La contracultural vocación del ama de casa

Hace un tiempo recibimos un correo de uno de los maestros de décimo grado (de escuela pública) de Nick, el cual fue enviado a todos los padres: «Me gustaría invitar a los padres a venir a nuestra clase y hablar sobre la carrera que escogieron. Quiero exponer a los estudiantes a una variedad de carreras y experiencias. ¿Le gustaría venir y contarnos?». Mi primer pensamiento fue para Aileen: «Creo que tú deberías ir como una mamá dueña de casa».

Cuando conocí a Aileen, ella era una estudiante de secundaria de diecisiete años que sacaba buenas notas y era activa en equipos y organizaciones; cuando comencé a salir con ella, era estudiante universitaria de primer año que se preparaba para una carrera de ayuda a los demás mediante el trabajo social; cuando me casé con ella, había terminado su trabajo de pregrado y estaba a punto de iniciar una maestría. Pero entonces nos establecimos en una vida juntos y ella pronto admitió que su verdadero sueño y deseo era ser una esposa y madre ama de casa. Siempre lo había querido. Es lo que su madre había elegido y ella quería lo mismo. Y así lo hizo. Se retiró de su programa, se estableció en su nueva vocación, y pronto se le unió uno, luego dos, luego tres hijos.

Aileen tenía alternativas por delante y tomó su decisión. Eligió lo que quería hacer y lo que se sentía llamada a hacer. Ella creía que esa era la mejor forma en que podía servir a su familia. No obstante, cuando le dije que debería ir a hablar en la clase de Nick, se burló. Tal vez pensó que la estaba molestando o riéndome de ella. Pero no. Pienso que sería extraordinario que ella representara algo que muy pocos niños en esa escuela han visto.

Vivimos en un barrio de casas de un piso de la época de la explosión demográfica y casas adosadas de la década de 1970. Es un barrio adonde la gente va a comprar su primera casa (antes de ganar suficiente patrimonio neto para ascender) o adonde vuelven para comprar su última casa (cuando descienden para recuperar patrimonio neto). Si bien nuestro barrio es bastante respetuoso, es conocido como «el gueto» de nuestro pueblo simplemente aparte de lo que ha surgido en los alrededores.

La escuela secundaria local está por la carretera, pasado el centro comercial, en un distrito electoral distinto, en un barrio de enormes casas nuevas. Una vez calculamos que con lo que cuesta comprar una casa allí, se podrían comprar siete de las nuestras. Sin exagerar, tienen más metros cuadrados en su sótano de los que tenemos en toda nuestra casa. La junta de la escuela informa que el ingreso familiar promedio anual de los alumnos de esa escuela asciende a los 200.000 dólares. Basta con decir que allí no hay muchas familias con un solo ingreso. No puede haberlas cuando se necesita calificar y pagar una hipoteca de un millón de dólares. Hay muchas nanas cuidadoras de niños, pero no muchas madres amas de casa.

No estoy juzgando a aquellas familias. En absoluto. Solo hago la observación de que mi esposa eligió una vocación escasa y contracultural. Escogió una vocación que en otro tiempo era muy respetada pero ahora se la ve con cierta vergüenza. Me encantaría que ella explicara por qué escogió esta vocación aun cuando tenía otras opciones a disposición, qué oportunidades le ha dado, si haría lo mismo si tuviera que empezar de nuevo. Me gustaría que les explicara a los alumnos de décimo grado que esta también es una opción disponible, y una digna de considerar.

Ella no lo hará, y respeto su decisión. Es reacia a hablar en público en los mejores momentos, y una clase de secundaria sobre carreras la alejaría demasiado de su zona de comodidad. Lo entiendo. Pero por lo menos quiero expresarle mi amor y respeto por el camino que escogió. Aunque siguió su deseo y su conciencia, no siempre ha sido fácil. A pesar de que siempre ha estado personalmente segura de su elección, ha enfrentado críticas externas. Se ha sentido fuera de lugar. Se ha sentido juzgada. Pero yo, su esposo, y nosotros, sus hijos, la honramos y amamos. Haciendo eco de Lemuel: «Sus hijos se levantan y la felicitan; también su esposo la alaba: “Muchas mujeres han realizado proezas, pero tú las superas a todas”» (Proverbios 31:28-29).