El 13 de marzo mi familia y yo nos enteramos que el Covid-19 había llegado a nuestro país. El presidente rápidamente llamó a un estado de cuarentena, y todo cambió. De repente al siguiente día no podíamos salir, con horarios restringidos, lugares públicos cerrados, noticias de muertes, y eventos familiares cancelados. Creo que nadie pensó que estaríamos en medio de una pandemia en cuarentena dentro de nuestros hogares.

Todos estamos conscientes de las diferentes enfermedades, problemas del mundo, culturales y políticos, así como las diversas situaciones ambientales que existen.

Pero, ¿estábamos preparados para esto que ahora vivimos? Honestamente, creo que no y mucho menos con experiencia o conocimiento sobre qué hacer. Varios doctores, químicos, infectólogos, quizás tenían una idea, pero tampoco estaban preparados totalmente. El mundo entero ha sido puesto en jaque.

El antes

Este virus nos vino a mover la alfombra. Nos tomó por sorpresa en medio de planes hechos, viajes y vacaciones pagadas, bodas planificadas, y demás. Otra estaban lidiando con sus luchas, prioridades desordenadas, preocupaciones sin resolverse, intentando pagar las cuentas pendientes, colegios, universidad.

No sé donde te encontrabas en tu vida, quizás Dios estaba tratando con tu corazón en alguna área, o que problema estabas enfrentando. Otros estaban muy cómodos en el hacer y cumplir, viviendo monótonamente. Lo seguro es que la mano soberana de Dios está usando este virus para sacar a todos de su comodidad y llamar la atención a Él. 

Cuando el pueblo de Israel estaba por ser liberado de Egipto, no tenía idea de la lucha con la que se enfrentaría aún en la libertad. Sólo anhelaban estar libres de la mano física de los egipcios, pero no sabían que Dios estaba tratando sus corazones. Dios los llevaría a un camino difícil, porque su mayor problema era el pecado, no los egipcios. Su mayor problema estaba en sus corazones idólatras, aun viendo las maravillas de su Dios. Nosotros no somos tan diferentes a este pueblo.

Entramos a este tiempo desarmados. No tenemos control absoluto de las circunstancias difíciles que estamos viviendo. La reflexión es que, como cristianos que hemos sido amados, apartados y escogidos por Dios, podamos examinar nuestras vidas a la luz del evangelio. ¿Con qué cargas empezaste este tiempo? ¿Qué fue lo que más te afligió? ¿Qué te molestó que ya no podrías hacer o tener? ¿Cómo tu vida familiar fue afectada o favorecida? ¿Cómo estaba tu relación con Dios?

El ahora

Muchos países aún estan en cuarentena. Por voluntad de nuestro Dios soberano el mundo está de cabeza. Nada se ha salido de su control. Él sigue sentado en Su trono majestuoso, maravilloso, reinando para Su Gloria. Hemos pasado más tiempo en casa con los nuestros sabiendo que Dios está obrando en medio de nosotros pues empezó con Su Iglesia, en los hogares, en sus corazones.

Esta prueba no es es el verdadero problema sino el pecado que inició en Genesis 3. Todos los seres humanos somos pecadores, no queremos buscar a Dios, (Ro 3:23), Por naturaleza queremos hacer nuestra voluntad pretendiendo no necesitar de Dios, tomándonos de nuestra habilidad o inteligencia para llevar nuestra vida. Aun siendo cristianos, tendemos a buscar a Dios sólo en necesidad como el pueblo de Israel. Hoy Dios nos está llamado a regresar a la Cruz donde somos verdaderamente libres, (Jn 8:36).

Dios inició en el hogar. Es el escenario donde el pecado ha salido a luz, nuestros ídolos, respuestas de preocupación, angustia, tristeza, dolor, enojo, incertidumbre, depresión, miedo, y podría enumerar muchas mas. Todo esto nos llama a preguntarnos: ¿de quién hemos dependido? ¿Dónde ha estado nuestra seguridad? ¿Qué ocupa el centro de nuestro corazón? ¿Quién es nuestra esperanza? ¿Cristo está gobernando tu vida, tus decisiones, tus pensamientos y acciones? ¿Cómo has mostrado amor a tu familia en este tiempo? ¿Qué no estabas haciendo?

El dolor se ha incrementado en el mundo y en la iglesia de Cristo.  La necesidad del evangelio es mas latente. Nuestros hogares no son la excepción. Dios está formando corazones humildes, adoradores en espíritu y en verdad, por lo que hemos recibido por gracia en Cristo. El llamado es a ser intencionales en reflejarlo con nuestra familia primeramente. ¿Cómo estás usando este tiempo para el bien de ellos? No esperemos un exilio más doloroso, es ahora el llamado de Dios a volver a Él.

Nuestras relaciones también son afectadas en cuanto a nuestro egoísmo. Hoy, ya no es sólo decir “lo entiendo”, el llamado es a mostrar compasión como Cristo lo hizo con nosotros. Puede ser muy fácil aislarnos o solo preocuparnos por lo que nos acontece. Dios nos permite pasar esta prueba para exhortarnos unos a otros con la esperanza y seguridad que tenemos en Cristo, porque todos estamos sufriendo.

En lo personal, soy el primero en reconocer que esta prueba ha sacado a luz mis pecados y cuánto necesito de su amor y misericordia. Cuán agradecido estoy con Dios por este tiempo. El dolor no es en vano, porque hoy ya no son sólo palabras, sino convicción de decir: Cristo es lo más importante, es suficiente para mi corazón. Nada más puedo atesorar, sino Cristo.

En medio de esta pandemia, podamos hacer una retrospectiva de nuestra vida en el antes, como empecé, y en el ahora, para ponernos a cuentas con el Señor, evaluar cómo estábamos pero más importante, cómo queremos salir.

La exhortación es a meditar en la gran oportunidad que tenemos de crecer en nuestra relación con Él, aún si esto conlleva abrazar la soberanía de Dios que no entendíamos, o el dolor en Cristo que no deseábamos. Todo en Él tiene un propósito, siempre será para Su gloria y bien de nuestra alma.

La esperanza

Tenemos la plena esperanza en Cristo. En El confiamos por lo que El ya hizo en la cruz al perdonar nuestros pecados y comprarnos para Él. Su amor sacrificial nos atraiga, nos humille para exaltarlo en dar gracias que sin merecerlo nada de lo que pueda pasar o venir nos separa de su amor, (Ro 8:35). 

No sabemos cuánto tiempo pasaremos en este mundo porque no somos de este mundo. Pero mientras transitamos estamos para servirle, reflejarle a un mundo lastimado por el pecado, y a Su Cuerpo que necesita el evangelio diariamente.

Hermano, busca al Señor más, aprovecha el tiempo que tienes para examinar que áreas no has rendido a El, y responde en obediencia. Por medio de Él puedes vivir con humildad, gozo y confianza que pase lo que pase Él te perfeccionará.

La exhortación es que podamos dar gracias por lo que tenemos y por lo que no tenemos. Él es nuestra mejor porción que ya recibimos y no perderemos. Él es nuestra mayor herencia y nuestro completo gozo. Las circunstancias no nos definen porque nuestra seguridad está en Él. En Él estamos completos, somos amados, y estamos siendo santificados para verle un día eternamente.