Soldados de Jesucristo

La Reforma y las misiones: Cómo la fe reformada impulsó la evangelización

Este artículo pertenece al libro De vuelta a Cristo: Celebrando los 500 años de la Reforma escrito por pastores hispano hablantes y publicado por Soldados de Jesucristo. Estaremos regalando los archivos digitales de este libro el 31 de octubre de 2018, en celebración del aniversario de la Reforma protestante.

 

«Calvino convirtió deliberadamente a Ginebra en un centro internacional para la propagación del evangelio. Él aconsejó a gobernantes protestantes desde Escocia a Italia, entrenó a refugiados que llegaron a Ginebra y luego regresaron a sus países de origen, y envió misioneros a Polonia, Hungría, los Países Bajos, Italia, e incluso América del Sur» (Michael Reeves).[1]

 

¿Obedecieron los reformadores el mandato de Cristo de ir y hacer discípulos «de todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt. 20:19)? ¿Podemos considerar la Reforma protestante como un movimiento que formó a hombres y mujeres que estaban dispuestos a decir con el apóstol Pablo «¡ay de mí si no predico el evangelio!» (1 Co. 9:16)?

Algunos responden con un contundente «¡No!». Es el caso de un teólogo católico romano contemporáneo de Lutero y Calvino, llamado Roberto Bellarmino (1542-1621) quien, según el historiador bautista Michael Haykin, fue posiblemente «el primer autor en hacer la pregunta sobre el fracaso del protestantismo temprano en aplicarse a la obra misionera».[2] Bellarmino afirmó:

En este siglo los católicos han convertido muchos miles de paganos en el nuevo mundo. Cada año un cierto número de judíos se convierte y son bautizados en Roma a través de los católicos que los añaden como una muestra de lealtad al Obispo de Roma… Los luteranos se comparan a sí mismos con los apóstoles y evangelistas aunque tienen entre ellos un gran número de judíos, y en Polonia y Hungría tienen a los turcos como sus vecinos, de los que apenas se ha convertido un puñado.[3]

Ahora bien, en este breve párrafo Bellarmino simplifica la situación de la Europa del siglo XVI y no hace justicia al complejo escenario de la época. Durante los primeros años de la Reforma, las naciones que continuaron fieles al papa tenían el potencial marítimo para viajar fuera de Europa hasta los rincones del mundo conocido, mientras que los grupos protestantes no gozaban de ese privilegio. El profesor Fred Klooster añade:

Prácticamente cada puerta al mundo pagano estaba cerrada a Calvino y a los otros reformadores porque el mundo del islam hacia el sur y el este estaba protegido por armadas turcas mientras que los navíos de España y Portugal prevenían acceso al recientemente descubierto nuevo mundo. El papa Alejandro VI en 1493 dio a las coronas española y portuguesa derechos exclusivos a estas áreas y papas y tratados posteriores reafirmaron esas donaciones.[4]

Más importante aún, y contra el argumento de Bellarmino, el esfuerzo misionero del movimiento reformado hizo énfasis en la proclamación del verdadero evangelio, la plantación de verdaderas iglesias y el llamado a la verdadera conversión a Cristo. Podemos decir que, en la mayoría de los casos, el evangelio predicado por los protestantes era diferente al evangelio predicado por los católicos romanos; de manera que la evangelización que hacían ambos grupos era diferente. De hecho, la recuperación del evangelio verdadero hizo de la Reforma un gran movimiento misionero que resultó en la conversión de muchos. Michael Horton argumenta que,

A menudo se dice que la Reforma mostró poco interés en las misiones. Sin embargo, este veredicto depende de lo que uno piense que fue el asunto principal que trató la Reforma. Si este movimiento no fue más que un debate interno sobre los puntos más finos de la teología, entonces fue una distracción de las misiones. Pero si de hecho fue una recuperación del evangelio de la gracia gratuita de Dios en Jesucristo, entonces fue el mayor movimiento misionero desde el apóstol Pablo.[5]

Lejos de obstruir las misiones, el movimiento reformado y su teología (específicamente las doctrinas de la gracia) en realidad impulsan la evangelización. Lo podemos ver en la historia, la lógica y la experiencia propia.

 

La historia

La Reforma en sí fue un acto de evangelización. Lutero, Zwinglio, Calvino, y los demás reformadores publicaron sus escritos y los distribuyeron alrededor del mundo para que pudieran ser leídos por los que no habían escuchado el mensaje que predicaban en sus iglesias y comunidades. No vieron ningún conflicto entre sus creencias sobre la soberanía de Dios en la salvación y la necesidad de «correr la voz» por todos lados. «Calvino mismo comisionó misioneros para trabajar en Francia, y envió una misión a Brasil que fracasó después de enfrentar el catolicismo romano establecido».[6]

Además de la Reforma en sí, los que han seguido sus enseñanzas han sentido la obligación de compartir el evangelio de salvación por gracia con los que no conocen a Cristo. Por eso, entre los misioneros más famosos y los pastores más evangelistas de la historia se encuentran un gran número de cristianos reformados. Por ejemplo, David Brainerd,[7] Adoniram Judson,[8] David Livingstone,[9] Henry Martyn,[10] William Carey,[11] muchos pastores puritanos,[12] George Whitefield,[13] Charles Spurgeon[14] y Martyn Lloyd-Jones.[15]

