La belleza de un corazón gentil

Si hay alguna cualidad que brille hoy por su ausencia, tal vez sea la dulzura. Aunque este es un rasgo precioso y hermoso, es tristemente raro. Recientemente leí (y lo recomiendo altamente) el breve trabajo de J.R. Miller A Gentle Heart” (Un corazón gentil), en ese libro encontré este pasaje convincente que nos recuerda la fuente y el modelo de nuestra gentileza. 

Había gentileza en el mundo antes de que Jesús viniera. Había amor de madre. Había amistad, profunda, verdadera y tierna. Había amantes maritales que estaban unidos en unión sagrada. Había corazones incluso entre personas paganas en las que había una dulzura casi lo bastante hermosa para el cielo. Había lugares sagrados donde el afecto ministraba con ternura de ángel. 

Sin embargo, el mundo en general estaba lleno de crueldad. Los ricos oprimían a los pobres. Los fuertes aplastaban a los débiles. Las mujeres eran esclavas y los hombres eran tiranos. No había ninguna mano de amor que ayudara a los enfermos, a los cojos, a los ciegos, a los ancianos, a los deformes, a los locos, ni a nadie a cuidar de la viuda, de los huérfanos y de las personas sin hogar. 

¡Entonces Jesús vino! Y durante treinta y tres años anduvo entre los hombres, haciendo cosas amables. Tenía un corazón amable, y la dulzura fluía en su discurso. Hablaba palabras que palpitaban con ternura. Nunca hubo ninguna incertidumbre sobre el latido del corazón en las palabras que cayeron de los labios de Jesús. Ellos latían con simpatía y ternura. 

La gente siempre supo, que Jesús era su amigo. Su vida estuvo llena de gran ayuda. Ningún mal o la crueldad lo ha hecho ininteligible. Dispersó la bondad dondequiera que se movía. 

¡Un día clavaron esas manos suaves a una cruz! Después de eso, la gente lo extrañó, porque él ya no volvió a sus hogares. Fue una pérdida dolorosa para los pobres y los tristes, y debe haber habido dolor en muchos hogares. Pero mientras el ministerio personal de Jesús terminó con su muerte, la influencia de su vida continuó. Había puesto al mundo un nuevo ejemplo de amor. Había enseñado lecciones de paciencia y mansedumbre que ningún otro maestro había dado. Él había impartido un nuevo significado al afecto humano. Había hecho el amor la ley de su reino. 

Como uno puede dejar caer un puñado de especias en una olla de agua salobre, y así endulzar las aguas, estas enseñanzas de Jesús cayeron en la vida indiferente y desagradable del mundo, y de inmediato comenzaron a transformarla en dulzura. Dondequiera que el evangelio ha ido, estas palabras del gran Maestro han sido llevadas y han caído en los corazones de las personas, dejando allí sus bendiciones bondadosas.