El significado eterno de una sola palabrita 

Jesús nos dice, de hecho, nos advierte solemnemente, que nuestras palabras importan. Cada palabra que pronunciamos tiene significado. “Y yo os digo”, dice Jesús, “que de toda palabra vana que hablen los hombres, darán cuenta de ella en el día del juicio”. (Mat. 12:36). No se trata de la mayoría de las palabras vanas. Tampoco algunas de esas palabras vanas. Todas ellas. Esta es una idea aterradora para los que, como nosotros, somos propensos a hablar a menudo, hablar precipitadamente, o a hablar con dureza. Nos llama a arrepentirnos, y luego a guardar nuestras bocas y, de igual manera, a guardar nuestros corazones, pues de la abundancia del corazón habla la boca. Así como el vómito revela lo que hay en nuestro estómago descompuesto, nuestras palabras revelan lo que hay en nuestros corazones pecaminosos.  

Si la gente dará cuenta aun de las palabras vanas que dicen, ¿cuánto más lo harán por las que se dicen deliberadamente? Con seguridad, Jesús está haciendo una afirmación aquí, ¡de menor a mayor! Si hay importancia en las palabras que salen espontáneamente de nuestras bocas en momentos de gran dolor o sorpresa, ¿con cuánta mayor razón tendrán las palabras que se dicen reflexivamente, solemnemente, deliberadamente? Si aun cuentan nuestras palabras informales, ¿cuánto más las que quedan registradas? 

Hace un par de días, se les pidió a los senadores estadounidenses que hablaran. Se esperaba que dijeran algo, solo una palabrita, pero se les había dado bastante tiempo como para pensar en ellas. No tenía que ser una palabra ociosa ni una reacción espontánea, sino una que hubiera sido ponderada y evaluada cuidadosamente. 

Sólo tenían que decir un “sí” o un “no”, al votar en favor o en contra de la Ley de Protección a Sobrevivientes de Abortos Nacidos Vivos, un proyecto de ley ideado para extender los derechos humanos básicos a los infantes que podrían sobrevivir a los procedimientos de aborto. De los 97 que votaron, 53 escogieron decir . 44 escogieron decir no. Cuando el conteo estuvo completo, el Proyecto de ley fue bloqueado, ya que no llegaba a los 60 votantes que se necesitaban. No habrá protección para los más vulnerables. 

Ha habido muchas reacciones por la derrota de este proyecto de ley, las cuales abarcaron casi toda la gama de emociones humanas. Lo que es un deleite para algunos es una agonía para otros. 

Lo que es una ocasión de tristeza profunda para algunos es causa de celebración para otros. Yo, al igual que muchísimos cristianos, me siento dolido e indignado. Pero también estoy¿helado, podría decir? Me encuentro reflexionando en las 44 personas que eligieron decir esa palabra, esa palabra calculada, para acabar con ese proyecto de ley. 

Hoy están de pie frente a los votantes estadounidenses, pero llegará el día en que estarán de pie o más probablemente, caerán de bruces ante el Juez de toda la tierra. 

Serán llamados a rendir cuentas por esa palabra, por esa palabra de una sílaba, de dos letras y llena de significado. No puedo evitar preguntarme cómo sonará ese noante el trono, ante Aquel que creó la vida, que ama la vida, que nos dice que debemos proteger la vida. No puedo evitar preguntarme si ese “noresonará en sus mentes si hará eco en sus corazones por toda la eternidad al enfrentarse a las consecuencias espantosas, inconmensurables y eternas de haberlo dicho. No puedo evitar desear, orar y suplicar que antes de ese día, se vuelvan a Aquel que tiene la disposición y el poder para perdonar semejante transgresión.