1. La ética cristiana nos enseña cómo vivir

La ética cristiana pregunta qué nos enseña toda la Biblia acerca de qué acciones, actitudes y rasgos de carácter personal reciben la aprobación de Dios y cuáles no. Esto significa que la ética cristiana nos enseña cómo vivir. 

Es importante estudiar la ética cristiana para que podamos conocer mejor la voluntad de Dios, y para que cada día podamos andar «como es digno del Señor, agradándole en todo» (Col. 1:10).

  1. La ética cristiana se cimienta en el carácter moral de Dios

Dios se deleita en Su propio carácter moral, que es supremamente bueno, inmutable y eterno. Sus normas morales para los seres humanos derivan de Su carácter moral, y por lo tanto se aplican a todas las personas en todas las culturas durante toda la historia (aunque la Biblia también contiene muchos mandamientos temporales destinados sólo a personas específicas en un momento determinado).

Dios es amor, así que nos manda a amar (1 Juan 4:19). Él es santo, y nos manda a ser santos (1 Pedro 1:15). Él es misericordioso, y nos ordena ser misericordiosos (Lucas 6:36). Él es veraz, y nos ordena no dar falso testimonio (Tito 1:2; Éxodo 20:16). El carácter moral de Dios y el hecho histórico de que nos ha dado mandamientos morales proporcionan la base para una respuesta cristiana a la pregunta de cómo podemos pasar de las declaraciones “así es” a las declaraciones “así debe ser” en la ética.

  1. La ética cristiana se basa en la Biblia

Uno de los propósitos de la Biblia es enseñarnos cómo vivir una vida que sea agradable a Dios (Col. 1:9-10; 1 Tes. 4:1; 2 Tim. 3:17). Debido a que es la Palabra de Dios, la Biblia es una autoridad más alta en ética sobre la tradición, la razón, la experiencia, los resultados esperados o las percepciones subjetivas de guianza. Aunque estos otros factores nunca pueden anular la enseñanza de las Escrituras, pueden sernos útiles para tomar una decisión sabia.

  1. La ética cristiana es esencial para la proclamación del evangelio

Algunos oradores cristianos de hoy en día minimizan u omiten cualquier llamado a los incrédulos a arrepentirse de sus pecados, pero el evangelismo en el Nuevo Testamento incluía un llamado al arrepentimiento. Justo antes de regresar al cielo, Jesús dijo a sus discípulos «que en su nombre se predicara el arrepentimiento para el perdón de los pecados a todas las naciones, comenzando desde Jerusalén» (Lc 24:47). De manera similar, Pablo proclamó la necesidad de arrepentimiento a los filósofos griegos paganos de Atenas, advirtiendoles que se acercaba el juicio final: «Dios habiendo pasado por alto los tiempos de ignorancia, Dios declara ahora a todos los hombres, en todas partes, que se arrepientan, porque Él ha establecido un día en el cual juzgará al mundo en justicia, por medio de un Hombre a quien ha designado, habiendo presentado pruebas a todos los hombres al resucitarle de entre los muertos» (Hch 17:30-31; ver Hch 2:38; 3:19; 5:31; 11:18; Heb 6:1). 

El arrepentimiento en el Nuevo Testamento no es simplemente un “cambio de opinión” sino que incluye tanto el dolor por los propios pecados como una resolución interior sincera de apartarse del pecado y volverse a Cristo con fe (Heb 6:1; Hch 16:31).

Pero ¿cómo pueden los incrédulos arrepentirse de sus pecados si ni siquiera saben cuáles son las reglas morales de Dios? No creo que el reavivamiento generalizado llegue a ninguna nación aparte del arrepentimiento general y sincero por el pecado. Por lo tanto, la proclamación del evangelio de hoy debe incluir un elemento de enseñanza sobre las reglas morales de Dios, lo que significa enseñar sobre la ética cristiana.

