El legado de la evangelización personal que dejó la Reforma

Los críticos de la Reforma disfrutan hacer referencia a la escasez de evangelización de la mayoría de los reformadores. La inconsistencia de Lutero en su énfasis en la sola fide (salvación solo por la fe), mientras continuaba bautizando niños, es un ejemplo de que casi todos los grandes reformadores perjudicaron la causa de la evangelización. Sin embargo, a pesar de eso, los reformadores no dejaron de tener un impulso evangelístico. Considera los siguientes puntos.

La transición de Martín Lutero de ser un monje agustino a un fuerte reformador comenzó con una noche oscura del alma. Mientras este monje luchaba con la pregunta sobre cómo ser aceptado por Dios, Johann von Staupitz fue el evangelista no intencionado que le dijo a Lutero que leyera la Biblia. Lutero estaba completamente familiarizado con las Escrituras, pero ahora él leía con discernimiento. Al describir su propio peregrinaje, Lutero dijo, «fue como si hubiera nacido de nuevo». El resto de su vida, Lutero vivió a la luz de este nuevo nacimiento.

Ningún acontecimiento de la Reforma fue más determinante para la evangelización que el año en que Lutero estuvo en una «cautividad amigable» en el castillo de Wartburgo. Lutero utilizó ese año siguiente a la Dieta de Worms para traducir el Nuevo Testamento al alemán. La invención de la imprenta y la disponibilidad de la Biblia para el hombre común fueron dos de los «eventos más evangelísticos» de la historia. La propia experiencia de Lutero al buscar una posición correcta ante Dios y descubrir esa posición a través de la lectura de las Escrituras, le permitió traducir la Biblia al lenguaje común para que todos pudieran encontrar a Cristo. En esta etapa, Lutero no estaba tan interesado en que católicos romanos se hicieran protestantes, sino en hacer que aquellos que profesaban ser «cristianos» se convirtieran en seguidores genuinos de Cristo.

Lo que sucedió en Sevilla

Un pequeño incidente casi no conocido en Sevilla, en el sur de España, ilustra la intensa actividad evangelística que se vio durante la Reforma. Alrededor del año 1535, un hombre laico asociado con la catedral de Sevilla viajó al norte hacia otros países europeos. Durante esta jornada, él conoció a algunos reformadores, recibió el mensaje de Cristo y fue salvo de manera gloriosa.

Al volver a Sevilla compartió de Cristo continuamente con Constantino Ponce de la Fuente (1502-1560), uno de los mayores predicadores en la catedral. Constantino era graduado de la conocida Universidad Católica Española de Alcalá, la cual dio al mundo escritores prominentes como Cervantes, entre otros. Finalmente, este compartir de la fe dio como resultado la conversión de Constantino así como la conversión de los monjes del monasterio local, quienes aparentemente se convirtieron en evangelistas de la fe.

Constantino se convirtió en un poderoso predicador de Cristo y en un blanco para la inquisición. Esta historia salió a la luz de manera completa recientemente. Un grafiti descubierto recientemente en las paredes del monasterio reveló el fervor evangelístico de los monjes, y fueron descubiertos libros sobre predicación en la librería de la Universidad de Sevilla, revelando la predicación del evangelio de Constantino y otros. En resumen, Sevilla estaba inundada de evangelización aún en medio de la Inquisición.

La evangelización anabaptista

El primer descubrimiento del fervor evangelístico y misionero pertenece a los detestados anabaptistas de la Reforma. Dos ejemplos demostrarán este conocimiento. A principios del año 1525, Conrad Grebel de Suiza predicó el evangelio en el río Rin. Wolfgang Ulimann, un monje local, respondió a la invitación pública de recibir a Cristo. Cuando fue hecho el intento de bautizar a Ulimann por afusión utilizando un cubo de leche, él rehusó hacerlo. En lugar de eso, apuntó hacia el Rin e insistió en la inmersión como la forma apropiada del Nuevo Testamento. La práctica definitiva del bautismo por inmersión fue enseñada a los anabaptistas por un monje católico romano que leía griego.

Unos días después, Ulimann se unió a otros anabaptistas en la predicación en San Galo, donde rompieron el hielo del rio Sitter al bautizar 200 nuevos creyentes que nunca olvidaron su bautismo frío. Ante los ojos de cualquier persona, eso es «evangelización», y esos anabaptistas se caracterizaron por ese compromiso con la evangelización.

