El carácter que pasa por fuego

Estudio biblico

El carácter que pasa por fuego
Mujeres en su Palabra

 
 
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Hola, ¡muy buen día y bienvenida a Mujeres en Su Palabra! Te saluda desde México, Liliana Leyva. Es un privilegio para mí colaborar en Iniciativas Femeninas y ser parte del ministerio Soldados de Jesucristo.

El día de hoy continuamos con el estudio del libro de Rut. Hoy estaremos estudiando el capítulo 2, versículos 1 al 7.

En los podcasts anteriores hemos descubierto que los eventos de este libro se sitúan cronológicamente en los turbulentos años de los Jueces, sin embargo, hoy empezaremos a ver cómo en medio de este desierto aparece un oasis de nuevo ánimo y esperanza para quienes deciden seguir a Dios a pesar de las consecuencias y decisiones equivocadas de la vida pasada.

Hoy descubriremos a través de este texto de la Biblia, los rasgos de carácter de cada uno de los personajes que traerán enseñanzas valiosas a nuestra vida.

Antes de comenzar, oremos juntas para poner este tiempo en manos de Dios: Padre bueno, muchas gracias por permitirnos estudiar y aprender de tu Palabra, permite que nuestros corazones estén dispuestos como tierra fértil para poner en práctica todas aquellas cosas que hables a nuestro espíritu. Nos ponemos en tus manos. En el nombre de Jesús. Amén.

Acompáñame a leer la Biblia en Rut 2:1-7, estaré usando la traducción de La Biblia de las Américas.

Dice así: “Y tenía Noemí un pariente de su marido, un hombre de mucha riqueza, de la familia de Elimelec, el cual se llamaba Booz. 2 Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía. 3 Partió, pues, y fue y espigó en el campo en pos de los segadores; y aconteció que fue a la parte del campo que pertenecía a Booz, que era de la familia de Elimelec. 4 Y he aquí que vino Booz de Belén, y dijo a los segadores: El Señor sea con vosotros. Y ellos le respondieron: Que el Señor te bendiga. 5 Entonces Booz dijo a su siervo que estaba a cargo de los segadores: ¿De quién es esta joven? 6 Y el siervo a cargo de los segadores respondió y dijo: Es la joven moabita que volvió con Noemí de la tierra de Moab. 7 Y ella dijo: “Te ruego que me dejes espigar y recoger tras los segadores entre las gavillas.” Y vino y ha permanecido desde la mañana hasta ahora; sólo se ha sentado en la casa por un momento”.

Compasiva con los años

Comencemos a platicar sobre Noemí. En el capítulo anterior conocimos la tragedia que rodeaba a esta mujer, la pérdida de su esposo, tiempo después, la pérdida de sus dos hijos. Debió ser un golpe sumamente fuerte para ella. Sin duda, Noemí estaba rota, dolida y sin entender absolutamente nada.

Tomar decisiones importantes no era precisamente lo que ella quería, pero debía hacerlo. Así que decide regresar a su ciudad natal, donde ha escuchado que el hambre ha terminado. Pero a diferencia de cuando salió, hoy regresa con las manos vacías. ¡Pero espera un momento! Aunque Noemí se sentía sola y vacía, ahora una de sus nueras caminaba a su lado acompañándola hasta Belén.

Seamos sinceras, Noemí tenía todo para endurecer su corazón, amargarse y alejarse de Dios. Su situación era verdaderamente injusta y dura. Noemí tenía dos opciones delante de ella cada mañana: ser una mujer compasiva con lo poco que tenía o endurecer su corazón y quedarse completamente sola. En medio de su profundo dolor y amargura, Dios hace florecer en ella amor y lo vemos en un rasgo de compasión para su nuera.

En Rut 2:2 leemos: “Y Rut la moabita dijo a Noemí: Te ruego que me dejes ir al campo a recoger espigas en pos de aquel a cuyos ojos halle gracia. Y ella le respondió: Ve, hija mía”.

Son tres simples palabras las que responde Noemí: “Ve, hija mía”, pero a pesar de ser simples, reflejan lo que había en su corazón. Recordemos que Noemí era una mujer de edad madura, evidentemente no sólo tenía las arrugas de los años, tenía también la sabiduría que se adquiere con ellos. Ella no quería pelear, no quería rivalizar con su nuera, ni tampoco maltratarla. Ella había tenido una experiencia, aunque dolorosa, también poderosa con Dios a raíz de sus pérdidas.

Su forma de actuar muestra indicios de fe en un Dios amoroso y verdadero, hay un rastro de bondad en su corazón, y aunque el porvenir era incierto, ella estaba sembrando semillas de bien en la única persona que ahora era su familia. Y esas semillas dieron fruto a su tiempo.

¿Has vivido perdías dolorosas en los últimos tiempos?

Quiero decirte algo amiga, Dios entiende el dolor de la pérdida. Él mismo tuvo que entregar a Su Hijo justo, sin pecado, sin mancha alguna. Podríamos decir que fue un acto injusto en la Cruz del Calvario. Aunque en realidad fue un acto de amor para conseguir justicia para ti y para mí.

Hoy te animo a resistir en los tiempos difíciles con una promesa de Dios que se encuentra en Romanos 8:28: “Y sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito”. 

Después de escuchar esta promesa, amiga, abre tu corazón y responde estas preguntas: ¿Amas verdaderamente a Dios? ¿Estás dentro de sus propósitos para ti? Si Él te ha inquietado sobre algún aspecto de tu carácter en medio del dolor, quiero decirte que Dios, independientemente de que pueda mejorar tus circunstancias, está trabajando en fortalecer tu carácter para que afrontes la vida en mejores condiciones que ahora. Él desea que tú seas la manifestación viva de Su presencia en esta tierra y cumplas el propósito para el que te ha llamado.

Dios trabaja con amor y a favor de las mujeres, Él nos cubre porque nos sabe tesoros especiales. Pero también nos hizo fuertes, valientes y esforzadas, como el carácter de Noemí y Rut.

El trabajo que lleva fruto

Adentrémonos ahora a la vida de una joven mujer llamada Rut. No sé tú, pero yo he pensado miles de veces qué haría en caso de que mi esposo falleciera. Claro que correría de inmediato con mi familia cercana, por supuesto que desearía estar en los brazos de mi mamá y tener a mi red más cercana para sentirme apoyada en esa nueva etapa y las decisiones por tomar.

Pues Rut hizo todo lo contrario, decidió no regresar con su familia, no ser abrazada por su mamá, ni ser confortada por sus hermanas y amigos cercanos. Ella eligió seguir a su suegra a una tierra totalmente desconocida.

¿Qué había en la mente de Rut? ¿Por qué decide acompañar a su suegra? ¿Una extranjera en tierra de enemigos? ¿Sabes qué es lo que creo que pudo haber pasado? Que Rut había visto al Dios invisible, al Dios viviente en medio de la familia de su esposo y ella quería ir hasta Belén para conocerlo cara a cara. Por supuesto que estaba dolida por la pérdida de su esposo, pero ella sabía que no sólo quería ser consolada por su familia, quería ser levantada por aquel Dios que Noemí conocía.

¡Sigue escuchando el episodio de hoy!

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