Estrategias espirituales guiadas por Dios

Estudio biblico

Estrategias espirituales guiadas por Dios
Mujeres en su Palabra

 
 
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Bienvenidas una vez más a Mujeres en la Palabra de Soldados de Jesucristo. Sus hermanas y amigas, Cathy Scheraldi de Núñez y Vilma de Méndez, colaboradoras de Iniciativas Femeninas les damos la bienvenida a nuestro estudio bíblico sobre el libro de Rut.

Hoy estaremos estudiando un pasaje con mucha controversia, pero nos encanta, divierte y entretiene estudiar estos pasajes juntas, pues al estudiar Rut 3:1-5 nos damos cuenta de cuánto aprendemos de la Palabra en un solo pasaje.

Rut 3:1-5

“Después su suegra Noemí le dijo: Hija mía, ¿no he de buscar seguridad para ti, para que te vaya bien? Ahora pues, ¿no es Booz nuestro pariente, con cuyas criadas estabas? He aquí, él avienta cebada en la era esta noche. Lávate, pues, úngete y ponte tu mejor vestido y baja a la era; pero no te des a conocer al hombre hasta que haya acabado de comer y beber. Y sucederá que cuando él se acueste, notarás el lugar donde se acuesta; irás, descubrirás sus pies y te acostarás; entonces él te dirá lo que debes hacer. Y ella le respondió: Todo lo que me dices, haré”.

 Este libro contiene una narrativa. Rut habiendo llegado a Belén se encontraban en la primavera, ellas dos llegaron en el tiempo del Festival de la cosecha

Este capítulo habla de varias cosas, primero, las instrucciones de Noemí sobre cómo obtener a Booz como esposo. Segundo, nos muestra que hay estrategias que se pueden llevar a cabo usando la decencia. A Noemí le importaba mucho el confort y la comodidad de Rut pues ellas eran pobres, sin proveedor y estaban pasando necesidad. Tercero, debemos imitar a Noemí como suegra, al buscar el bienestar para nuestras nueras, y aunque ellas eran viudas, Noemí quería que Rut tuviera un proveedor.

Noemí tenía una preocupación y era buscar simiente para sus hijos fallecidos, preservar el nombre de la familia y que no se extinguiera. En pago a como Rut se había portado con ella, le ayudaría a salir de esa condición en la que ambas vivían, a salir de esa soledad. La manera como Noemí hizo y planeó la estrategia de casarla era extraordinaria, peligrosa y por supuesto, sospechosa.

Era una situación muy delicada y peligrosa porque ese lugar donde se separaba el trigo de la paja al viento, era un lugar común de inmoralidad sexual (Os. 9:1). Si había algo inapropiado debía ser la culpa de Noemí, pues ella era mayor, conocía las leyes y la cultura en Israel mejor que Rut.

Había una ley del pariente redentor que decía que el pariente más cercano debía casarse con la viuda, él estaba obligado a recobrar el nombre del hijo mayor a su muerte. Y esto es un tipo de Cristo. Booz es un tipo de Cristo, nuestro Redentor.

Jesús es nuestro pariente redentor, Él tomó nuestra naturaleza, Él es carne de nuestra carne y hueso de nuestros huesos. Él tiene el poder de redimirnos, comprarnos, morir y resucitar. 

Noemí vió en Booz la oportunidad de aplicar la ley del levirato que se menciona en Deut. 25:5-9 y Lev. 25.  Esta ley decía que:

“Cuando dos hermanos habitan juntos y uno de ellos muere y no tiene hijo, la mujer del fallecido no se casará fuera de la familia con un extraño. El cuñado se allegará a ella y la tomará para sí como mujer, y cumplirá con ella su deber de cuñado. Y será que el primogénito que ella dé a luz llevará el nombre de su hermano difunto, para que su nombre no sea borrado de Israel. Pero si el hombre no quiere tomar a su cuñada, entonces su cuñada irá a la puerta, a los ancianos, y dirá: «Mi cuñado se niega a establecer un nombre para su hermano en Israel; no quiere cumplir para conmigo su deber de cuñado». Entonces los ancianos de su ciudad lo llamarán y le hablarán. Y si él persiste y dice: «No deseo tomarla», entonces su cuñada vendrá a él a la vista de los ancianos, le quitará la sandalia de su pie y le escupirá en la cara; y ella declarará: «Así se hace al hombre que no quiere edificar la casa de su hermano»”.

Rut cumplió al pie de la letra esas instrucciones. Rut debía estar limpia y fina, nítida (Rut. 3:3). No con atuendo sensual como harían las mujeres de hoy, sino con su actitud de temor a Dios. Se estaba terminando la siega y Rut iba muy a menudo a recoger las espigas que cayeran. Seguramente la invitaron a la cena, fiesta de fin de festival. Ella no debía dar a conocer su proyecto, ni dejar que nadie la conociera.

Booz se quedó esa noche porque estaba muy cansado y cuando se quedó dormido, Rut vino a sus pies. El que ella viniera a los pies de Booz cuando estaba dormido parecería algo horrible, sucio y peligroso porque ¿qué era esto de venir a los pies de Booz? Era que Rut le estaba pidiendo a Booz se casara con ella (Ez.16:8).  

 “Y él dijo: ¿Quién eres? Y ella respondió: Soy Rut, tu sierva. Extiende, pues, tu manto sobre tu sierva, por cuanto eres pariente cercano” (Rut. 3:9)

Esto no se debe tomar como una regla para las mujeres solteras en nuestros tiempos para obtener marido. Nuestros tiempos, así como las reglas, no son las mismas. Dios dice que Él trajo a Eva a Adan, aplaudimos la decencia, el respeto y pudor de Rut. Rut era modesta, no se promovía, ni con ropa que fuera atractiva a los hombres.

¿Y qué pasaría si Booz reaccionaba a la insinuación de Rut? Podrían caer en pecado, pero Rut quería solo matrimonio. Rut estaba dispuesta a casarse como la divina ley estableciera, aunque fuera con un hombre viejo, porque era más importante el interés y honor de la familia.

Vemos el trato respetuoso de Booz, había pureza y bondad en esos tiempos. Booz no se aprovechó de Rut.  No se aprovechó de su castidad, aunque si él habría querido, realmente tuvo la oportunidad, pero no fue así, él controlo sus deseos.

Notamos la ingenuidad de aquel tiempo y la malicia de este tiempo. Booz era viejo, Noemí confiaba, tal vez si Booz hubiera sido joven la historia sería diferente por el peligro de su respuesta o reacción al encontrar una mujer joven a sus pies en la noche. Booz era piadoso, temía a Dios.

Rut esperó las instrucciones de lo que debía seguir. Rut se sometió a sus mayores, es decir, a su suegra y a Booz, los jóvenes no quieren la opinión de los mayores, ni de sus padres, ni de Dios. Y, por último, vemos que Booz no hizo ningún juicio sobre lo que sucedió, no la reprochó de imprudente.