Soldados de Jesucristo

Deja de jugar con el pecado | Gran nube de testigos

Deja de jugar con el pecado

Este es el blog final de una serie de 3 partes sobre el tema de la perseverancia, escrito por Andy Mathieson, plantador de iglesias 20schemes en Lochee, Dundee, Escocia. Haga clic para la Parte 1 y Parte 2.

Así que pasemos del qué al cómo. Puede que estés sentado allí en este momento sintiéndote un poco abrumado, pensando: “Me has dicho que se supone que debo correr la carrera sin perder el tiempo y sin permitir que nada se interponga en el camino, y que tengo que perseverar hasta el final de la carrera, y si no persevero hasta el final, estoy condenado, pero en realidad no me has dicho cómo hacerlo y los maratones son realmente difíciles y ni siquiera estoy seguro de que se pueda lograr correr”. Bueno, anímate, porque consideraremos eso a continuación.

Gran nube de testigos

En primer lugar, déjate animar por la gran nube de testigos, porque nos muestran que la carrera se puede correr y cómo correrla. Nuestro pasaje comienza, “Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos” (He. 12:1), refiriéndonos al capítulo 11 y a los relatos de los santos del Antiguo Testamento. A la luz de esta gran nube de testigos que ahora nos rodean y nos alientan en nuestra carrera, leamos un poco del capítulo 11. ¡De hecho, voy a leer todo un fragmento del capítulo 11!

“Por la fe Abel ofreció a Dios un mejor sacrificio que Caín, por lo cual alcanzó el testimonio de que era justo, dando Dios testimonio de sus ofrendas y por la fe, estando muerto, todavía habla. Por la fe, Enoc fue trasladado al cielo para que no viera muerte; y no fue hallado porque Dios lo trasladó; porque antes de ser trasladado recibió testimonio de haber agradado a Dios. Y sin fe es imposible agradar a Dios; porque es necesario que el que se acerca a Dios crea que Él existe, y que es remunerador de los que le buscan. Por la fe Noé, siendo advertido por Dios acerca de cosas que aún no se veían, con temor preparó un arca para la salvación de su casa, por la cual condenó al mundo, y llegó a ser heredero de la justicia que es según la fe.

Por la fe Abraham, al ser llamado, obedeció, saliendo para un lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber adónde iba. Por la fe habitó como extranjero en la tierra de la promesa como en tierra extraña, viviendo en tiendas como Isaac y Jacob, coherederos de la misma promesa, porque esperaba la ciudad que tiene cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios. También por la fe Sara misma recibió fuerza para concebir, aun pasada ya la edad propicia, pues consideró fiel al que lo había prometido. Por lo cual también nació de uno (y éste casi muerto con respecto a esto) una descendencia como las estrellas del cielo en número, e innumerable como la arena que está a la orilla del mar.

Por la fe Abraham, cuando fue probado, ofreció a Isaac; y el que había recibido las promesas ofrecía a su único hijo; fue a él a quien se le dijo: En Isaac te será llamada descendencia. Él consideró que Dios era poderoso para levantar aun de entre los muertos, de donde también, en sentido figurado, lo volvió a recibir. Por la fe bendijo Isaac a Jacob y a Esaú, aun respecto a cosas futuras.

Por la fe Jacob, al morir, bendijo a cada uno de los hijos de José, y adoró, apoyándose sobre el extremo de su bastón. Por la fe José, al morir, mencionó el éxodo de los hijos de Israel, y dio instrucciones acerca de sus huesos.

Por la fe Moisés, cuando nació, fue escondido por sus padres durante tres meses, porque vieron que era un niño hermoso y no temieron el edicto del rey. Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa. Por la fe salió de Egipto sin temer la ira del rey, porque se mantuvo firme como viendo al Invisible. Por la fe celebró la Pascua y el rociamiento de la sangre, para que el exterminador de los primogénitos no los tocara.

