Probablemente lo has visto o lo has conocido: Se trata del esposo hipócrita. Es el hombre que habla, escribe o predica sobre el matrimonio, que proclama su amor permanente por su esposa, pero que la trata pésimamente. O tal vez la trata con indiferencia. Él felizmente le cuenta a otros acerca de su amor por ella,  pero sus acciones contradicen sus palabras.

Yo, siendo alguien que escribe y predica, he sido impactado por mi tendencia a ser hipócrita con relación a este tema.  Sé que soy capaz de enseñar lo que la Biblia dice sobre el matrimonio (o lo que dice sobre cualquier otra tema) incluso cuando no actúo conforme a lo que la Biblia dice al respecto. También sé que soy capaz de escribir un artículo titulado “8 maneras de garantizar que la llama siempre esté encendida” mientras actúo indiferentemente si la llama solo durara 5 minutos más.

Pero no quiero realmente escribir el día de hoy sobre el matrimonio, sino más bien sobre la Biblia. Este artículo en verdad comenzó con una conversación amistosa acerca de la inerrancia. Un amigo y yo estábamos conversando acerca de tener un entendimiento adecuado sobre las afirmaciones que la Biblia hace de sí misma, y me puse a pensar en la gente de mi Iglesia, Grace Fellowship Church. Me preguntaba acerca de su entendimiento de la Biblia, y si afirmarían o no la inerrancia.

Creo que lo harían; creo que todos estarían de acuerdo con la afirmación de que la Biblia no tiene errores y que no afirma nada que sea contrario a los hechos. También creo que esto es cierto independientemente de que estén familiarizados o no con la palabra inerrante. He aquí el por qué: La manera más efectiva de enseñar la inerrancia no es enseñar la inerrancia, sino enseñar la Biblia. La inerrancia puede (y a veces debe) ser definida. Pero con mayor frecuencia, debería simplemente mostrarse. Y estoy convencido que la mejor manera de mostrar la inerrancia es en la predicación expositiva de la Palabra semana tras semana.

Es aquí, en la predicación de la Palabra, donde mostramos aquello que realmente creemos. Es aquí donde mostramos nuestra teología en acción. Abrimos la Biblia, exponemos lo que dice, creemos lo que proclama y hacemos lo que nos ordena. Al abrirla, permitimos que Dios hable, y luego vivimos lo que Él ha hablado. No hay nada sofisticado en ello. Pero hay algo extraordinario y completamente sobrenatural.

Mientras la gente está expuesta a este tipo de predicación semana tras semana, año tras año, y libro tras libro, ellos ven la inerrancia, experimentan la inerrancia, creen en la inerrancia, y cualquier cosa menos la consideran inconcebible. Las lecciones más importantes sobre la inerrancia no son las del libro de teología sistemática, sino las del púlpito.

He aprendido mucho más sobre el matrimonio al observar el matrimonio que al leer las definiciones o descripciones del mismo. De hecho, debe ser así. Si bien es importante conocer y definir la palabra inerrancia, es mucho más importante verla. Cuando predicamos la Biblia como inerrante, enseñamos a la gente a entender que la Biblia es inerrante.