  1. La ética cristiana nos enseña cómo vivir para la gloria de Dios

El objetivo de la ética es llevar una vida que glorifique a Dios («hacedlo todo para la gloria de Dios» 1Cor 10:31). Tal vida tendrá (1) un carácter que glorifica a Dios (un carácter semejante al de Cristo), (2) resultados que glorifican a Dios (una vida que da frutos abundantes para el reino de Dios), y (3) un comportamiento que glorifica a Dios (una vida de obediencia a Dios, vivida en relación personal con Dios).

Aunque estamos justificados por la fe en Cristo solamente y no por las obras, las extensas enseñanzas del Nuevo Testamento sobre la vida cristiana muestran que nuestra obediencia diaria como cristianos justificados es una parte importante de la vida cristiana. Entender la obediencia de manera correcta requiere que evitemos los errores opuestos del legalismo y el libertinaje.

  1. La ética cristiana  trae numerosas bendiciones a nuestra vida diaria por obedecer a Dios

El Nuevo Testamento enseña al menos diecisiete tipos específicos de bendiciones que vienen a nosotros en relación con la vida en obediencia a los mandamientos de Dios en las Escrituras. Estas bendiciones incluyen el gozo de una comunión más profunda con Dios (Jn 15:10); el gozo de complacer a Dios (2Cor 5:9; Col 1:10); el gozo de convertirse en un vaso para «uso honorable» por parte de Dios (2Tim 2:20-21); el gozo de ser un testigo efectivo para los incrédulos (1Pd 2: 12; 3:1); el gozo de tener más respuestas a nuestras oraciones (1Pd 3:10-12; Santiago 5:16; 1 Juan 3:21-22); el gozo de tener una comunión más estrecha con otros cristianos (1Jn 1:7); el gozo de una conciencia limpia (1Tim 1:5, 19); y varias otras bendiciones.

Dios quiso que la obediencia a Èl no fuera una carga (1Jn 5:3), sino que nos trajera gran alegría. Por esta razón, cuando los cristianos no están «conformados a este mundo» descubrimos que seguir la voluntad de Dios es un camino de vida que es para nosotros «bueno y aceptable y perfecto» (Ro 12:2).

  1. La ética cristiana nos enseña que el pecado voluntario trae varias consecuencias dañinas a nuestra vida diaria

No es muy popular hablar de pecado hoy en día, pero es un tema muy importante en la Biblia. Buscando la palabra castellana «pecado» (y otras palabras con la misma raíz como «pecados» o «pecador») muestra que ocurre 335 veces sólo en el Nuevo Testamento. Y mi copia de la Biblia en la Versión Estándar en Inglés (ESV) tiene 235 páginas en el Nuevo Testamento. (en la Biblia RV60, sumando la palabra “pecadores” aparece 660 veces en 224 paginas. Luego el texto puede seguir como está -Diego Louis-) esto significa que el tema del pecado se menciona de una manera u otra, en promedio, casi dos veces por página a lo largo de todo el Nuevo Testamento. Descuidaríamos un tema tan importante asumiendo el riesgo.

El Nuevo Testamento menciona varias consecuencias dañinas que provienen del pecado voluntario en la vida de un cristiano. Estas consecuencias incluyen una interrupción de nuestra comunión diaria con Dios (Ef 4:30; 1Jn 3:21), la conciencia del desagrado paternal de Dios y la posible experiencia de Su disciplina paternal (1 Cor 11:30; Heb 12:5-11; ver Ap 3:19), y una pérdida de fecundidad en nuestros ministerios y en nuestras vidas cristianas (Jn 15:4-5).

Los cristianos deben orar a diario por el perdón de los pecados (Mt 6:12; 1Jn 1:9), no para obtener la justificación una y otra vez, sino para restaurar nuestra comunión personal con Dios que ha sido obstaculizada por el pecado.

  1. La ética cristiana nos enseña a considerar cuatro dimensiones de cualquier acción, y nueve posibles fuentes de información

La ética cristiana no se ocupa sólo de nuestras acciones correctas y erróneas. Somos personas complejas, y la vida misma es compleja. Por lo tanto, al estudiar la ética cristiana, Dios quiere que consideremos no sólo (1) la acción en sí misma, sino también (2) las actitudes de una persona sobre la acción, (3) los motivos de la persona para realizar la acción, y (4) los resultados de la acción.

