Doctrinas mortales: el proceso y la protección

[dropcap]H[/dropcap]emos aprendido que la iglesia de cada época ha estado plagada de falsos maestros y sus doctrinas mortales. Hemos conocido a siete de esos falsos maestros y hemos visto la destrucción que causan. Hemos identificado cinco pruebas que podemos aplicar a cualquier doctrina para determinar si es falsa o verdadera. Pero esto nos deja algunas importantes preguntas: ¿de qué manera una iglesia llega a rechazar la sana doctrina? ¿De qué manera nos protegemos de los falsos maestros y sus doctrinas mortales? ¿De qué manera nos protegemos nosotros, nuestras familias, y nuestras iglesias de sus mentiras seductoras? Gracias a Dios, él nos ha dado una clara guía en su Palabra que nos muestra la manera en que las iglesias se precipitan a la doctrina mortal y cómo podemos protegernos de ello.

El patrón de la doctrina mortal

La mayoría de los estudiosos bíblicos concuerdan en que 2 Timoteo es la última carta de Pablo. Él ya casi llega al final de su vida, así que toma su pluma para escribirle una vez más a su joven amigo. En sus últimas palabras a Timoteo, Pablo se asegura de advertirle sobre los peligros de los falsos maestros. «Porque llegará el tiempo en que no van a tolerar la sana doctrina, sino que, llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír. Dejarán de escuchar la verdad y se volverán a los mitos» (2 Timoteo 4:3-4). En estos versos él vislumbra el futuro y describe una iglesia que está siendo socavada y destruida. Esta no es la profecía de la muerte de una congregación específica, sino una descripción general de la muerte de miles de ellas. Él bosqueja cuatro pasos que progresivamente pueden llevar a cualquier congregación de la salud a la muerte.

Paso 1: Rechazar la verdad. Pablo le advierte a Timoteo que las personas «dejarán de escuchar la verdad». El primer paso en la destrucción de una iglesia es un rechazo corporativo de la enseñanza llana de la Biblia. Primero, un individuo se aleja, luego otro, hasta que la mayoría de la congregación comienza a cuestionar lo que alguna vez sostuvieron como verdadero. Esto puede acontecer gradualmente, a medida que se extiende la desconfianza en la verdad revelada de Dios. O puede llegar rápidamente, cuando el amor al mundo estanca el fruto de una congregación. En cualquier caso, lo que alguna vez fue amor a la verdad se convierte en desagrado y luego en repulsión. Lo que alguna vez fue odio al error se convierte en intriga y luego en interés.

Paso 2: Rechazar a los que dicen la verdad. Cuando una iglesia se desvía de la verdad, sus miembros pronto se vuelven contra los que dicen la verdad. Pablo le dice a Timoteo que, en los días futuros, las personas «no van a tolerar la sana doctrina». Tales personas ya no van a tolerar la enseñanza que alguna vez disfrutaron. Dado que han comenzado a cuestionar la verdad, se volverán contra los que con valor la proclaman. Los mismos maestros que una vez los atrajeron y deleitaron comenzarán a repelerlos.

Paso 3: Aceptar a los falsos maestros. Una vez que una iglesia ha rechazado a los que enseñan la verdad, los reemplazará con maestros que les den lo que ellos quieren escuchar. «Llevados de sus propios deseos, se rodearán de maestros que les digan las novelerías que quieren oír». Ahora esta iglesia desea la novedad antes que la verdad, las perogrulladas antes que la exhortación. Quieren religión, e incluso quieren ser llamados «cristianos», con tal de poder mantener el respeto de la sociedad y permanecer agradables para un mundo impío. Así que invitan a falsos maestros para que los guíen a una distorsión más profunda y completa de la verdad.

Paso 4: Adoptar la falsa doctrina. Una vez que las personas han rechazado la verdad y a los que dicen la verdad, y una vez que han hallado maestros que los guíen a la verdad torcida, «se volverán a los mitos». Ahora van a adoptar la herejía total. Se endurecerán tanto en su pecado que elevarán el error al estatus de verdad. En su rebelión, celebrarán en nombre de Dios las mismísimas cosas que Dios detesta. Bajo la dirección de los falsos maestros, adoptarán plenamente la falsa doctrina. Vagarán como ovejas que se han desviado del vigilante cuidado de un buen pastor hacia una manada de lobos.

Pablo bosqueja un trágico progreso que comienza cuando las personas se hastían y se avergüenzan de la verdad. Como ya no quieren soportar la sana doctrina, se deshacen de los predicadores de la verdad y se rodean de falsos maestros que satisfagan sus deseos. Inevitablemente, rehúsan escuchar la verdad y se vuelven a los mitos. Innumerables iglesias han sido destruidas por este proceso mortal.

