El google de Dios  

Imagínate si pudieras volver atrás. Imagínate si pudieras retroceder en el tiempo y ver todas tus búsquedas en Google organizadas con la fecha y la ubicación de cada una de ellas. De esa manera inusual, habrías recopilado una breve biografía de tu vida. Habrías recopilado una breve historia de tu matrimonio y de la forma en la que criaste a tus hijos. 

Verías la vez que tu hijo estaba con berrinches y buscabas ideas sobre cómo hacer para que esos berrinches  pararan. Verías la vez que tú y tu cónyuge estaban experimentando dificultades con la satisfacción íntima y fuiste en busca de algunos consejos para darle más sabor a las cosas. Verías la vez que decidiste empezar a darles una mesada a tus hijos y te fuiste a los blogs para ver lo que hacen los demás. Habría todas estas búsquedas, e incontables miles más; reunidas formarían un cuadro fascinante de tu vida. Google puede conocerte mejor de lo que te conoces a ti mismo. Google recuerda cosas sobre ti que hace tiempo tú ya olvidaste. 

Google se ha convertido en una parte tan importante de nuestras vidas que tendemos a olvidar su novedad y su singularidad histórica. Hasta hace una generación atrás, los padres y los cónyuges tenían que encontrar respuestas de una manera totalmente diferente. Y me pregunto qué habremos perdido en el proceso.  

Dios tiene su propia versión de Google y, hasta hace poco, era en la que los cristianos confiaban. La versión de Dios de Google se llama la iglesia local. Cuando tenemos preguntas sobre la vida, el matrimonio, la crianza de los hijos y mucho más, rara vez hay un lugar mejor al que ir que la iglesia local. Cuando queremos ver el matrimonio y la paternidad modelada para nosotros, no hay un lugar más saludable a donde acudir que la iglesia local. “Quiero niños como los tuyos, permíteme pasar tiempo contigo. Quiero un matrimonio como el tuyo, déjame observarte y hacerte preguntas”. 

La belleza de la iglesia local es que nos permite recibir la verdad filtrada a través de la gente que realmente conocemos.  Conocemos a las personas que nos están aconsejando y también podemos evaluar su habilidad y credibilidad. Podemos ver matrimonios auténticos y paternidad genuina, y aprendemos quién es digno de imitación. Luego simplemente observamos y hacemos preguntas. ¿Por qué haces las cosas de esa forma? ¿Cómo manejas esta situación? ¿Adónde vas cuando estás batallando con algo?  ¿Cuáles son algunos de los libros que más te han ayudado? 

 Existe algo muy profundo (y que nos ayuda  a cultivar la humildad) en tener que acercarse a otra persona en lugar de simplemente escribir unas pocas frases en el buscador de internet. Pero también existe algo muy gratificante en decirle a otra persona, en reunirse, en recibir consejo, en que oren por ti. La relación es mucho más profunda, la recompensa mucho mayor. 

Por otro lado, puede haber algo preocupantemente soberbio en buscar algo en línea primero. Te diriges directamente a Google y buscas respuestas a tus preguntas y problemas. Recopilas información que suena tan correcta y tan novedosa (es del Internet, a pesar de todo, de un sitio hermoso y con fotos muy bien editadas de una familia feliz). Lo que se aprende de un conocido en la Web puede parecer que es lo novedoso, mientras que es fácil descartar lo que se aprende de esa abuela en la iglesia y calificarlo como algo totalmente anticuado. Pero esto es lo que olvidas: No son sólo las respuestas que buscas, sino la sabiduría, la relación interpersonal y la oración. 

Mira, el internet es maravilloso. Google es fabuloso. Hay muchas razones para usar estas herramientas todos los días. Pero sólo una, la iglesia local, es el medio ordenado por Dios para nuestra santificación y la única de estas herramientas que durará para siempre. Adelante, busca en Google, pero no descuides la belleza y la sabiduría de las personas que adoran a tu lado todos los domingos. 

Es tan fácil y muy normal conectarse en línea para buscar respuestas, que podemos pasar por alto los medios de ayuda más obvios. Es aquí, en la iglesia local, donde tenemos personas que están profundamente comprometidas con nosotros y específicamente llamadas y dotadas para ayudarnos. La iglesia primero, Google después.