La misericordia constante de Dios | 2da Parte

¡La cirugía fue un éxito! Si leyeron la primera parte saben que mi esposo se cayó y fracturó su tobillo. Grandes retos tenemos por delante. Una recuperación lenta de aproximadamente quince semanas durante las cuales mi esposo no podrá manejar, no puede poner peso sobre su pie y requerirá asistencia para realizar actividades básicas. Necesitará rehabilitación por un tiempo que desconocemos. Damos gracias a Dios porque en medio de todo, El obró y proveyó el hospital, médico, los recursos y esfuerzos de otras personas para ayudarnos en medio de este proceso.

En una era donde tenemos prisa para todo y esperamos que las cosas fluyan a nuestro ritmo, nuestros pensamientos chocan con la soberanía de nuestro Dios omnisciente. La realidad es que en ocasiones, la soberanía de Dios no está alineada con nuestros planes, pero eso no implica que su misericordia se haya alejado, antes bien, la Palabra afirma que cuando pasemos por cualquier situación, sea buena o mala a nuestros ojos, Dios la usará para sus buenos y eternos propósitos.

Esto es lo que nos recuerda Romanos 8:28 (NTV) cuando dice: “Y sabemos que Dios hace que todas las cosas cooperen para el bien de quienes lo aman y son llamados según el propósito que él tiene para ellos.”

Dios hizo que este proceso cooperara para bien en la medida en que Su misericordia fue manifestada y exaltada. ¿Cómo lo hizo? Poniendo en el corazón de nuestros hermanos en Cristo la voluntad y disposición de ayudarnos en todo este proceso; desde cuidar a nuestros hijos cuando lo necesitamos, hasta cocinar por más de diez ocasiones alimentos y traerlos a nuestra casa para que nuestra familia cenara y así, aliviar mi carga.

Dios nos mostró su misericordia en recordarnos que no estábamos solos, con llamadas, tarjetas y visitas de nuestra congregación. Palpamos el amor de Dios al sentirnos amados  y ayudados por hermanos que nos conocen desde hace solo dos años y nos trataron como si fuéramos su propia familia. La misericordia de Dios también fluye horizontalmente. Esto nos es recordado a través del sermón del monte de Mateo 5:7 y una de las bienaventuranzas:

 “Bienaventurados los misericordiosos, pues ellos recibirán misericordia.”

Mientras reflexionábamos sobre todo lo que hemos aprendido, concluimos dos cosas que quiero que te hagan meditar. La primera es que la mejor forma de experimentar y apreciar la grandeza y hermosura de la misericordia de Dios es cuando estamos en más necesidad de ella, precisamente en prueba. Cada vez que algún enfermo, necesitado o atormentado se acercaba a Jesus, lo hacía apelando a Su misericordia:

  • Mateo 9:27: “Al irse Jesús de allí, dos ciegos le siguieron, gritando y diciendo: ¡Hijo de David, ten misericordia de nosotros!”
  • Mateo 17:15: “Señor, ten misericordia de mi hijo, porque es epiléptico y sufre terriblemente, porque muchas veces cae en el fuego y muchas en el agua.”
  • Mateo 15:22: “Y he aquí, una mujer cananea que había salido de aquella comarca, comenzó a gritar, diciendo: Señor, Hijo de David, ten misericordia de mí; mi hija está terriblemente endemoniada.”
  • Mateo 20:30: “Y he aquí, dos ciegos que estaban sentados junto al camino, al oír que Jesús pasaba, gritaron, diciendo: ¡Señor, Hijo de David, ten misericordia de nosotros!”
  • Lucas 17:11-13: “Y aconteció que mientras iba camino a Jerusalén, pasaba entre[a] Samaria y Galilea, y al entrar en cierta aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, que se pararon a distancia, y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro! ¡Ten misericordia de nosotros!”

No existe manera en la que podamos apreciar lo maravilloso de la misericordia y el amor de nuestro Dios a menos que no estemos en gran necesidad de ella.

Graciosamente, Dios nos proveyó un ejemplo perfecto en el Salmos 94 verso 18: Cuando yo decía: Mi pie resbala, Tu misericordia, oh Jehová, me sustentaba.” ¡Cuánto gozo produce el saber que antes de la prueba ya su misericordia estaba en acción!

La segunda lección es que tú y yo podemos ser un canal para reflejar la misericordia de Dios en la vida de otra persona.

  • ¿Cuándo fue la última vez que visitaste y oraste por un enfermo?
  • ¿Cuándo fue la última vez que después de decir: “voy a orar por ti” dijiste como puedo ayudarte en este proceso?
  • ¿Cuándo fue la última vez que viste a alguien turbado y le dijiste: “estoy aquí y quiero escucharte si deseas hablar?
  • ¿Cuándo fue la última vez en la que decidiste cambiar tus planes y tu rutina para ayudar a un hermano o a un no cristiano en algo que necesitaba y así mostrar el amor de Dios que mora en ti?

Oro para que nuestros ojos y corazones estén más atentos para apreciar Su constante misericordia y también ser canal de la misma con gozo, amor y acciones de gracias.