Al tratar de conocer la voluntad de Dios, a veces tenemos que tomar una decisión al instante, sin tiempo para reflexionar sobre la situación (ver la historia de José en Génesis 39:12). Pero en otras ocasiones, somos capaces de ponderar una decisión con cierta extensión. Cuando tenemos más tiempo para reflexionar sobre una decisión, podemos considerar hasta nueve posibles fuentes de información y orientación: (1) la Biblia, (2) conocimiento de los hechos de la situación, (3) conocimiento de nosotros mismos, (4) consejos de otros, (5) circunstancias que han cambiado, (6) nuestras conciencias, (7) nuestros corazones, (8) nuestros espíritus humanos, y (9) la guía del Espíritu Santo. Necesitamos la sabiduría de Dios para evaluar estos factores correctamente al tomar una decisión.

  1. La ética cristiana nos enseña que nunca debemos pensar que Dios quiere que escojamos un “pecado menor”

Aunque varios libros de ética evangélica afirman que, de vez en cuando, nos enfrentamos a situaciones de conflicto moral imposible en las que todas nuestras elecciones son pecaminosas y debemos contentarnos con elegir cometer el “pecado menor”, esta idea no se enseña en las Escrituras. Se contradice tanto por la vida de Cristo, «uno que ha sido tentado en todo como nosotros, pero sin pecado» (Heb 4:15), como por la promesa de 1 Corintios 10:13, que dice que Dios siempre proporcionará una «vía de escape».

El punto de vista del conflicto moral imposible se convierte con facilidad en una pendiente resbaladiza que en la práctica real anima a los cristianos a pecar cada vez más.

  1. La ética cristiana nos enseña que el uso del Antiguo Testamento, como guía ética, requiere una comprensión de la historia de la redención

Muchos cristianos han leído el Antiguo Testamento y se han preguntado cómo debemos comprender las leyes detalladas que Dios dio al pueblo de Israel bajo el liderazgo de Moisés. Esto requiere una comprensión de La Historia de la Redención, el progreso general de la historia principal de la Biblia.

El pacto de Moisés, que comenzó en Éxodo 20, terminó cuando Cristo murió. Los cristianos ya no están directamente sujetos a las leyes del pacto mosaico, sino que ahora viven bajo las disposiciones del nuevo pacto. Sin embargo, el Antiguo Testamento sigue siendo una valiosa fuente de sabiduría ética cuando se entiende de acuerdo con las formas en que los autores del Nuevo Testamento utilizan el Antiguo Testamento para la enseñanza ética, y a la luz de los cambios producidos por el nuevo pacto. Los autores del Nuevo Testamento son explícitos al reafirmar todas las reglas morales que se encuentran en los Diez Mandamientos, excepto que no lo hacen con la observancia del sábado como requisito para los cristianos del nuevo pacto.

Comprender el desarrollo progresivo de la Biblia desde el antiguo pacto (bajo Moisés) hasta el nuevo pacto (inaugurado por Cristo) es importante, en especial cuando se piensa en las enseñanzas de la Biblia con respecto al gobierno civil hoy en día. 

Es importante recordar que las sabias leyes de Dios sobre los crímenes y castigos que le dio al gobierno civil de Israel como nación en aquel entonces, son en muchos sentidos diferentes de los sabios propósitos de Dios para los gobiernos civiles de las naciones seculares ahora.

Artículo anteriorEl carácter del cristiano
Artículo siguienteMás que un libro
Wayne Grudem
Wayne Grudem (PhD, Universidad de Cambridge; DD, Seminario Teológico de Westminster) es Profesor Distinguido de Investigación de Teología y Estudios Bíblicos en el Seminario Phoenix, y enseñó previamente durante veinte años en la Trinity Evangelical Divinity School. Es ex presidente de la Sociedad Teológica Evangélica, miembro del Comité de Supervisión de Traducción de la Versión Estándar de la Biblia en inglés, editor general de la Biblia de estudio ESV y autor de más de veinticinco libros.