Soldados de Jesucristo

La Reforma protestante y su relación con nuestra iglesia en América Latina

Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

Una entrevista con el Dr. Justo González

Daniel Puerto: ¿Qué fue la Reforma protestante? ¿Cómo se puede resumir ese acontecimiento para la iglesia latinoamericana?

Justo González: La Reforma protestante fue un gran movimiento que tuvo lugar hace exactamente 500 años. Fue una Reforma que tuvo que ver, por una parte, con una situación muy difícil en la iglesia. Había mucha corrupción, había no solamente supersticiones, sino que también se compraban y se vendían cargos en la iglesia —algunas personas tenían hasta cinco o seis cargos y no cumplían las responsabilidades de ninguno de ellos. La Europa de aquel siglo era testigo de muchas otras cosas semejantes.

Ahora bien, no solamente los protestantes querían una reforma, sino que también en la misma Iglesia Católica Romana hubo reformadores, personas que querían reformar y lograron hacer cierto tipo de reforma. Lo que fue distinto en la Reforma protestante fue que esa Reforma también reformó algo, no todo, sino una parte de la teología tradicional que los reformadores habían recibido de la Edad Media.

 

DP: ¿Cuáles fueron las razones principales por las cuales ocurrió la Reforma protestante?

JG: Hubo muchas razones. Una de ellas, que ya mencionaba anteriormente, era que había problemas muy serios en la iglesia. De esos problemas hablaba hace un momento: la compra y venta de cargos eclesiásticos, etc. Otra de las razones también fue que hubo unas personas que se dedicaron a estudiar la Biblia de nuevo y empezaron a cuestionar algunas de las doctrinas que se habían enseñado.

Además, existen muchas otras razones importantes que algunas personas no conocen. Por ejemplo, la invención de la imprenta unos 50 años antes de que comenzara la Reforma. Esto quiere decir que antes, cuando una persona tenía una idea un poco diferente, sencillamente no se sabía porque lo que dijera debía ser copiado a mano y muy pocos se enteraban; pero cuando Lutero clavó en una puerta de una iglesia unas tesis para discutir, aunque las escribió en latín, alguien las tradujo al alemán y las hizo imprimir y a los pocos días estaban por toda Alemania, cosa que no hubiera podido acontecer 50 años antes.

También unos 50 años antes de Lutero, en el 1453, los turcos otomanos invadieron y tomaron Constantinopla. Constantinopla había sido un gran centro de estudios cristianos de la iglesia cristiana oriental. Muchos de los eruditos de Constantinopla se fueron huyendo a Europa y consigo trajeron manuscritos, historia, copias de la Biblia, etc. y cuando llegaron a Europa la gente del continente se dio cuenta que no eran exactamente lo mismo que ellos tenían. Es decir, que a través de un largo proceso de cientos y cientos de años de copiar una y otra vez los manuscritos se habían introducido diferencias. Entonces, estos eruditos hicieron un llamado a «volver a las fuentes», volver a lo primero. Ese «volver a las fuentes» es un tema típico, característico del siglo XVI. Algunas personas —por ejemplo, los poetas, los escritores, los arquitectos— cuando dicen «volver a las fuentes» están pensando en volver a la antigüedad, a la antigüedad romana, a copiar la arquitectura romana, copiar las esculturas de los antiguos griegos, etc. Pero dentro de la iglesia «volver a las fuentes» quería decir «volver a la Biblia». Y parte de ese «volver a la Biblia», entonces, da en la Reforma.

 

DP: ¿Qué tanto tuvo que ver la política de la Europa del siglo XVI en el surgimiento e impacto del movimiento reformado?

JG: Hubo muchas condiciones políticas que favorecieron al avance de la Reforma. El ejemplo principal que puedo darle es el caso del emperador. El cargo de emperador no era hereditario, sino electivo, pero no como hacemos hoy las elecciones. Había catorce personas que tenían derecho a votar. Siete de ellos eran eclesiásticos y siete eran príncipes, laicos, señores feudales. Cuando comenzó la Reforma la posición de emperador estaba vacante. Había que elegir un emperador y había tres candidatos. Uno de los candidatos era el rey de Francia, Francisco I. Pero si Francisco resultaba ser emperador, todo el centro de Europa, todo lo que ahora es Francia, Bélgica, Holanda, Alemania, Austria y el norte de Italia iba a estar en manos de Francisco. Y el papa le tenía miedo a eso porque era un poder muy grande cerca de él.

