El decreto de Dios a nuestro favor 

Estudio biblico

El decreto de Dios a nuestro favor 
Mujeres en su Palabra

 
 
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¿Cómo están amadas hermanas? Les saluda nuevamente Susana de Cano desde Guatemala, con mucha alegría de continuar con nuestro estudio del libro de Ester. Damos gracias a Iniciativas Femeninas del Ministerio de Soldados de Jesucristo por la oportunidad de llevarles estas meditaciones sobre este hermoso libro del Señor que está llegando a su resolución para concluir. 

Así que acompáñame para leer nuestros versículos del día hoy: 

“Entonces el rey Asuero dijo a la reina Ester y al judío Mardoqueo: He aquí, he dado a Ester la casa de Amán, y a él le han colgado en la horca porque extendió su mano contra los judíos.  Vosotros, pues, escribid acerca de los judíos como os parezca bien, en nombre del rey, y selladlo con el anillo del rey no puede ser revocado. Y fueron llamados los escribas del rey en aquel momento en el mes tercero (es decir, el mes de Siván), en el día veintitrés,  y conforme a todo lo que ordenó Mardoqueo se escribió a los judíos, a los sátrapas, a los gobernadores y a los príncipes de las provincias que se extendían desde la India hasta Etiopía, ciento veintisiete provincias, a cada provincia conforme a su escritura, y a cada pueblo conforme a su lengua, y a los judíos conforme a su escritura y a su lengua. Y se escribió en el nombre del rey Asuero y se selló con el anillo del rey, y se enviaron las cartas por medio de correos a caballo, que montaban en corceles engendrados por caballos reales.  En ellas el rey concedía a los judíos que estaban en cada ciudad el derecho de reunirse y defender su vida, de destruir, de matar y de exterminar al ejército de cualquier pueblo o provincia que los atacara, incluso a niños y mujeres, y de saquear sus bienes, en un mismo día en todas las provincias del rey Asuero, el día trece del mes doce (es decir, el mes de Adar).  Una copia del edicto que había de promulgarse como ley en cada provincia fue publicado a todos los pueblos, para que los judíos estuvieran listos para ese día a fin de vengarse de sus enemigos.  Los correos, apresurados y apremiados por la orden del rey, salieron montados en los corceles reales; y el decreto fue promulgado en la fortaleza de Susa” (Est. 8:7-14). 

Como Wendy nos explicaba acerca de la justicia y la fidelidad de Dios, hoy seguimos exaltando Sus atributos.   

Recordemos las palabras de Ester al Rey Asuero en el versículo 6: “¿Cómo podría yo ver la calamidad que caería sobre mi pueblo? ¿Cómo podría yo ver la destrucción de mi gente?” Era costumbre en Persia que la propiedad de un traidor fuera devuelta al rey, en este caso él la entregó a su reina, Ester, quién puso a Mardoqueo sobre ella.  

Entonces el Rey Asuero contestó a Ester y a Mardoqueo: haré un contra decreto, en el mismo mes que Amán pidió el decreto de destrucción para con el pueblo judío y a punto de entrar en vigor (v.12 “el mes de Adar”), Dios puntualmente revoca ese decreto por el Suyo.   

Esto me recuerda Génesis 50:20 “vosotros pensasteis hacerme mal, pero Dios lo tomó en bien para que sucediera como vemos hoy, y se preservara la vida de mucha gente”.  ¿Acaso no es lo mismo que vemos en este escenario?  José, en ese momento, luego de perdonar a sus hermanos, mostró que entendía la providencia soberana de Dios acerca de su sufrimiento familiar e injusticias de sufrió a causa de honrar a Dios.   

Así ha ocurrido en el libro de Ester, la promesa de Dios se cumplirá, Su Pueblo prevalecerá, porque Dios hizo un pacto irrevocable con Él mismo, su Pueblo caminará en fe como hijos de Abraham.  Hermanas nuestros esfuerzos no afectarán ni estorbarán tal decreto, ni mucho menos los planes del enemigo. Dios usa todo lo que es necesario para Su cumplir Decreto: Mi Pueblo será salvo, reinará conmigo eternamente, nadie los exterminará jamás.   

Y aunque a veces pareciera que todo está vencido, Dios siempre está obrando a nuestro favor ¿cómo? Cumpliendo Sus promesas. Jesús oró al Padre en Juan 17:24 “Padre, quiero que los que me has dado (sus discípulos y los que habían de creer v.20) estén conmigo donde yo estoy, para que vean mi gloria, la gloria que me has dado; porque me has amado desde antes de la fundación del mundo”.  Estaremos con Él eternamente. 

Este es un decreto de Dios. Sabemos que, aunque el nombre de Dios no es mencionado en este libro, se reconoce que es Dios obrando progresivamente en Su Gran Historia por Su promesa de que Su Pueblo escogido prevalecería para luego hacer paso al Salvador y Redentor Jesucristo.   

Entonces, ¿qué es un decreto? Es el propósito que Él ha dispuesto desde la eternidad de tal forma que Él conoce, ha organizado y ha orquestado todo lo que habrá de ocurrir, siendo siempre sabio, bueno, amoroso, fiel, santo, justo, poderoso, misericordioso, etc., pues Él no cambia.  

Algunas características de los decretos de Dios: son eternos e inmutables (o sea no cambian), son perfectos y son para Su gloria que recaerán en el bien de los que somos suyos.   

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