Uno de mis temas favoritos de conversación es el de la evidencia en cuanto al diseño inteligente. En particular, me fascina el trabajo de Stephen Meyer en “Darwin’s Doubt” (La duda de Darwin) y “Signature in the Cell” (Prueba contra prueba). 

Cuando hablo del diseño inteligente ante audiencias seculares, siempre surgen algunas objeciones. Probablemente, la objeción más común a mi defensa es mi afirmación de que existen ejemplos de un mal diseño. Los críticos del diseño inteligente son rápidos para señalar las características específicas de la biósfera que, según creen ellos, están pobremente diseñadas. El esófago humano, el ADN basura, el pulgar del panda y el ojo humano son algunos de los muchos ejemplos citados. 

 Aunque cada uno de estos ejemplos de un mal diseño debe ser considerado minuciosamente, creo que existen tres razones generales por las que este tipo de argumentos son débiles. 

1. Esta no es una objeción científica, sino teológica 

El desafío es un disparo contra la inteligencia del Diseñador, no contra el diseño inteligente en sí. Los críticos del diseño inteligente afirman que si ellos fueran el diseñador, harían las cosas muy diferentes. Por ejemplo, ellos construirían un ojo sin el punto ciego. Pero puesto que ellos diseñarían algo de manera diferente, eso no quiere decir que no hubo un diseño a partir del cual todo comenzó. Mucho de la crítica del diseño presume conocer la intención del diseñador, pues se lo critica por no lograr cumplir con dicha intención. 

Se nos dice que los críticos del diseño inteligente son los campeones de la ciencia, aunque en realidad ofrecen una refutación no científica sobre este tema. Si desean persistir en este desafío teológico, entonces no deberían sorprenderse de obtener una respuesta teológica. El Cristiano ortodoxo debe tener en cuenta los efectos de la caída.

La Escritura deja muy claro que “la creación entera a una gime y sufre dolores de parto hasta ahora” (Rom. 8:22). Esta no es la buena creación que Dios ha hecho en el principio. El Cristiano, quien sostiene el diseño inteligente, no se sorprende ante el diseño arruinado. Pero el diseño arruinado no es una ausencia de diseño. Esto nos lleva fácilmente al segundo punto. 

2. El mal diseño aún es un diseño.

El Pontiac Aztec 2001 es probablemente uno de los peores autos que se haya inventado. Todos podemos nombrar autos que tienen un diseño mucho mejor. 

¿Pero debe el Pontiac Aztec 2001 funcionar tan bien como el Chevrolet Corvette 2016  para que tengamos que llegar a la conclusión de que fue diseñado? ¡Obviamente, no! No necesitas tener un máximo de rendimiento óptimo para exhibir el diseño. Los diseños diferentes cuentan con diversos niveles de funcionamiento óptimo. En un mundo de limitaciones físicas, todo diseño acarreará algunas compensaciones. 

De hecho, llegará el día en que el Chevrolet Corvette 2016  se verá como un diseño defectuoso. Por tanto, el diseño no quedará anulado solamente porque puedes idear un mejor diseño. El diseño defectuoso no es una ausencia de diseño. 

3. Muchos ejemplos de un mal diseño han resultado ser ejemplos de un buen diseño.

Es irónico que los ejemplos de un mal diseño que se citan con frecuencia resultan ser ejemplos de un buen diseño. Por ejemplo, el ADN basura era el mejor retrato de un mal diseño. Los críticos del diseño inteligente de todas las líneas han preguntado:¿Por qué un diseñador inteligente llenaría nuestro genoma de basura?” No obstante, los nuevos desarrollos en la genética, especialmente los del Proyecto ENCODE, han descubierto que el llamado ADN basura en realidad no es basura en absoluto. Por lo tanto, solo porque algo nos parece un mal diseño a primera vista no significa que lo sea. 

Así que, el argumento del mal diseño resulta ser un mal argumento. Primero, porque no se trata del diseño inteligente en sí. Segundo, porque el mal diseño no es lo mismo que la ausencia de él. Y tercero, muchos de los ejemplos considerados como de un mal diseño han resultado ser todo lo contrario al descubrir que había más información al respecto. 


Photo por Guillermo Ferla desde Unsplash