El segundo candidato era el rey de España, Carlos I. Él también era príncipe heredero de Austria y de un reino que se llamaba el Reino de las Dos Sicilias en el sur de Italia, lo que ahora es Nápoles, Sicilia; y también de Milán, en el norte de Italia. El papa quería menos la elección de Carlos I que la de Francisco porque con Carlos I el papa iba a estar entre la espada y la pared, por un lado al sur y por el otro lado al norte, todo rodeado de posibles enemigos; él no quería cerca a nadie tan poderoso.

El tercer candidato no era candidato porque era poderoso, sino porque era muy reconocido, él era un señor llamado Federico el Sabio que era el príncipe elector de Sajonia. Y Sajonia era el lugar en el que Lutero estaba. Y cuando empieza la Reforma, el candidato del papa era Federico el Sabio, no por la sabiduría de Federico, sino porque no quería a ninguno de los otros dos. Entonces, ¿qué sucede? Debido a que el papa no quiere pelearse con Federico el Sabio permite que las cosas de Lutero vayan caminando un poco, no aprieta en seguida porque quiere ver si puede arreglarse con Federico. Pero Federico dice que a su profesor [Lutero] hay que respetarlo, se puede hacer un juicio pero debe ser bien hecho. De esta manera, el papa le da largas a la situación.

Lo que sucedió, al fin y al cabo, es que Carlos I de España compró a unos electores y resultó ser el emperador que se conoce como Carlos V, quien fue el emperador en turno cuando la Reforma siguió caminando. Ya para ese momento cualquier acción del papa contra la Reforma era tarde.

Pasó otra cosa más, en el entorno de la política, que ayudó a la Reforma. Ya se comentó que en el año 1453 los otomanos conquistaron Constantinopla, pero siguieron en dirección a Europa y llegó el momento que llegaron hasta Viena y le pusieron sitio. Y el emperador Carlos V tenía que defenderse. Él no se podía dar el lujo de estar peleado con la mitad de sus súbditos. Entonces, en lugar de hacer lo que quería hacer —acabar con el movimiento de Lutero—tuvo que ponerse de acuerdo con los demás electores, los señores feudales que eran luteranos, para poder enfrentarse a los turcos. Cuando los turcos perdieron y se fueron, luego de verse derrotados en Viena, ya era muy tarde para detener la Reforma porque había mucha más gente que seguía las enseñanzas de la Reforma.

 

DP: Además de las 5 solas, ¿qué otros ideales reformados sacudieron la Europa del siglo XVI?

JG: Uno de ellos fue lo que se conoce como el sacerdocio universal de los creyentes. En la Biblia Pedro habla de que somos «real sacerdocio» (1 P. 2:9). En el Apocalipsis dice que se nos ha hecho «reyes y sacerdotes» (Ap. 5:10). Así que la idea de un sacerdocio era fundamental para la antigua iglesia, pero después se fue perdiendo y fue tomando lugar una jerarquía de cierta gente que tenía los derechos para acercarse a Dios y representar delante de Dios (aunque esta es una versión popular de cómo funcionaba el sistema de liderazgo dentro de la iglesia).

Cuando Lutero dice que todos somos sacerdotes, pero no solo eso, sino que también todos somos un solo sacerdocio, eso crea dos cosas que son muy importantes. Una cosa es que ya no me hace falta un sacerdote ordenado para acercarme a Dios. Pero la otra cosa también es que todos somos un solo cuerpo. Ese sacerdocio también tiende a unir a la iglesia, pero no a la iglesia jerárquica, sino a esta iglesia del pueblo.

Claro, en algunos casos, algunas ideas de la Reforma, crearon problemas. Precisamente, porque había mucho nacionalismo en Alemania, algunas personas interpretaron lo que Lutero estaba diciendo como una protesta contra el papa y contra los opresores (porque había mucha opresión). Y hubo una gran rebelión de campesinos Y una de las manchas en la vida de Lutero es que él mismo mandó a aplastar aquello, a fuerza o como fuera. Después que los nobles ganaron, Lutero les pidió que no siguieran matando gente. Esa fue una situación difícil.

