Hace ya un tiempo atrás estuve en Inglaterra y pasé un buen tiempo visitando sitios turísticos relacionados con la historia de la iglesia. Cuando pasamos por el edificio de una iglesia en Cambridge, nuestro anfitrión nos dijo aparte, “Esa era la iglesia de Charles Simeons”. Inmediatamente tomé nota porque últimamente he estado disfrutando mucho del trabajo de Simeons. De hecho, yo compré su comentario Hora Homilética, y lo he encontrado un recurso genial para el estudio de la Biblia y para la preparación de la predicación. Se ha convertido en uno de mis recursos favoritos. En esta obra, un comentario sobre grandes extensiones de la Escritura, él muestra una asombrosa habilidad para explicar y aplicar el texto.

Veamos un ejemplo, en Mateo 5:14-16 (“Vosotros sois la luz del mundo. Una ciudad situada sobre un monte no se puede ocultar…”). Asegúrate de leer los versículos mencionados en Mateo, ya que encontrarás un tesoro allí.

¿Cómo podemos ser luminarias en el mundo? Por muy sencilla que parezca esta pregunta, hay pocos que la responderían correctamente. Casi todos propondrán alcanzar esta distinción (ser luces en el mundo) por medio de la práctica, y se sorprenderían al ser informados que debe ser alcanzada por medio del creer: sin embargo, esa es la misma forma en que nuestro bendito Señor nos ha enseñado a buscar tal distinción: “Creed en la luz, para que seáis hijos de la luz”. ( Jn. 12:36)

Esto, por supuesto, no debe entenderse como un mero consentimiento a cualquier verdad que santifique el alma: debe entenderse como una guía dirigiéndonos hacia el Evangelio, y al Señor Jesucristo como se revela en él. Creer en la luz, es buscar la salvación enteramente a través de Aquel a quien Dios ha puesto como propiciación por el pecado; es vivir enteramente por fe en Él, y hacerlo nuestro todo en todo. Esto haría que nuestra unión con Cristo fuera efectiva; y nos llevaría a nuestra perfecta renovación a la imagen Divina.

Entonces “resplandeceremos como luminarias en un mundo oscuro”; y el mismo Dios será glorificado en nosotros.

¿Qué debemos hacer si ya hemos obtenido ese honor? Recuerda que los ojos de todos están sobre ti, y que la gloria de Dios en el mundo es grandemente afectada por tu conducta. Cualquier falta en ti, pronto será reconocida por el mundo. Aquellos que prestan poca atención a las estrellas que brillan en sus órbitas, serán sin embargo lo suficientemente observadores de una estrella cayendo y, de la misma manera, aquellos que pasan por alto el resplandor de diez mil santos, señalarán con triunfo la caída de uno que profesa a Cristo, y obtendrán de ello un argumento contra toda religión pura y verdadera.

Entonces mantente en guardia contra todo aquello que pueda opacar tu luz o hacerla brillar con menor esplendor. También sé diligente  para avanzar en tu camino cristiano. El más resplandeciente de nosotros emite sólamente por ahora el tenue resplandor de la madrugada: nuestro “aprovechamiento sea evidente a todos;” (1 Tim. 5:14). y “nuestra “senda es como la luz de la aurora, que va aumentando en resplandor hasta que es pleno día” (Prov. 4:18).