera con ansias. Tu familia también lo hará si lo programas en tu semana y lo cumples.