Otro impacto grande de la Reforma fue el culto en el idioma vernáculo, el idioma del pueblo. Hasta entonces, la misa había sido en latín, y continuó siendo así porque la Iglesia Católica Romana reafirmó esa práctica en el Concilio de Trento y siguió así hasta el Concilio Vaticano II. Hay que darse cuenta que para los alemanes eso del latín era todavía más extraño que para nosotros. El idioma nuestro, el español, es un latín mal hablado. Por ejemplo, si el cura dice Paternoster, más o menos entendemos que es Padre nuestro; y si dice Paxtecum, más o menos entendemos paz contigo. Son idiomas muy parecidos. Pero el alemán no se parece en nada al latín; así que, había una diferencia mayor. Entonces, ese sentido de afirmación de los pueblos que estaban experimentando el servicio, el culto, en su idioma, daba una dimensión de que aquello no era solamente religioso sino revolucionario porque ahora ya eran pueblos reconocidos por Dios y podían usar su lengua para acercarse a Dios.

 

DP: ¿Cómo afectó la Reforma protestante la vida del día a día del europeo del siglo XVI?

JG: Esto depende que quién haya sido el europeo. Porque un europeo en España, por ejemplo, donde la Reforma fue aplastada por completo, no fue afectado de la misma manera. Sí era afectado en algunas cosas, entre ellas, el impacto de que la iglesia se había vuelto más conservadora, más organizada, más centralizada en respuesta a la Reforma.

Pero, claro, donde el impacto era mayor fue en los pueblo, los países que aceptaron la Reforma. Ese impacto tuvo muchas consecuencias. Una de ellas fue que los protestantes subrayaban que se podía ser santo en la vida cotidiana. La tradición medieval era que hay mandamientos que Dios ordena y todo mundo tiene que cumplirlos, pero también está lo que se llama «los consejos de perfección». Por ejemplo, cuando Jesús le dice al joven rico «si quieres ser perfecto ve y vende», etc. (Mt. 19:21), ese no era un mandamiento, era un consejo: «Si quieres ser santo de verdad, más santo que la gente común, tienes que hacerte monje porque eso es lo que los monjes hacen». Los otros dos conceptos relacionados con «los consejos de perfección» eran el de la obediencia y el del celibato. No eran mandamientos, sino consejos. Por ejemplo, cuando Pablo dice que quien no se casa «hace mejor» (1 Co. 7:38).

Ahora, cuando vienen Lutero y los reformadores y dicen que se puede ser tan santo en la cocina como en el monasterio, detrás del arado como en el servicio de los monjes, cambia toda la visión de la vida. Esto también lleva a que eventualmente se vacíen los monasterios. Eso tiene consecuencias tanto buenas como malas. Una consecuencia buena fue que entonces la gente tuvo que ocuparse más en su propia fe y respetar más la santidad de lo que estaban haciendo. Algunos de esos monjes huyeron y continuaron siendo católicos romanos, pero muchos de esos monjes y monjas se convirtieron en protestantes y se casaron unos con otros. Lutero se casó con una de ellas. Lutero no hizo la Reforma para casarse, eso vino después y fue muy feliz en su matrimonio.

En el aspecto negativo, el monaquismo había sido por mucho tiempo el brazo misionero de la iglesia. Eran los franciscanos que se iban hasta China y, aún después de la Reforma, fueron los jesuitas que se fueron hasta Japón. Aquí en América los que vinieron fueron los dominicos, los franciscanos, los jesuitas, etc. Al deshacerse de eso, la iglesia protestante perdió ese brazo misionero y se demoró 200 años en volver, de verdad, a ser una iglesia misionera.

 

DP: ¿De qué maneras Latinoamérica no ha experimentado el impacto de la Reforma?

JG: Latinoamérica estaba, durante ese tiempo, bajo el dominio de las coronas portuguesa y española. Ambas eran fueres opositoras de la Reforma. Así que, por un buen tiempo, los únicos protestantes presentes eran algún «pirata» medio perdido por allí o algún comerciante que acababa por acá, pero esos fueron muy pocos. Hubo un asentamiento de protestantes cerca de lo que ahora es Rio (Brasil) pero no tuvo éxito. Así que en ese sentido, la Reforma no tocó Latinoamérica hasta que no llegaron los misioneros protestantes después.