La protección contra la doctrina mortal

Recordemos que Pablo le está escribiendo al joven pastor Timoteo para instruirlo sobre cómo proteger su congregación. ¿Cómo puede Timoteo evitar que su iglesia sucumba a los falsos maestros y la doctrina mortal? ¿Debería estudiar los métodos de los herejes para poder adelantarse a cada uno de sus movimientos? ¿Debería estudiar la doctrina de los herejes para poder refutarla punto por punto? Pablo ofrece una solución mucho más simple: predicar. «Predica la Palabra; persiste en hacerlo, sea o no sea oportuno; corrige, reprende y anima con mucha paciencia, sin dejar de enseñar» (2 Timoteo 4:2).

La solución a los falsos maestros y las doctrinas mortales no es obsesionarse con las falsedades, sino seguir la verdad. La iglesia que se mantiene fiel a Dios es la iglesia que se mantiene fiel a la Palabra de Dios. Lo que sigue es la forma en que Pablo le dice a Timoteo —y a cada uno de nosotros— que proteja la iglesia del patrón de la doctrina mortal.

Predicar la Palabra. La iglesia que desea permanecer saludable debe predicar la Palabra de Dios. La predicación solo es tan poderosa como su fidelidad a la Biblia. La forma más fiel de predicar la Palabra es predicar de manera expositiva. Asegurarse de que la idea central de un pasaje se convierta en el tema central del sermón. Esta forma de predicar restringe al predicador a la Palabra de Dios y le asegura a la congregación que cada palabra está extraída fielmente de la Escritura.

Predicar con persistencia. La iglesia debe persistir en esta predicación, «sea o no sea oportuno». Hay momentos cuando se ama la predicación de la Biblia y se la considera eficaz, y hay momentos cuando se la odia y se la considera ineficaz. Hoy escuchamos a muchos supuestos expertos decir que la predicación expositiva está muriendo, y que pronto causará que una iglesia mengüe y se derrumbe. Pero este tipo de fiel predicación basada en la Palabra debe ser central para la iglesia sea o no sea oportuno, cuando sea popular o impopular.

Predicar para la aplicación. La predicación debe involucrar un elemento de enseñanza de los hechos de la Biblia, pero también debe «corregir, reprender y animar». Siempre debe tener una dimensión práctica que se dirija al corazón del oyente y confronte su incredulidad. Mientras que la enseñanza tiene el propósito de acumular datos, la predicación tiene el propósito de salvar almas, de transformar vidas, y motivar una vida santa. La predicación fiel confronta y corrige la falsa doctrina y los patrones de vida pecaminosos (corregir, reprender), y capacita e incentiva las cosas que honran a Dios (animar).

Predicar con paciencia. La iglesia debe continuar con ese tipo de predicación «con mucha paciencia». Una congregación jamás debe cansarse de este tipo de predicación y jamás perder la confianza en su beneficio y eficacia. Nunca debe pedirles a sus pastores algo adicional a la Escritura, nunca titubear en su compromiso con la fiel exposición de la Palabra de Dios como el centro mismo de la adoración cristiana.

Predicar la sana doctrina. Finalmente, la predicación de Timoteo debe tener un elemento de enseñanza doctrinal. La predicación debe estar llena de verdad cristiana. Debe comunicar toda la verdad de Dios de toda la Palabra de Dios. La gente que se aleja de Dios no soportará la sana doctrina, pero los que siguen a Dios la requerirán y la exigirán. La mejor predicación está llena de sana doctrina y jamás contradice la sana doctrina. El tipo de predicación que Pablo pide enseña todo el consejo de Dios predicando toda la Palabra de Dios.

El llamado a cada cristiano

Pablo mira a un futuro en el que las personas no tolerarán la verdad, y le dice a Timoteo que permanezca fiel a su llamado central: conducir la iglesia con y a través de la Palabra de Dios. Fue el encargo de Pablo a Timoteo hace dos mil años y ese encargo sigue vigente para ti y para mí. Como pueblo de Dios que vive en una época de comezón de oír, debemos permanecer comprometidos con nada menos que la fiel predicación semanal de la preciosa Palabra de Dios.

Individualmente, somos responsables de hallar y adherirnos a tal iglesia. En conjunto, somos responsables de edificar tales iglesias y asegurarnos de que continúen predicando fielmente la Palabra de Dios. La iglesia saludable es la iglesia que predica, la iglesia firmemente cimentada en la Palabra de Dios.