Jesús confrontó a los falsos maestros y las doctrinas mortales

[dropcap]E[/dropcap]ste es un buen tiempo para ser un falso maestro y promover doctrinas mortales. Pareciera que a los herejes más descarados de hoy se les presta atención y, con toda probabilidad, se les invitará a escribir un libro. La novedad es atrayente, la ortodoxia es aburrida. Los que hacen la advertencia y plantean cuestionamientos son los que corren el riesgo: el riesgo de ser catalogados de «odiosos». Se tiene más paciencia con aquellos que sonrientes subvierten la verdad, que con aquellos que con valor la defienden. La convicción es una señal de arrogancia, mientras que la humildad se expresa en la incertidumbre. Pareciera que el amor requiere que soportemos pacientemente cualquier medida de error. Y este tipo de amor, se dice, está ejemplificado en Jesús. Jesús no juzgó, Jesús aceptó las opiniones, Jesús habría aceptado distintos tipos de enseñanza, con tal de que tales enseñanzas contuvieran amor y atisbos de verdad.

Sin embargo, una rápida revisión de los Evangelios muestra que esta impresión dista mucho del Jesús de la Biblia. Demuestra que la sociedad ha reinventado a Jesús a través del relativismo de nuestro tiempo. Cuando Jesús interactuaba con personas que estaban buscando, vagando, o desorientadas, él era invariablemente compasivo. Les respondía con paciencia y amabilidad. Pero cuando Jesús se enfrentaba con los hipócritas religiosos y falsos maestros, respondía con una justa ira y valiente convicción.

Hoy en día, aquellos que aman la verdad deben aprender a mostrar esa valiente convicción mediante la antigua disciplina de la polémica: la práctica de involucrarse en el debate y la disputa pública. El propósito de la polémica no es ganar puntos o ejercitar el músculo teológico, sino reprender a los vendedores del error y expresar preocupación por los que están atrapados en sus mentiras. Al igual que a los antiguos herejes de Creta, a los falsos maestros de hoy «hay que taparles la boca, ya que están arruinando familias enteras al enseñar lo que no se debe; y lo hacen para obtener ganancias mal habidas» (Tito 1:11). Cuando hacemos esto, imitamos a Jesucristo, quien fue un hábil polemista.

Vemos un ejemplo de la polémica de Jesús en Mateo 23, donde Jesús le habla a la multitud acerca de los escribas y fariseos. Lo que se despliega en esta escena no es una súplica privada sino una censura pública. Jesús aborda públicamente la doctrina mortal de estos líderes religiosos para beneficio de sus víctimas reales y potenciales. Él no se guarda nada. No se da el tiempo de elogiarlos por lo que hacen bien. No modera sus palabras para darles el beneficio de la duda. Él más bien especifica el error doctrinal y las acciones injustas de ellos, los cataloga con palabras fuertes pero apropiadas, advierte sobre las consecuencias de su error, y llama a sus oyentes a rechazar a los falsos maestros y sus doctrinas mortales.

Jesús confronta su error doctrinal

Estas autoridades religiosas estaban disfrazando el error de verdad. Jesús confronta su error diciéndole a la multitud: «Atan cargas pesadas y las ponen sobre la espalda de los demás, pero ellos mismos no están dispuestos a mover ni un dedo para levantarlas» (Mateo 23:4). En nombre de Dios, estos líderes promueven un sistema de justicia basado en las obras que ignora y niega la gracia gratuita de Dios. Jesús les da un ejemplo de su falsa enseñanza: «¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: “Si alguien jura por el templo, no significa nada; pero, si jura por el oro del templo, queda obligado por su juramento”» (Mateo 23:16). Ellos han reinventado la fe para poder mantener una fachada religiosa aun cuando rompen sus juramentos descaradamente. Adaptan sus creencias para poder permanecer justos según la letra de la ley aun cuando transgreden su espíritu. Jesús identifica esto como falsa doctrina y la aborda directamente.

Cuando respondemos al error dándole el beneficio de la duda, estamos cerca de cometer el mismo error de los falsos maestros: enmascarar el error como la verdad. Al igual que Jesús, debemos amar la verdad y amar a las personas lo suficiente para confrontar el error por lo que es.