Un ejemplo final se atribuye a Baltasar Hubmaier, el único anabaptista que completó un doctorado. Entrenado por el polémico católico romano Johann Eck, Hubmaier fue un predicador efectivo. Desde el día de su conversión bajo la supervisión del evangelista anabaptista Wilhelm Reublin, ejerció su don hasta que cientos se convirtieron.

Sin embargo, los años más maravillosos de la vida de Hubmaier fueron los dos últimos cuando fue pastor en Míkulov, localizado en lo que es ahora la República Checa. Allí, luego de dos cortos años en una comunidad rural de agricultura, Hubmaier bautizó, según algunos reportes, alrededor de 6,000 nuevos creyentes. Tal hazaña tuvo que involucrar no sólo una predicación poderosa, sino también un efectivo trabajo diario lidiando con las almas de los hombres.

El legado de la evangelización

Corresponde a cada protestante el reconocimiento de que la evangelización es actualmente un legado de los evangélicos de la pre-reforma. El valioso monumento de la Reforma a Lutero en Worms tiene en sus cuatro esquinas a los precursores de Lutero. Unos de esos es Pedro Valdo de Lyon, quien presidió una de las empresas evangelísticas más intensas de la Europa pre-reformada. Fíjate en el poema escrito por John Greenleaf Whittier demostrando el testimonio de The Vaudois Teacher [El Maestro Vaudois]:

O dama hermosa, estas sedas mías son hermosas y escasas,

La mejor tela del telar indio, tal así que reina de belleza pudiera usar;

Y mis perlas son puras como su hermoso cuello, con cuya luz radiante compiten;

Las traje conmigo con mucha fatiga, ¿comprará mi amable dama?

 

La dama sonrió al viejo desgastado a través de los rizos oscuros y agrupados

Que revelaban su frente, mientras ella se inclinaba a ver sus sedas y perlas brillantes;

Y ella puso su precio en la mano del anciano y suavemente se despidió,

Pero ella hizo una pausa ante el llamado ferviente del vagabundo. ¡Mi amable dama, quédate!

 

O dama hermosa, aún tengo una gema que luce un brillo más puro,

Que el reflejo del diamante de la corona de joyas de la noble frente de los reyes;

¡Una perla maravillosa de excelente precio, cuya virtud no decaerá,

Cuya luz será como un encanto para ustedes y una bendición en su camino!

 

La dama miró el reflejo del acero donde era vista su forma de gracia,

Donde su ojo brillaba claramente, y sus cerraduras oscuras agitaban sus perlas;

Trae tu perla de excelente valor, tú viajero gris y anciano,

Y ponle nombre a tu gema de gran precio, y mi paje contará el oro.

 

¡La nube se quitó de la ceja del peregrino, como un libro pequeño y magro,

Llena de oro y gema costosa tomada de su túnica plegable!

 

¡Aquí, hermosa dama, está la perla de gran precio, que sea probada como tal,

Te pido que guardes tu oro porque la Palabra de Dios es gratis!

 

O considera la asombrosa correspondencia de Jerónimo sobre un misionero llamado Vigilancio en las montañas Pirineos. Sería difícil encontrar una carta más acérrima en la correspondencia de Jerónimo que su carta a Vigilancio. Lo que está claro, en un período nebuloso, es que Vigilancio era un misionero evangelista evidentemente de Piamonte, Italia que tomaba el mensaje del evangelio seriamente tan temprano como 400 años d.C. También es evidente que este misionero en las montañas del norte de España y el sur de Francia abrazó lo que vendría a conocerse como el «pensamiento protestante».

La Reforma se preocupó por rescatar el evangelio del fracasado sistema de Roma. Es entendible que la época estaba más preocupada por la definición del evangelio que por llevar ese mismo evangelio al mundo. Sin embargo, la evangelización ocurrió, y la base de toda la evangelización futura ciertamente fue establecida. Habiendo redescubierto los fundamentos doctrinales esenciales para el evangelicalismo, los reformadores proveyeron el legado, y algunas veces el ejemplo, para la intensa evangelización.


Nota del editor: Este artículo es parte de la Revista 9Marcas publicada por el ministerio 9Marks. Puedes adquirir la Revista impresa . También puedes descargarla gratuitamente directamente del sitio en internet es.9marks.org.

Este artículo fue traducido por Samantha Paz.