Por otra parte, la Reforma Católica no tuvo el mismo impacto en América Latina. La Iglesia Católica Romana, en parte en respuesta a lo que estaba pasando con la Reforma protestante y en parte por su propia cuenta, se reformó. Esa Reforma Católica cuajó en el Concilio de Trento (por eso la iglesia europea después de ese concilio, y hasta el Segundo Concilio Vaticano, se conoce como la iglesia tridentina). Esos cambios no se aplicaron tanto en América Latina porque, un poco de tiempo después de Cristóbal Colón, el papa Alejandro VI, que era pariente de Fernando el Católico, le dio a la corona de España el derecho de patronato real. Eso quiere decir que quien en realidad gobernaba la iglesia en América Latina no era el papa, sino el rey o el Consejo de Indias en nombre del rey. A nosotros nos han dicho mucho que el dinero de estas tierras se iba a Roma. Eso no es cierto. El dinero se iba a la metrópolis, a España. Porque cuando el papa hizo esa declaración, él no sabía del oro de México ni de Perú. Lo único que había llegado eran unos pedacitos de oro del Caribe y administrar una iglesia para tanta gente iba a ser un dolor de cabeza e iba a costar mucha plata. Por esta razón, el papa entregó la autoridad para que esas coronas se encargaran de la iglesia, ellos eran los patronos de toda esa tierra nueva. Pero esto quiere decir que, con el paso del tiempo, la iglesia en América Latina no tenía que hacer lo que Roma le mandaba sino lo que el rey le mandaba. En el nombramiento de los obispos, el rey le decía al papa a quién debía nombrar. Así que se cumplía el requisito de que fuera el papa quien nombrara a los obispos, pero el rey o su gabinete era quien decidía. Esto quiere decir, entonces, que cuando vino la Reforma Católica, la reforma tridentina, acá en América se aplicó lo que se quiso —lo que el rey quiso— y lo que no se quiso no se aplicó. De manera que, no solo fue que la Reforma protestante no llegó acá, tampoco llegó la católica.

Después llegaron los evangélicos, pero llegaron mayormente a raíz de la independencia. Antes de la independencia todavía en nuestros países era muy difícil ser protestante. No solamente porque no había contacto con lo de fuera —incluso el comercio que venía tenía que pasar por Sevilla, todo estaba controlado por España— sino también porque no había apertura para nuevas ideas. Cuando llegó la independencia, cambió todo. Ninguno de los líderes de la independencia era protestante, pero casi todos eran anticlericales. ¿Por qué? Porque cuando comenzaron a protestar para que llegara la independencia la mayoría de los obispos habían sido nombrados por la corona, por el rey, y eran fieles a la corona y estaban en contra de la independencia. Y después de la independencia en la mayor parte de nuestros países se formaron dos partidos: un partido conservador (que es el partido de los terratenientes, quienes querían que las cosas siguieran como estaban antes, que el gobierno determinara ciertos monopolios, que el gobierno manejara el sistema porque ellos eran los ricos que querían tener el gobierno) y, por otro lado, los que se llamaban liberales (palabra que hoy significa algo diferente, pero que en aquel tiempo incluía a quienes abogaban porque el gobierno no interfiriera, que la ley del mercado controlara el sistema; estas personas eran mayormente los comerciantes). La iglesia católica apoyaba, básicamente, a los partidos conservadores. Entonces, por esa razón, los gobiernos liberales trataron de apoyar la entrada del protestantismo, no porque ellos querían ser protestantes, sino para contrarrestar lo que la iglesia católica estaba haciendo con los conservadores. Por esto, usted puede ir a Guatemala y puede ver que al lado del palacio presidencial se encuentra la iglesia presbiteriana. ¿Por qué? Porque uno de los líderes de entonces viajó a Nueva York y pidió a los presbiterianos que enviaran misioneros porque tenía, quizá, una bronca fuerte con la iglesia católica, y una manera de conseguir un poco más de lo que buscaba era hacer eso.