Jesús confronta sus actos injustos

Las autoridades religiosas enseñan el error como verdad y, en consecuencia, actúan hipócritamente. Cuando Jesús advierte a la multitud sobre el error doctrinal de esto líderes, también menciona sus actos injustos. «¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Dan la décima parte de sus especias: la menta, el anís y el comino. Pero han descuidado los asuntos más importantes de la ley, tales como la justicia, la misericordia y la fidelidad. Debían haber practicado esto sin descuidar aquello» (Mateo 23:23). Y nuevamente: «¡Ay de ustedes, maestros de la ley y fariseos, hipócritas! Limpian el exterior del vaso y del plato, pero por dentro están llenos de robo y de desenfreno. ¡Fariseo ciego! Limpia primero por dentro el vaso y el plato, y así quedará limpio también por fuera» (Mateo 23:25-26). Jesús expone los actos injustos de los falsos maestros.

Puede que a algunos les cueste reconciliar el amor de Jesús y su valiente reprensión en esta escena, pero esto delata una peligrosa tendencia a separar el amor de Dios de su persistente exigencia de la verdad. Deshonramos a Dios cuando llamamos bueno a lo injusto (Isaías 5:20). Lo honramos cuando, como Jesús, llamamos maldad a lo injusto.

Jesús confronta su verdadera identidad

Luego de confrontar la injusticia de ellos, Jesús describe y cataloga apropiadamente a los falsos maestros. Solo en Mateo 23, Jesús llama a los escribas y fariseos «hipócritas» seis veces. Además, los llama «guías ciegos», «ciegos insensatos», «ciegos», «sepulcros blanqueados», «descendientes de los que asesinaron a los profetas», «serpientes» y «camada de víboras». Queda claro. Jesús no se retrae de llamar a los falsos maestros exactamente lo que son. El «Jesús manso y humilde» expresa sin pecado la ira divina hacia aquellos que hablaban errores en nombre de la verdad, que enseñaban doctrinas de demonios bajo la bandera del cielo.

Es cierto que siempre debemos evitar difamar a alguien llamándolo por lo que no es. Pero es igualmente cierto que cuando Dios es difamado por los falsos maestros que pretenden enseñar en su nombre, debemos llamarlos por lo que son.

Jesús proclama su futuro juicio

Jesús se asegura de que sus oyentes conozcan la plena gravedad de esta doctrina mortal. Él sabe que la adherencia a tales doctrinas erróneas tendrá las más funestas consecuencias, así que repite seis veces la palabra «ay». Esta es una palabra de juicio divino, de abyecta desdicha que presagia un desdichado final. «¡Serpientes! ¡Camada de víboras! ¿Cómo escaparán ustedes de la condenación del infierno?» (Mateo 23:33). No lo harán, ni tampoco los que se someten a un error tan detestable.

Como hemos examinado en esta serie, la falsa doctrina es una doctrina mortal. Lleva a la destrucción tanto a maestros como a oyentes. Es una muestra de bondad y amor advertirles de esta destrucción, «de modo que se despierten y escapen de la trampa en que el diablo los tiene cautivos, sumisos a su voluntad» (2 Timoteo 2:26).

Jesús llama a sus oyentes hacia la verdad

Jesús expone la doctrina mortal y los actos injustos de estos falsos maestros. Él describe apropiadamente a los que la promueven, y expone las consecuencias de tal error. Sin embargo, la polémica no es solo confrontar el error, sino también enseñar la verdad. Y la ortodoxia no es meramente conocer la verdad, sino también someterse a ella. Por estas razones, Jesús apela a sus oyentes a volverse del absurdo y la incoherencia del error hacia la verdad de Dios. Al contrario de los escribas y fariseos que hacen todas sus obras para ser vistos por los demás, Jesús le dice a la gente: «El más importante entre ustedes será siervo de los demás. Porque el que a sí mismo se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido» (Mateo 23:11-12).

Si los oyentes de Jesús tan solo aplican la razón y la lógica, verán que esta enseñanza no puede ser verdadera y que estas acciones no promueven la justicia. Ellos rechazarán lo falso y aceptarán alegres lo verdadero. Dejarán de lado la falsa doctrina y la hipocresía religiosa para más bien adoptar la sana doctrina y la vida piadosa.

Conclusión

Es un buen tiempo para ser un falso maestro y promover la doctrina mortal. Y lo seguirá siendo, a menos que el pueblo de Dios asuma su responsabilidad de defender la fe y proteger a los vulnerables. Jesús nos ha dejado tanto el mandato como el modelo. Jesús muestra que si bien la polémica gana pocos amigos (a fin de cuentas, fueron aquellos que él reprendió quienes le dieron muerte, y aquellos a quienes advirtió los que lo abandonaron), esta honra a Dios y salva a los oyentes de caer en la trampa