Encontrando a Cristo en los diez mandamientos: no hurtaras

Cada vez son mas los cristianos que desean aprender a interpretar el antiguo testamento con un enfoque cristo-céntrico. Sin embargo, embarcarse en esta labor puede desviar a muchos a alegorizar cada porción del Antiguo Testamento y cometer muchos errores de interpretación. En lugar de inventar una forma creativa de ver a Cristo en el Antiguo Testamento, debemos aprender el método de interpretación que Jesús y los apóstoles nos enseñan en el Nuevo Testamento.

En la epístola a los gálatas encontramos uno de los pasajes mas útiles para aprender a ver a Cristo en el Antiguo Testamento, especialmente en las porciones que contienen la ley mosaica. “De manera que la ley ha venido a ser nuestro ayo para conducirnos a Cristo, a fin de que seamos justificados por la fe” (Gal 3:24). Un “ayo” (paidagogós) es un guía o tutor que supervisaba la educación de un niño. Había varios maestros que le enseñaban al niño muchas cosas, pero el “ayo” supervisaba que el niño estuviera recibiendo la instrucción y creciendo hacia la madurez. Pablo dice que la ley mosaica tenia la función de “ayo” (supervisor y guía) que nos mantuvo encaminados hacia la madurez de la fe en Cristo.

Veamos como este pasaje nos ayuda a ver a Cristo en el octavo mandamiento.

Trazando el tema a través de la Biblia

Podemos ver a Cristo en el mandamiento “no hurtaras” al seguir la trayectoria bíblica de este tema teológico. Simplemente observemos como se va usando el concepto de “hurtar” a través del la Biblia.

En Génesis 31:19 se menciona por primera vez la palabra “robo” (ganab) cuando Raquel le robo a su padre sus ídolos o “terafines” familiares. Luego, en Génesis 44:8 se menciona el concepto nuevamente cuando José pone una copa en los sacos de sus hermanos para inculparlos de robo. El siguiente pasaje que encontramos es en los diez mandamientos (Ex 20:15), cuando Dios prohíbe claramente hurtar y repite este mandamiento en Levíticos y Deuteronomio (Lev 19:11, Deut 5:19). Encontramos que Israel, ahora liderado por Josué, quebranto este mandamiento casi inmediatamente al entrar en la tierra prometida cuando Acán tomo a escondidas del anatema (Jos 7:1, 11).

En el reinado de David se menciona cómo Absalón, planeando traicionar a su padre, buscaba robar el corazón del pueblo para derrocarlo (2 Sam 15:6). Los profetas también hablaron contra la avaricia del pueblo, de como ellos oprimían al pobre y multiplicaban sus injusticias y robos (Jer 7:9).

En el Nuevo Testamento, los evangelios usan la idea de un ladrón para describir a aquel que destruye (Mat 6:19; Jn 10:10) y repite una y otra vez el octavo mandamiento prohibiendo robar (Mat 19:18; Mar 10:19; Luc 18:20; Rom 13:9). Jesús es comparado con un ladrón, no porque viene a destruir, sino porque viene en los momentos mas inesperados sin anunciarlo. Pero Jesús no vino a hurtar sino a salvar (Jn 10:10).

Jesús fue robado por uno sus discípulos (Judas), el cual terminó siendo un ladrón (Jn 12:6). Jesús fue crucificado al lado de dos ladrones (Marcos 15:27), uno de los cuales se arrepintió y creyó para salvación. Sin embargo, las epístolas también afirman que los ladrones no entraran al reino de los cielos (1 Cor 6:10), lo cual significa que aquellos que viven robando demuestran que no han sido salvados y aun están perdidos en amor al dinero y ansias por este mundo. Finalmente, Efesios 4:28 exhorta a la generosidad diciendo que el que hurtaba que ya no lo haga mas, sino que se dedique a trabajar para poder ser generoso con los necesitados.

¿Cómo se conecta este mandamiento con Cristo?

Jesús ejemplifica la obediencia al mandamiento: Jesús jamás infringió la ley de Dios. La Biblia dice que Jesús jamás peco (Heb 4:15), y el pecado es definido como infracción de la ley (1 Jn 3:4). Jesús jamás hurtó. Pero Jesús no solamente fue inocente de robar, el también fue justo y generoso. Jesús fue tan generoso que Pablo cita una de sus enseñanzas diciendo: Jesús también cumplió perfectamente la ley (Mat 3:15) y es por su obediencia que nosotros somos constituidos justos (Rom 5:19). El octavo mandamiento esta conectado con Cristo porque él se ha vuelto nuestro ejemplo perfecto. Los cristianos no roban porque son discípulos de un maestro que obedeció y estimo esta prohibición.

Jesús redime a los transgresores del mandamiento: Una de las formas en la que la ley mosaica es nuestro guía hacia Cristo es que nos pone bajo condenación mostrándonos nuestra necesidad de un Redentor. “La Escritura lo encerró todo bajo pecado, para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuera dada a todos los que creen” (Gal 3:22).

En otras palabras, el octavo mandamiento nos condena y nos prepara para la gracia que hemos de recibir si acudimos a Cristo. Cuando esto sucede, la gracia nos desafía a vivir en generosidad radical. Los mejores ejemplos que tenemos de pecadores condenados bajo el octavo mandamiento que encontraron gracia en Cristo son Zaqueo (Luc 19:1-10) y el ladrón que murió al lado de Jesús (Marcos 15:29). Ellos encontraron en Cristo la gracia salvadora que transformó no solo su vida cotidiana sino también su eternidad. Seamos nosotros también pecadores que descubren en Cristo lo que es la gracia.