La otra cosa que sucedió también fue que en esa época, no era como hoy que hay una superpoblación en todas partes, había mucha tierra baldía. Uno de los grandes presidentes de Argentina dijo que gobernar es poblar; lo que un gobierno tiene que hacer es que haya población en el país. Y ¿cómo se hacía eso? Se hace mediante la inmigración. La inmigración que se quería era la inmigración de gente con experiencia en la industria. ¿Dónde se encontraba esa gente? Mayormente en Alemania, en Escocia, etc. De esta manera se promovió una inmigración escocesa, alemana, etc. y, en general, protestante. Esa gente pedía libertad de culto y, con esto, los países concedían esa libertad de culto. Entonces, se da la pregunta: ¿cómo es posible que gente inmigrante tenga derechos que los nacionales no tienen? De esta manera, la libertad de culto vino, en muchos lugares, a través de la inmigración. Y, por supuesto, después llegaron los misioneros mayormente de las islas británicas y luego de los Estados Unidos.

 

DP: ¿Por qué es importante que la iglesia en América Latina conozca la Reforma protestante del siglo XVI?

JG: Por muchas razones. Una razón es porque quien no conoce la historia está condenado a repetirla. El ser humano tiene una gran ventaja sobre los animales. Y es que, un caballo no le puede decir a otro caballo: «En este hueco metí la pata», pero el ser humano sí puede, es posible poner un papelito con una advertencia que diga: «Aquí hay un hueco». La historia, en cierto modo, es esto, nos da un tipo de advertencia.

Pero también hay una razón teológica. Esa gente son nuestros hermanos y hermanas en Cristo. Usted piensa que el hermano es el que está sentado en el banco al lado suyo, pero Jesús mismo dice que nuestro Dios no es Dios de muertos sino de vivos (Mt. 22:32). Esto quiere decir que esa gente son nuestros hermanos vivos. Si de verdad creemos en el amor cristiano debemos amarles a ellos también y tenemos que conocerles como debo conocer también al otro hermano.

Justo Gonzalez

El Dr. Justo González nació en La Habana, Cuba el 9 de agosto de 1937. Su madre, Luisa García Acosta, fue profesora de literatura española y autora de libros sobre gramática y ortografía. Su padre, Justo González, fue el fundador de la organización Alfalit, especializada en la labor alfabetizadora y en la edición de libros cristianos para apoyarla. De ellos ha heredado sus brillantes dotes de escritor.
Estudió en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (Cuba) y se doctoró en teología en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Fue profesor del Seminario Evangélico de Puerto Rico durante varios años. Luego se agregó a la facultad de la Candler School of Theology de Atlanta (Georgia, Estados Unidos). Actualmente se dedica a las labores literarias, en las que su producción ha sido prolífica y de mucho valor.
Casado con Catherine Gunsalus González, Profesora emérita de Historia de la Iglesia del Columbia Theological Seminary.

Daniel Puerto

Daniel es pastor de la Iglesia Bautista Palabra de Vida en Tampa, Florida. Estudió en el Instituto Bíblico Rio Grande (Edinburg, Texas) y actualmente cursa una maestría en el Midwestern Baptist Theological Seminary. Está casado con Claudia y es padre de Emma y Loikan. Lo puedes seguir en Twitter

Justo Gonzalez

El Dr. Justo González nació en La Habana, Cuba el 9 de agosto de 1937. Su madre, Luisa García Acosta, fue profesora de literatura española y autora de libros sobre gramática y ortografía. Su padre, Justo González, fue el fundador de la organización Alfalit, especializada en la labor alfabetizadora y en la edición de libros cristianos para apoyarla. De ellos ha heredado sus brillantes dotes de escritor.
Estudió en el Seminario Evangélico de Teología de Matanzas (Cuba) y se doctoró en teología en la Universidad de Yale (Estados Unidos). Fue profesor del Seminario Evangélico de Puerto Rico durante varios años. Luego se agregó a la facultad de la Candler School of Theology de Atlanta (Georgia, Estados Unidos). Actualmente se dedica a las labores literarias, en las que su producción ha sido prolífica y de mucho valor.
Casado con Catherine Gunsalus González, Profesora emérita de Historia de la Iglesia del Columbia Theological Seminary.

Daniel Puerto

Daniel es pastor de la Iglesia Bautista Palabra de Vida en Tampa, Florida. Estudió en el Instituto Bíblico Rio Grande (Edinburg, Texas) y actualmente cursa una maestría en el Midwestern Baptist Theological Seminary. Está casado con Claudia y es padre de Emma y Loikan. Lo puedes seguir en Twitter

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