Ester 8:15 | Pero Dios

Estudio biblico

Ester 8:15 | Pero Dios
Mujeres en su Palabra

 
 
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Hola mis amadas hermanas, les saluda desde México, Karla de Fernández dándote las gracias por estar acompañándonos una vez más al podcast “Mujeres en Su Palabra” donde estamos estudiando el libro de Ester, a través de las Iniciativas Femeninas de Soldados de Jesucristo. 

Antes de comenzar con la enseñanza de hoy, te invito a orar. 

Oración 

Amado Dios, en el Nombre de Jesús, gracias por la oportunidad que nos brindas de poder estudiar tu Palabra, gracias porque tenemos la libertad de compartirla a través de las diferentes plataformas digitales que por gracia nos has dado, y también en nuestra iglesia local y con hermanas en la fe. 

Te ruego mi Señor que este estudio sea de bendición para quienes nos escuchan, y te pido Padre, que nos des espíritu de sabiduría y de revelación en un mejor conocimiento de ti, ilumina nuestros corazones y permítenos atesorar, amar y vivir tu Palabra para la gloria de tu Nombre, amén. 

Leamos la porción que corresponde al día de hoy. Acompáñame a leer en tu Biblia Ester 8:15-9:16 en la LBLA que dice así: 

Entonces Mardoqueo salió de la presencia del rey en vestiduras reales de azul y blanco, con una gran corona de oro y un manto de lino fino y púrpura; y la ciudad de Susa dio vivas y se regocijó. Para los judíos fue día de luz y alegría, de gozo y gloria. En cada provincia, en cada ciudad y en todo lugar adonde llegaba el mandato del rey y su decreto había alegría y gozo para los judíos, banquete y día festivo. Y muchos de entre los pueblos de la tierra se hicieron judíos, porque había caído sobre ellos el temor de los judíos. 

En el mes doce (es decir, el mes de Adar), el día trece cuando estaban para ejecutarse el mandato y edicto del rey, el mismo día que los enemigos de los judíos esperaban obtener dominio sobre ellos, sucedió lo contrario, porque fueron los judíos los que obtuvieron dominio sobre los que los odiaban. Se reunieron los judíos en sus ciudades por todas las provincias del rey Asuero para echar mano a los que buscaban su daño; y nadie podía oponérseles, porque el temor a ellos había caído sobre todos los pueblos. Y todos los príncipes de las provincias, los sátrapas, los gobernadores y los que manejaban los negocios del rey ayudaron a los judíos, porque el temor a Mardoqueo había caído sobre ellos, pues Mardoqueo era grande en la casa del rey, y su fama se había extendido por todas las provincias, porque Mardoqueo se hacía más y más grande. Y los judíos hirieron a todos sus enemigos a filo de espada, con matanza y destrucción; e hicieron lo que quisieron con los que los odiaban. En la fortaleza de Susa los judíos mataron y destruyeron a quinientos hombres, también a Parsandata, Dalfón, Aspata, Porata, Adalía, Aridata,  Parmasta, Arisai, Aridai y Vaizata, los diez hijos de Amán, hijo de Hamedata, enemigo de los judíos; pero no echaron mano a los bienes. 

Aquel mismo día comunicaron al rey el número de los que fueron muertos en la fortaleza de Susa. Y el rey dijo a la reina Ester: En la fortaleza de Susa los judíos han matado y exterminado a quinientos hombres y a los diez hijos de Amán. ¡Qué habrán hecho en las demás provincias del rey! ¿Cuál es tu petición ahora? Pues te será concedida. ¿Qué más quieres? También te será hecho. Entonces Ester dijo: Si le place al rey, que mañana también se conceda a los judíos que están en Susa hacer conforme al edicto de hoy; y que los diez hijos de Amán sean colgados en la horca. El rey ordenó que así se hiciera; y un edicto fue promulgado en Susa, y los diez hijos de Amán fueron colgados. Los judíos que se hallaban en Susa se reunieron también el día catorce del mes de Adar y mataron a trescientos hombres en Susa, pero no echaron mano a los bienes. 

Y los demás judíos que se hallaban en las provincias del rey se reunieron para defender sus vidas y librarse de sus enemigos; y mataron a setenta y cinco mil de los que los odiaban, pero no echaron mano a los bienes. 

Del llanto a la alegría 

En el episodio anterior, nuestra querida Susana de Cano nos compartía acerca del hermoso regalo que recibimos de parte de Dios al decretar la libertad de nuestra alma por medio de Jesucristo.  

Hagamos un poco de memoria y recordemos que cuando el decreto de Amán fue publicado en la ciudad de Susa, el pueblo judío se conmovió (Est. 3:15) al saber que había una fecha señalada para ser destruidos, serían asesinados todos, desde el más pequeño hasta el más viejo y sus bienes serían confiscados; esto lo podemos leer en (Est. 3:13). 

Los judíos lloraron, vimos a Mardoqueo sufrir, clamando con grande y amargo dolor (Est. 4:1), y ahora que se promulgó un contra decreto que dicta que los judíos pueden defender su vida, vemos el contraste de Mardoqueo y el pueblo regocijarse por ello. Quizá durante meses estuvieron sufriendo, angustiados, sabiendo que ese día llegaría, la fecha para ser asesinados se acercaba y no podían hacer nada para evitarlo. 

Pero Dios… Él nos muestra una y otra vez como cuida de Su pueblo, cómo guarda a Sus hijos. Nos muestra que todo lo tiene bajo Su control soberano, que todo lo que parecía ser una historia que tendría un final triste y desolador, nos muestra que no es así. El plan que Amán agagueo inició para derribar a sus enemigos, el pueblo de Dios, no terminó como él esperaba, realmente los ojos de Amán no vieron el fin de los judíos. 

Continúa escuchando el episodio de hoy y no olvides descargar la guía de estudio que hemos preparado para ti. ¡Dios te bendiga!