La centralidad del evangelio en el ministerio pastoral

Nota del Editor: Anticipándonos a la mini-conferencia online de Soldados de Jesucristo “Centrados en el Evangelio” el pastor Andrés Birch de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España; nos enseña en este artículo sobre la centralidad del evangelio en las evangelio dentro del pastorado. Esperamos que sea de edificación.

Está de moda resumir cómo debería ser todo en la vida cristiana y en la vida de cada iglesia con la frase casi mágica: “centrados en el evangelio”; se habla de cristianos, de iglesias, de predicaciones y de todo tipo de ministerios, etc., “centrados en el evangelio”. Pero es mucho más que una moda; es una gran verdad: lo que llamamos “el evangelio”, además de ser el mensaje de Dios a través del cual somos salvados, debería ser el qué, el cómo y el porqué de todo en la vida cristiana y en la vida en comunidad del pueblo de Dios.

En este artículo intento aplicar ese principio al ministerio pastoral, un ministerio que también debería estar “centrado en el evangelio”.

1. La centralidad del evangelio en la oración

Ante el primer problema interno al que tuvo que enfrentarse la Iglesia primitiva, sobre la ayuda práctica a las personas necesitadas (Hch. 6:1 y ss.), se nombraron siete hombres para que se encargasen de ese ministerio. ¿Qué iban a hacer los apóstoles? “Nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra” (Hch. 6:4). Mencionaron la oración en primer lugar, no porque fuese más importante que “el ministerio de la palabra”, sino porque este debía ser precedido, acompañado y seguido por la oración.

Las oraciones de los pastores necesitan ser oraciones centradas en el evangelio. Esto no es algo automático; es muy fácil orar sin estar centrado en el evangelio. ¿Qué significa orar, como pastor, de una manera centrada en el evangelio? Significa que el mensaje del evangelio controle la estructura, el contenido y el espíritu de las oraciones del pastor; que no sean oraciones de intercesión, sin más, centradas en lo más inmediato: las necesidades más aparentes de las personas, sino que sean oraciones desde la perspectiva del evangelio: el carácter de Dios; el ser humano como pecador; la persona y la obra de Cristo; y el bien espiritual de las personas: su salvación y su santificación. Así, además de pedir protección, provisión, sanidad y ánimo, pediremos – sobre todo – el progreso espiritual de cada persona.

2. La centralidad del evangelio en la preparación

La mayoría de los pastores dedica muchas horas cada semana a la preparación de sus predicaciones y estudios bíblicos, etc.; la predicación y la enseñanza de la Palabra de Dios son, sin duda, la parte más importante de sus ministerios.

Pues, esto también tiene que hacerse de una manera centrada en el evangelio; y no siempre se hace así. ¡Nada más fácil que seguir con la serie! Pero si el evangelio no controla la preparación del predicador, es muy probable que tampoco controle sus predicaciones. Una de las primeras cosas que debería hacer el predicador cuando está a punto de empezar otra semana de preparación es pedirle al Señor que le ayude a empezar, a continuar y a terminar su preparación centrado en el evangelio. Aunque parezca una contradicción, podemos estar tan metidos en un texto bíblico, pensando sobre cada detalle del texto, que nos olvidamos del evangelio – lo perdemos de vista. Sea cual sea nuestro método para preparar predicaciones, deberíamos cultivar la costumbre de hacernos la pregunta: ¿Cuál es la ruta más directa de este texto a Cristo y al evangelio?

3. La centralidad del evangelio en la predicación

Si el evangelio ha estado en el centro de nuestra preparación, se supone que también estará en el centro a la hora de predicar.

Pero en esto también hay peligros: (1) Desde el púlpito no vemos muchas caras nuevas, intuimos que no hay muchas personas no creyentes presentes, y no vemos tan urgente predicar el evangelio; (2) No vemos el evangelio como algo que los creyentes también necesitan; (3) Hacemos una serie de exhortaciones basadas en lo que nosotros percibimos como las necesidades más urgentes de la congregación y totalmente desconectadas del evangelio. Pero la mejor aplicación es la que se basa en el evangelio y que fluye del evangelio.

4. La centralidad del evangelio en la visitación

La visitación pastoral es el otro brazo del cuidado pastoral, junto con la predicación de la Palabra. Si predicar es hacer un puente que va desde la Palabra hasta las personas, el predicador necesita conocer la Palabra y también a las personas. Y la visitación sistemática (y no solo en situaciones concretas de necesidad inmediata) puede ayudar mucho al pastor a conocer a las personas a las que predica los domingos.

