¿Cómo es que hoy me veo tan mal en este vestido que hace dos semanas me quedaba bien? ¿Por qué hoy no me siento tan enamorada de mi novio como la semana pasada? Hoy me siento enojada y no por qué. Quiero creer que no soy a la única que le pasa, es más; estoy segura de que no es así 

¿Te identificas conmigo? Es un hecho que los cambios hormonales a los que nos enfrentamos las mujeres cada mes, tienen efectos importantes sobre nuestro estado de ánimo y nuestra actitud ante la vida. La ciencia ha demostrado que los primeros 14 días del ciclo menstrual es cuando hay una mayor producción de estrógenos, y son los días “más felices” del mes. Hay una baja en la producción de hormonas del estrés como el cortisol y la adrenalina; así que estamos más relajadas, alegres y optimistas.  

Luego, pasada la ovulación, suben nuestros niveles de progesterona pues es la hormona que mantiene el embarazo en caso de que haya fecundación, y con ella aumentan las hormonas del estrés que ya mencioné antes; es entonces cuando nuestro ánimo tiende a decaer y podemos experimentar irritabilidad, ansiedad y estados de humor depresivos. Todo lo anterior tiene propósitos que en primera instancia tienen que ver con la reproducción, pero no quiero ahondar en ese tema; ante esto, solo diré que fuimos diseñadas perfectamente por un Dios perfecto (Sal. 139:13). Todo lo que sucede con nuestro cuerpo, tiene un por qué en su diseño. 

Debemos estar conscientes de que en muchas ocasiones, estos cambios hormonales y como actuamos durante ellos, sirven para exponer nuestro pecado y lo que hay en nuestro corazón. Por ejemplo, puede ser que por la etapa de mi ciclo esté en esos días donde estoy irritable, pero eso no justifica que maltrate a mis hijos 

Puede ser que estoy en los días de mi periodo menstrual y me duele el vientre y la espalda, pero esa no es razón para ser grosera con mi esposo y reprocharle que él no entiende lo que siento. No hay justificación para actuar de una manera caprichosa o egoísta con las personas que me rodean, y encima pensar que me tienen que entender y disculpar.  

Debemos recordar que hay uno que comprende lo que sentimos, y que además de comprendernos, nos ha dado dominio propio ante diversas circunstancias (2 Tim. 1:7), este es, Jesucristo. 

Hace algunos años, no me había dado cuenta de cómo estos cambios hormonales podían incluso alterar mi forma de pensar y mi juicio ante algunas situaciones. Así que, en ese tiempo tomé algunas decisiones que no solo fueron malas para mí, sino que lastimaron a personas importantes en mi vida. Y de una manera recurrente, me encontré tomando decisiones erradas motivada por mis sentimientos, porque Engañoso es el corazón más que todas las cosas…” (Jer. 17:9).  

Una vez escuché a alguien decir que, si no fuera por nuestra inestabilidad emocional, las mujeres gobernaríamos el mundo. No estoy de acuerdo, pues realmente la razón de eso es teológica, pero entiendo el sentido de la aseveración. Todas tenemos en mente a una o varias mujeres (o incluso nosotras mismas) caracterizadas por un humor inestable o como se dice en Honduras, mi país: “una personalidad lunática, pues son como la luna, es decir, una semana están de una forma y otra semana de otra forma 

Son personas difíciles de tratar porque nunca se sabe de qué animo las vamos a encontrar. Esto no es algo específico de las mujeres, tampoco es algo nuevo, sin embargo, es muy común y a mi parecer es ahí donde se conjuga nuestra biología y nuestra concupiscencia. (Stg. 1:14). 

Renovarse

“No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento” (Rom. 12:2).  

Algunas mujeres en el mundo de una manera paradójica, reclaman igualdad de género, pero cuando les conviene resaltan las diferencias biológicas para justificar malas actitudes. Nosotras como hijas de luz, debemos brillar y renovar nuestro entendimiento para mostrar al mundo la voluntad de Dios.  

Tengo en mente tres maneras en que podemos glorificar a Dios en medio de nuestros altibajos emocionales 

Conócete a ti misma

Obsérvate, identifica en qué momento del mes te sientes bien y aprovecha ese tiempo para crear, ser productiva, hacer ejercicio, levantarte más temprano para orar y estar más fresca. De la misma forma, identifica cuándo te sientes mal y prepárate para esos días buscando a Dios en oración, leyendo Su Palabra e incluso pidiendo ayuda.  

Si estás casada, habla con tu esposo y coméntale cómo te sientes, pídele ayuda de forma humilde pues él no sabe lo que pasa dentro de ti, pero puede entenderlo si le explicas. Si estás soltera y vives con tus padres, habla con tu mamá, ella puede comprenderte mejor y tratar de hacerte más llevaderos esos días. 

No tomes decisiones con el corazón

Si estás en esos días donde ni tú te aguantas porque estás de mal humor o estás lidiando con sentimientos de tristeza, evita tomar decisiones. Sobre todo, cuando se trata de decisiones que no solo te afectan a ti, sino que involucran a otros, pues puedes causar heridas, perder amistades, dejar malas impresiones que quizá no puedas reparar después.Mejor es el lento para la ira que el poderoso, y el que domina su espíritu que el que toma una ciudad” (Pr. 16:32). 

No seas de doble ánimo 

Por más que las circunstancias nos empujen a cambiar nuestro estado de ánimo constantemente (pues las circunstancias no son estables), Dios nos habla en Su Palabra sobre cómo podemos vencer la inestabilidad emocional; Romanos 8:6 nos dice “Porque la mente puesta en la carne es muerte, pero la mente puesta en el Espíritu es vida y paz”.  

Si logramos hacer a un lado las emociones del momento que vivimos y llevamos nuestros pensamientos cautivos a la obediencia de Cristo (2Co.10:5), estos se reflejarán en nuestra vida con paz para la gloria de Dios y nuestro beneficio. 

Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, 23 mansedumbre, dominio propio; contra tales cosas no hay ley. Pues los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus pasiones y deseos (Gal.5:2224).  

Oremos sin cesar, pidiendo a Dios Su ayuda y fortaleza para que nuestra conducta, como hijas suyas, sea caracterizada por los frutos de Su Espíritu y no por nuestro estado de ánimo.