Tres expertos en misionología examinan el legado de la Reforma con respecto a las misiones, y afirman que,

El movimiento misionero entre los reformadores protestantes fue variado, pero la Reforma en sí misma tuvo un impacto significativo en el futuro de las misiones cristianas… el énfasis en la importancia de la traducción de la Biblia a los idiomas vernáculos, así como la relativa amplia disponibilidad de la imprenta, puso las Escrituras en las manos de la gente común. Aún más importante, la Reforma estableció el fundamento teológico de la salvación solo por la fe que impulsó la predicación misionera.[16]

 

La lógica

La misma lógica nos confirma que la teología reformada ha impulsado la evangelización. Cuando yo solía decir que los reformados no tienen ningún motivo para evangelizar, fallaba en tomar en cuenta tres aspectos importantes.

En primer lugar, la obediencia. Los reformados evangelizan por la misma razón por la que los otros cristianos lo hacen: porque Dios lo exige. Aun si nuestra teología no pudiera explicar por qué Jesús nos exigió hacerlo, no nos excusaría del hecho de que sí nos lo mandó y de que tenemos que obedecerle.

En segundo lugar, la soberanía de Dios. La teología reformada no tiene ningún problema para explicar por qué Jesús nos mandó evangelizar. De hecho, lo aclara. Los que creemos en las doctrinas de la gracia creemos que Dios es soberano sobre todo el proceso de la salvación—desde el principio hasta el fin. Por lo tanto, no solo es soberano sobre a quiénes va a salvar, sino también sobre cómo va a salvarlos. En su soberanía, Dios ha decidido que va a salvar a sus elegidos a través de gente común y corriente predicando su evangelio. Tal como Jesús nos enseña, «Nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió» (Jn. 6:44). La Biblia también dice: «¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?» (Ro. 10:14). En otras palabras, Dios no solo atrae a las personas a él mismo, sino que también nos envía a predicar a quienes están siendo atraídos a él, por él. Para la persona de teología reformada, entonces, el dilema de «¿qué motivo tienen los reformados para evangelizar?» simplemente no existe. Nuestra teología nos convence de que tenemos que evangelizar porque es el medio por el cual Dios salva a su pueblo.

En tercer lugar, el gozo. Los cristianos reformados evangelizamos porque nos da gozo hablar del Señor que nos ama. C. S. Lewis escribió, «Pienso que nos deleitamos en alabar lo que disfrutamos, porque la alabanza no solo expresa, sino que cumple, el disfrute». El escritor continúa explicando cómo somos impulsados a compartir nuestro deleite en un auto nuevo o en una gran vista de la naturaleza con los demás, así como somos impulsados de hablar de nuestros restaurantes y programas de televisión favoritos. Cumplimos nuestra experiencia placentera por medio de compartirla con otras personas. ¿Cuánto más debería ser en el caso del Dios del universo, quien nos amó, quien nos predestinó para ser suyos sin ningún mérito nuestro, y quien nos redimió para sí mismo al costo de su propio Hijo? Los reformados nos deleitamos al hablar del Dios que nos amó y al ver a otros deleitarse en esa salvación.

 

La experiencia personal

Muchos de los que se identifican como «cristianos reformados» testifican que, en lugar de impedir su compromiso con el evangelismo, el calvinismo lo ha multiplicado. Esta ha sido mi experiencia personal. Me convertí a los 21 años pero no adopté la teología reformada hasta 7 años después, cuando por primera vez estaba convencido de que las doctrinas de la gracia no fueron las doctrinas de Calvino ni de ningún otro hombre, sino las de la Biblia. Desde entonces mi pasión por las misiones y el evangelismo no ha disminuido, más bien ha aumentado. Es por eso que planté una iglesia en Estados Unidos y ahora, 10 años después, estoy en la Ciudad de México. Mi familia y yo dejamos todo lo que conocíamos y amábamos para vivir como misioneros en una cultura extranjera. No tuvimos que mirar fuera de nuestra teología para hacerlo. Al contrario, Dios usó toda nuestra teología para proveernos la razón y el deseo de hacerlo.

Déjenme compartirles tres razones por las que la fe reformada ha impulsado el evangelismo en mi vida y puede hacer lo mismo en la tuya.