Por la fe pasaron el Mar Rojo como por tierra seca, y cuando los egipcios lo intentaron hacer, se ahogaron. Por la fe cayeron los muros de Jericó, después de ser rodeados por siete días. Por la fe la ramera Rahab no pereció con los desobedientes, por haber recibido a los espías en paz.

¿Y qué más diré? Pues el tiempo me faltaría para contar de Gedeón, Barac, Sansón, Jefté, David, Samuel y los profetas; quienes por la fe conquistaron reinos, hicieron justicia, obtuvieron promesas, cerraron bocas de leones, apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada; siendo débiles, fueron hechos fuertes, se hicieron poderosos en la guerra, pusieron en fuga a ejércitos extranjeros” (He. 11:4-34).

Estos son algunos que están dentro de la gran nube de testigos que ahora nos rodean y nos alientan a correr la carrera hasta el final, y lo que es más importante, nos demuestran que la carrera se puede correr. Podrías estar sentado allí pensando “pero no soy como esos gigantes del pasado, solo soy una persona común, y sinceramente, soy un desastre”, a lo que yo respondería: “ellos también”.

Noé construyó el arca, pero una de las primeras cosas que hizo después de salir del arca fue hacer vino y descarrillarse. Abraham fue un cobarde, Sara se rio en el rostro de Dios cuando escuchó la promesa por primera vez, Isaac fue un poco miedoso, Jacob fue un estafador, Moisés fue un asesino, Rahab fue una prostituta, Gedeón necesitó una señal más, Barac no haría lo que Dios le dijo que hiciera a menos que Débora fuera con él, Sansón era una pesadilla total, Jefté hizo el voto más trágicamente insensato, David fue un adúltero y un asesino.
¿Lo ves?, la verdad es que estos gigantes de nuestra fe estaban tan rotos y arruinados como tú y yo. Lo único que hizo especiales a estos hombres y mujeres fue el Dios en el que confiaron. Así que alégrate de esto: quizás no seas David, pero tienes el Dios de David, y sinceramente, eso es todo lo que necesitas. Si notaste la frase constantemente repetida del capítulo 11, aprendiste cómo estos antiguos héroes corrieron la carrera: Abraham, Moisés, David y todos los demás que han corrido la carrera corrieron por fe, y así es como tú y yo se supone que debemos correr también.

Jesús, el autor y consumador de la fe

Regresa conmigo a nuestro texto. “Por tanto, puesto que tenemos en derredor nuestro tan gran nube de testigos, despojémonos también de todo peso y del pecado que tan fácilmente nos envuelve, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe”. Mira a Jesús, el autor y consumador de la fe.  Me encanta esa frase, y a ti también te debería encantar, porque es el evangelio. Mira a Jesús y no a ti mismo, mira a aquel que hizo por ti lo que nunca podrías haber hecho por ti mismo.

En el corazón del evangelio se encuentran algunas preguntas enormes:

¿Cómo puede un Dios santo y justo perdonar el pecado y juzgar al culpable?

¿Cómo puede un Dios justo justificar a los impíos?

¿Cómo puedo yo, un pecador, cumplir el estándar requerido por un Dios santo y justo?

¿Cómo puedo yo, un pecador, escapar del castigo que merezco?

La respuesta a estas preguntas es “mira a Jesús, el autor y consumador de la fe”. Míralo, Él vivió la vida perfecta que no has vivido. Corrió una carrera perfecta. Él cumplió con los estándares que un Dios bueno, santo y justo requiere. Míralo, Él murió la muerte que mereces, tomando sobre sí tu pecado y la ira de Dios contra el pecado y los pecadores. Mírenlo, Él es resucitado y glorificado, victorioso sobre Satanás, el pecado, la muerte y el sepulcro. Míralo, Él ha ascendido al cielo y se sienta a la diestra del Padre, y allí intercede por ti como tu Gran Sumo Sacerdote. Míralo, Él vendrá nuevamente para establecer su reino, juzgar a la tierra, castigar a los culpables y recompensar a los fieles. Míralo a Él y ten seguridad de esto: “el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús” (Fil. 1:6).

