Honestidad | El Rincón Del Pastor

La honestidad es sumamente importante para tener una comunidad bíblica y saludable. Sin embargo, muchos batallamos con ser honestos en nuestras relaciones con los demás, aún dentro de la iglesia. Todos somos propensos, o sea somos tentados a dar una respuesta superficial o esconder como realmente estamos o nos sentimos.

El pecado de falta de honestidad es tan viejo como el Jardín del Edén. Todos sabemos la historia: Dios dio unas instrucciones, Adán y Eva desobedecieron y entonces vino condenación de parte de Dios al hombre, la mujer, la serpiente y a usted y a mi.

Sin embargo, lo que sucedió inmediatamente luego que Adán y Eva pecaron, al oír que Dios se paseaba en el huerto, fue algo que demostró falta de honestidad

(Génesis 3:7-13) y que todos hacemos al pecar:

1. Se cubrieron– Se sintieron avergonzados, reconocieron su desnudez y trataron de colocar una máscara para cubrir su vergüenza.
2. Se escondieron – Al oír que Dios se paseaba por el huerto, se escondieron detrás de los árboles.
3. Le echaron la culpa a otro – Adán le echo la culpa a Eva y Eva a la serpiente.

Es muy fácil ver y señalar esto en ellos pero difícil en nosotros. No obstante, es importante ver que la vergüenza, el esconderse y echarle la culpa a los demás fue la respuesta de la primera pareja pero también de todos nosotros. Cada uno de nosotros, tratamos de encubrir nuestros pecados y pretendemos que no ha pasado nada o que Dios no lo sabe. Otros, le echamos la culpa a los demás por lo que nos sucede.

Esto nos hace hipócritas. ¡Espere, no se ofenda! La palabra hipocresía que Pablo describe en Romanos 12:9 dónde dice que el amor sea sin fingimiento, genuino, sin hipocresía… viene de la palabra griega anypokritos que en español se deriva la palabra hipócrita. Esta palabra era usada por los antiguos actores griegos que para cambiar de personaje en sus actuaciones y demostrar diferentes emociones, cambiaban de máscaras. Era la misma persona con diferentes máscaras para representar otras personas. Pablo sabia que los cristianos somos tentados a hacer lo mismo. A ponernos máscaras en vez de ser auténticos los unos con los otros. Todos de una manera u otra nos ponemos máscaras para convertirnos en algo que no somos.

¿La razón? El miedo. Miedo a fracasar, a que nos juzguen, nos señalen o nos condenen. Pablo dice en Romanos 8:1 que a los que estamos en Cristo ya no hay condenación. No debemos temer, Cristo pagó el precio para que nosotros pudiéramos vivir en libertad y honestidad.

Por lo tanto, el reto para cada uno de nosotros hoy es aprender a vivir la honestidad y verdad que permiten que otros realmente nos conozcan, nos amen, oren por nosotros y nos ayuden.

El permanecer usando máscaras nos drenará. Seamos una comunidad que seamos reconocidos porque amamos a Jesús y nos amamos los unos a los otros sin ánimo de impresionarnos.

¡Gracia y Paz de nuestro Señor Jesucristo!