  1. Ya no siento la presión de tratar de atraer a alguien a Dios con la belleza de mis palabras, el poder de mi discurso o la rectitud de mi vida. En vez de esto, puedo presentar el evangelio con la confianza de que el éxito o fracaso de ello no depende de mi desempeño, sino de la gracia irresistible de Dios. Esto me ha dado el valor de presentar el evangelio a todos, hasta a los que más se oponen, porque tengo la seguridad de que su gracia irresistible puede superar incluso la resistencia del corazón más empedernido y —si no lo hace— sé que no es debido a un fracaso de mi parte.
  2. Ya no pienso que la diferencia entre los que responden al evangelio y los que no responden a él se encuentra dentro de la persona. Solía predicar el evangelio y preguntarme por qué mis oyentes no estaban dispuestos a creerlo cuando tenían la misma información que yo había tenido cuando me convertí. La teología que creía en esa época me obligaba a pensar que yo era más sabio, más inteligente, más humilde o más bueno que quienes rechazaban el evangelio. Pero la teología reformada me abrió los ojos para ver que la diferencia entre los que aceptan y los que rechazan el evangelio no es un rasgo de las personas, sino una característica de Dios. Esto es lo que Pablo escribió en Efesios 2:8-9: «Porque por gracia habéis sido salvados por medio de la fe, y esto no de vosotros, sino que esdon de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe».

La teología reformada ha transformado mi actitud hacia los que no están dispuestos a creer en el mensaje que predico. En lugar de perder la paciencia, recuerdo que yo nunca hubiera creído si Dios no hubiera intervenido; como resultado, mi paciencia para con ellos crece. En lugar de sentirme superior, le ruego a Dios que les de la misma fe que me dio a mí a pesar de mi incredulidad obstinada. Estos cambios me hacen evangelizar más de lo que hubiera hecho antes.

  1. Ya no me involucro en las misiones por miedo a lo que pasará si no lo hago. Ahora evangelizo como fruto de una gratitud aumentada, lo que produce un evangelismo más apasionado y consistente del que tenía antes. Esto no significa que un cristiano no reformado no pueda ser igual o significativamente más motivado que un reformado, muchos son así. Más bien, significa que cuando recibes una teología que te dice que Dios es aún más responsable por tu salvación de lo que pensabas previamente, y que tú eres aún menos responsable por ella de lo que pensabas, es natural que tu gratitud crezca. En muchos casos, incluyendo el mío, a medida que la gratitud se profundiza, crece la alabanza pública y el evangelismo personal.

 

La fe reformada impulsa la evangelización de manera tan fuerte que no se puede negar ni apagar. Oro para que esta fe continúe impulsando a muchos a ir por todo el mundo y anunciar las buenas nuevas de salvación solo por fe únicamente en Cristo y solo para la gloria de Dios.

[1] Michael Reeves, The Unquenchable Flame: Discovering the Heart of the Reformation [La llama inextinguible: descubriendo el corazón de la Reforma] (Nashville, TN: B&H Publishing Group, 2009), 115-116.

[2] Michael Haykin, “Did the Reformation Recover the Great Commission?” [«¿Recuperó la Reforma la Gran Comisión?»] en The Reformation and Your Church [La Reforma y tu iglesia], 9Marks Journal, Otoño 2017 (Washington, D.C.: 9Marks, 2017), 82-83.

[3] Citado por Michael Haykin, op. cit., 83.

[4] Fred Klooster, “Missions, The Heidelberg Catechism, and Calvin” [«Misiones, el Catecismo de Hieldelberg y Calvino»] Calvin Theological Journal 7/2 (1972): 183. Citado por Michael Horton en For Calvinism [A favor del calvinismo] (Grand Rapids, MI: Zondervan, 2011), pos. 2728 de 4029.

[5] Michael Horton, For Calvinism, pos. 2717 de 4029.

[6] Zane Pratt, M. David Sills y Jeff K. Walters, Introduction to Global Missions [Introducción a las misiones globales] (Nashville, TN: B&H Publishing Group, 2014), 107.

[7] 1718-1747; misionero a los nativos de los Estados Unidos.

[8] 1788-1850; misionero a Birmania.

[9] 1813-1873; misionero a África.

[10] 1781-1812; misionero a Persia.

[11] 1761-1834; misionero a China, considerado como el padre de las misiones modernas.

[12] Joel Beeke explica que «Doctrinalmente, el puritanismo fue un tipo de calvinismo amplio y vigoroso; experimentalmente, fue un tipo de cristianismo cálido y contagioso; evangelísticamente, fue tanto tierno como agresivo». Puritan Evangelism [La evangelización puritana] (Grand Rapids, MI: Reformation Heritage Books, 20007), pos. 78 de 1192.

[13] 1714-1770, ministro inglés.

[14] 1834-1892, pastor inglés.

[15] 1899-1981, pastor en Inglaterra.

[16] Zane Pratt, M. David Sills y Jeff K. Walters, op. cit., 107-108.

Cole Brown

Cole Brown lleva más diez años de experiencia en plantar iglesias. Actualmente trabaja junto con su esposa para ayudar a plantar y fortalecer iglesias mexicanas. Ha escrito varios libros, incluyendo Problemas Paternales: Cómo Dios Sana Heridas Causados Por Padres Ausentes, Abusivos Y Distantes. Puedes seguirlo en Twitter y Facebook.

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Cole Brown lleva más diez años de experiencia en plantar iglesias. Actualmente trabaja junto con su esposa para ayudar a plantar y fortalecer iglesias mexicanas. Ha escrito varios libros, incluyendo Problemas Paternales: Cómo Dios Sana Heridas Causados Por Padres Ausentes, Abusivos Y Distantes. Puedes seguirlo en Twitter y Facebook.

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