Pero, al igual que todos los demás aspectos del ministerio pastoral, la visitación también tiene que ser centrada en el evangelio. ¿En qué sentido? (1) El propósito número uno de la visitación pastoral no es social, sino espiritual; (2) Antes de llamar a la puerta de la persona que sea, antes de salir de casa y mientras nos desplazamos al lugar, deberíamos llenar nuestra mente y corazón del evangelio: del Dios del evangelio; del pecador que tanto lo necesita (sea creyente o no); de Cristo, el evangelio encarnado; de la respuesta que el evangelio busca de cada persona; del evangelio como el medio por excelencia de salvación, de restauración y de crecimiento espiritual.

5. La centralidad del evangelio en la consejería

Confieso que no sé mucho sobre la consejería bíblica, pero entiendo que es la aplicación pastoral de toda la Palabra de Dios a todo tipo de personas en todo tipo de situaciones y con todo tipo de necesidades. Por muy siglo 21 que pueda parecer cualquier problema o situación, la Biblia siempre tiene mucho que decir al respecto – si no de forma explícita, por medio de sus principios universales.

Creo que en esta área de la consejería el peligro de dejar fuera el evangelio es mayor que nunca. Si no se hace la consejería desde el evangelio, nos acechan dos errores en los dos extremos: (1) El error de un moralismo que pretende manipular la conciencia del pecador con la ley pero sin el evangelio; y: (2) El error (opuesto) de una mera escucha terapéutica sin ni la ley ni el evangelio.

El evangelio incluye la mala noticia del pecado y sus consecuencias y la buena noticia de salvación gracias al Señor Jesucristo. Y aun cuando la persona ya ha experimentado la ‘macrosalvación’ – o sea, la salvación como tal – el mismo mensaje del evangelio como esperanza en Cristo para cualquier pecador sigue siendo la ‘microsalvación’ que todos necesitamos en el día a día. ¿A qué áreas de nuestras vidas no es aplicable la enseñanza bíblica sobre Dios, el pecado, la Cruz, la gracia, el perdón, el arrepentimiento y la confianza en Cristo?

6. La centralidad del evangelio en la disciplina

Aunque la disciplina eclesial, al igual que la disciplina en el hogar, incluye el aspecto formativo, estoy pensando aquí en el aspecto correctivo. Esta es una de las áreas del ministerio pastoral más desagradables. Pero la disciplina eclesial tiene una base bíblica bien sólida: Mateo 18:15 y ss.; Romanos 16:17 y ss.; 1.ª de Corintios 5; 1.ª a Timoteo 5:19 y 20; Tito 3:10 y 11; Apocalipsis 2:14 y ss.; etc. Hay tres motivos principales que requieren la disciplina eclesial correctiva: (1) Cualquier error doctrinal grave; (2) Cualquier comportamiento pecaminoso que sea un escándalo para el evangelio; y: (3) Causar divisiones en el cuerpo de Cristo.

En esta difícil área también hay que actuar desde el evangelio. Si pensamos en el proceso de disciplina eclesial establecido por el mismo Señor Jesucristo, los conceptos clave son: (1) Pecado; (2) Reprensión; (3) Confesión; (3) Arrepentimiento; y: (5) Restauración – un proceso que refleja, y no por casualidad, la obra del evangelio en el corazón y en la vida del ser humano pecador. Y al igual que en la predicación del evangelio, el objetivo principal de la disciplina eclesial es que el Señor sea glorificado por la recuperación de la oveja perdida. La disciplina pastoral nace del evangelio y refleja el evangelio.

7. La centralidad del evangelio en el corazón

Hace casi treinta años un pastor muy querido me dijo algo que nunca he olvidado y que en más de una ocasión me ha ayudado a seguir adelante en el ministerio pastoral: me dijo que lo único que nos puede ayudar, ante tantos problemas pastorales, a ser pacientes y a seguir amando hasta a los miembros de iglesia más difíciles es nunca olvidar cómo el Señor nos ha tratado a nosotros. Si el Señor me hubiera tratado a mí como yo trato incluso a otros creyentes, no hubiera habido ninguna esperanza para mí. Y, en cambio, si el Señor, siendo quien es, me ha tratado a mí, siendo como soy, como lo ha hecho – con tanta paciencia, con tanta misericordia y con tanto amor – ¿acaso no debería reflejar aunque sea una milésima parte de cómo es él en mi actitud hacia mis hermanos en Cristo y en mi forma de tratarles?

La centralidad del evangelio no solo tiene que controlar lo que hacemos en el ministerio pastoral; tiene que controlar lo que somos.

Conclusión

No pretendo haber abarcado todas las áreas del ministerio pastoral, ni mucho menos. Pero que estas áreas – importantes – sirvan como ejemplo de cómo todo en la vida y en el ministerio del pastor tiene que hacerse sobre la base del evangelio y desde el evangelio, siendo este el qué, el cómo y el porqué del ministerio pastoral.

 

[notice]Andrés Birch es un misionero británico afincado en España desde 1983. Actualmente es pastor de la Iglesia Bautista Reformada de Palma de Mallorca, España. Puedes seguir a Andrés en Twitter.
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