Mira a Jesús, el autor y consumador de la fe, y ten valor, confianza y fortaleza para correr la carrera en base a esta gloriosa verdad. Jesús no solo responde a nuestra fe con ayuda. Él es el creador y autor de la fe, y Él es quien trabaja para perfeccionar la fe que crea. Él trabaja para comenzarlo y Él trabaja para completarlo. Nuestra fe se aferra a Jesús por ayuda, porque Jesús primero agarró nuestros corazones por la fe. Mira a Jesús y corre.

La alegría del triunfo

Así que, al llegar al final de nuestro tiempo en este pasaje, hemos visto que corremos la carrera que tenemos ante nosotros poniendo nuestra fe y confianza en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe, y al hacerlo recibimos la fortaleza y perseverancia, necesitamos desechar todo lo que se cruce en nuestro camino, luchar contra el pecado y llegar a la línea de llegada. Y es la línea de llegada donde encontramos nuestra motivación final para correr la carrera, porque es ahí donde la recompensa nos espera. Nuestro pasaje nos dice que Jesús soportó la cruz por el gozo puesto delante de Él, y que, al igual que nuestro Salvador, nosotros también debemos soportar las dificultades, las batallas y las pruebas que se nos presenten por el gozo puesto delante de nosotros.

En Romanos 8:18, el apóstol Pablo escribe: “Pues considero que los sufrimientos de este tiempo presente no son dignos de ser comparados con la gloria que nos ha de ser revelada”.

Es posible que hayas leído la declaración de fe de 20Schemes. Me encanta la parte final de esa declaración de fe porque nos recuerda la gran recompensa que espera a aquellos de nosotros que corremos la carrera.

La restauración de todas las cosas: Creemos en el regreso personal, glorioso y corporal de nuestro Señor Jesucristo con sus santos ángeles, cuando Él ejercerá su papel como Juez final, y su reino se consumará. Creemos en la resurrección corporal de ambos, los justos y los injustos, los injustos para el juicio del consciente eterno castigo en el infierno, como nuestro Señor mismo enseñó, y los justos a la bendición eterna en presencia de Aquel que se sienta en el trono y del Cordero, en el cielo nuevo y la tierra nueva, el hogar de la justicia. En ese día la Iglesia será presentada sin mancha delante de Dios por la obediencia, el sufrimiento y el triunfo de Cristo, todo pecado purgado y sus desdichados efectos para siempre desterrados. Dios será todo en todos y su pueblo estará cautivado por la inmediatez de su indescriptible santidad, y todo será para la alabanza de su gloriosa gracia.

Hermanos y hermanas, llegará el día para aquellos que perseveran hasta el fin, cuando estemos con Jesús en el hogar de la justicia, y todo pecado y sus miserables efectos serán desterrados para siempre y todo será para la alabanza de la gloriosa gracia de Dios. Ese es un premio por el que vale la pena correr.

Voy a terminar con una cita del puritano Thomas Brooks. Él dijo esto: “Tu vida es corta, tus deberes son muchos, tu ayuda grande y tu recompensa segura; por lo tanto, no desmayes, resiste y espera, en el bien hacer, y el cielo recompensará a todos”.

Amén.

Artículo publicado en 20Schemes | Traducido por María Andreina

Andrew Mathieson

Andrew es el pastor principal de LBC y un iniciador de iglesias de 20Schemes, apasionado por ver a Lochee (Escocia) y más allá alcanzadas con las Buenas Nuevas de Jesucristo. Andrew es esposo de Lauren y papá de Talia.

Andrew Mathieson

Andrew es el pastor principal de LBC y un iniciador de iglesias de 20Schemes, apasionado por ver a Lochee (Escocia) y más allá alcanzadas con las Buenas Nuevas de Jesucristo. Andrew es esposo de Lauren y papá de Talia.

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