Como cristianos, todos queremos crecer en madurez espiritual y en nuestra semejanza a Cristo. Al menos, espero que sea así. Todos queremos convertirnos en lo que somos en Cristo, dejar a un lado conductas de pecado e injusticia y reemplazarlas con conductas de santidad. En última instancia, queremos ser como Cristo, pensar como Él pensaba y comportarnos cómo Él se comportó. Hacemos bien en aspirar a los más altos estándares de santidad y piedad.

La Biblia presenta un grupo de personas que están para servir como modelos de madurez cristiana: Los ancianos ( a veces denominados ancianos, y otras veces pastores u obispos). Los ancianos están calificados para su oficio, principalmente sobre la base de su carácter. Mientras que la Biblia demanda una cualidad relacionada con una habilidad (la capacidad de enseñar) y otra relacionada con la cantidad de tiempo que un hombre ha sido cristiano (no un recién convertido), todos los demás requisitos están relacionados con el carácter. Sin embargo, aunque estas cualidades se exigen de los ancianos, no son exclusivas de los ancianos.

D.A. Carson ha dicho que la lista de requisitos para los ancianos es “notable por no ser nada especial”. ¿Por qué? Porque estos rasgos se repiten en otros lugares como cualidades que deben estar presentes entre todos los creyentes. Carson dice: “Los criterios mencionados se exigen a todos los cristianos en todas partes; que es otra manera de decir que los ancianos son, ante todo, los primeros en ser ejemplo de las virtudes cristianas que se presuponen como mandatos a todos los cristianos”. Toda iglesia debe estar llena de hombres y mujeres que evidencien estas características.

Esto significa que si quieres crecer en santidad, un buen lugar para comenzar es conociendo e imitando las cualidades de carácter de los ancianos. Hoy comienzo una nueva serie sobre el carácter de un cristiano y voy a estructurar la serie en torno a estas cualidades del carácter. Quiero responder a preguntas como las siguientes: ¿De qué manera se superponen los requisitos de un anciano y la vocación de todos los cristianos? De manera muy práctica, ¿cómo se evidencian esas cualidades en la vida del creyente? ¿Cómo puedo saber si estoy mostrando estas virtudes? Y ¿cuál es la mejor manera de orar por ellas en mi propia vida?

¡Espero que me acompañes a considerar cómo estimularnos unos a otros al amor, a las buenas obras, y a ser cada vez más como Cristo! Espero que me acompañes para que aprendamos juntos cómo podemos ejemplificar las más altas virtudes cristianas. Creo que iré progresando a través de la serie de la siguiente manera:

  1. Introducción
  2. Irreprensible
  3. Hombre de una sola mujer (y mujer de un solo hombre)
  4. Prudente, con dominio propio, respetable
  5. Hospitalario
  6. Sobrio, amable, pacificador
  7. No amante del dinero
  8. Un líder en el hogar
  9. Maduro y humilde
  10. Respetado por los de afuera

Esta serie se iniciará con la cualidad que sirve como resumen o “sombrilla” para el resto de ellas: la cualidad de ser irreprensible, de ser irreprochable y libre de cualquier gran defecto de carácter y comportamiento. Cada semana se estará publicando un artículo.

(Nota #1: Hay tres textos que consideramos cuando se habla de los requisitos de un anciano: 1 Timoteo 3: 2-7, Tito 1: 6-9 y 1 Pedro 5: 1-3. Cada uno de estos tiene elementos comunes, pero cada uno también tiene elementos únicos. Llegamos a una adecuada comprensión de las calificaciones de los ancianos cuando vemos los tres pasajes juntos. Esto es lo que haremos en las próximas semanas. Nota #2: para el desglose de las cualidades del carácter, tengo la intención de seguir el patrón que Thabiti Anyabwile utiliza en su obra que escribió en 2012 “Finding Faithful Elders and Deacons” (Hallando ancianos y diáconos fieles).


Este artículo fue publicado originalmente en inglés en Challies.com.