La soltería no es una serpiente

“Quiero pretenderte (con esto, quería decir, quisiera comprometerme contigo)”. No puedo mentir; estas palabras sonaban tan dulces, después de nueve años de soltería.  

Pero tres días después, él cambió de idea.  

Satanás aborrece el matrimonio y lo ha atacado desde el principio (Génesis 3:16). También aborrece el romanticismo piadoso y se empeña en seducirnos para desviarnos de él por medio de la pornografía, el orgullo o a través de otros miles de medios. También aborrece la belleza y la intimidad del sexo dadas por Dios y quiere que las utilicemos fuera de los contextos ordenados por Él (Hebreos 3:14).  

Pero además, Satanás desprecia a la persona que está contenta con su soltería. Sin encuentros casuales ni “coqueteos”, la vida de un cristiano contento con su soltería y que apunta a la satisfacción y a una mayor intimidad solamente en Cristo, parece extraña en una cultura sexualizada.  

Cuando la soltería es nueva o prolongada, resulta fácil ver a Dios como un dios lejano en vez de verlo tal como es en las Escrituras. Al enfrentarnos ante esta tentación, necesitamos examinar las mentiras que nos sentimos tentados a creer con respecto a nuestra soltería.  

“Si tan sólo fuera más atractivo”

En nuestro mundo actual del “photoshop”, es tan fácil pensar: “Si tan sólo fuera más atractivo, ya estaría casado a estas alturas”.  

¿Crees que tu falta de atractivo físico definido por la cultura puede frustrar al Creador del romance? Sea que se trate del abdomen no tan plano o del rostro no tan simétrico, una falta de músculos o de altura, Dios te entretejió (Salmos 139:13). Él no creó el color de tus ojos, ni moldeó tus labios ni formó cada parte de ti para que otra persona aparte de Él te haga sentir sin valor.  

Dios no te hizo para que fueras agradable especialmente a los ojos de los seres creados y falibles. Él colocó íntimamente cada pieza de tu ser para Sí mismo: para que lo contemples y le adores, para amarle y confiar en Él (Deuteronomio 6:5). “Amarás al Señor tu Dios” no es un mandamiento gravoso, sino el resultado de aquello para lo que fuimos creados.  

Tal vez, detrás de nuestro deseo de ser más atractivos se esconde un hambre sutil de ser independientes, de no depender únicamente de la provisión llena de gracia y del tiempo de Dios. Él te entretejió, escribió tu historia y, si lo amas, Él te dará todo lo que sea para tu bien.  

“Debo haber hecho algo mal”

Cualquier pecado que hayas cometido en el pasado (alcoholismo, promiscuidad sexual, impureza emocional, envidia, vanagloria) y cualquiera sea tu lucha en el presente, si estás en Cristo, no hay ninguna condenación y nada podrá separarte de los buenos dones que Él tiene para ti (Romanos 8:1, 32) — incluyendo el más fundamental de todos los dones: Él mismo.  

Cuando nos entretenemos con las dos mentiras que describí más arriba, sutilmente hacemos que la soltería se trate de nosotros y de la manera en que nos gustaría dirigir nuestras vidas. Asumimos que debe haber algo malo en nosotros en vez de buscar la manera en que Dios puede usar nuestra soltería para Su gloria.  

Muchos de nosotros queremos conocer el futuro para que podamos descansar en nuestro conocimiento y no en nuestro Creador. Queremos desesperadamente tener la certeza de que tendremos a alguien con quien acurrucarnos en invierno, alguien con quien edificar un hogar. Queremos saber que alguna vez llegará el día de nuestro casamiento y de nuestra noche de bodas, además de nuestro primer hijo. Lo cierto es que no lo sabemos y tampoco podemos saberlo. Pero Dios sí, y Él nos llama a descansar en eso, y sobre todo, en Él.  

Así que, si nos vemos tentados a creer esas mentiras en nuestra soltería, ¿qué debemos recordar, entonces?  

La soltería es un don

Si hoy estás soltero, eso significa que es el don que tienes para hoy, y el día de hoy trae consigo su propio afán (Mateo 6:34). Es posible que te cases dentro de un año, o tal vez sigas soltero dentro de cinco años. De cualquier manera, será un don.  

Es cierto que Dios dijo que “no es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Pero en nuestro apuro por señalar este versículo, podemos descartar a las figuras bíblicas que personificaron la soltería piadosa, especialmente a Jesús quien fue el principal (¡Él ha estado aguardando a Su Novia durante siglos!). También podemos pasar por alto la importancia de la intimidad en las comunidades aparte de las relaciones románticas. No somos islas sin iglesia.  

Pasamos por alto que “todo don perfecto viene de lo alto, desciende del Padre de las luces, con el cual no hay cambio ni sombra de variación” (Santiago 1:17). “Todo don perfecto” incluye nuestra posición actual y el estado civil en el que estamos. Dios jamás abandona a Sus hijos e hijas (Hebreos 13:5). Con toda seguridad, tampoco te ha abandonado en tu sufrimiento del presente ni en tu soltería prolongada.  

La soltería es una lucha

Que la soltería sea un don no significa que no sea una lucha profunda y difícil para muchos. Ante los ojos de Dios, de hecho, algunos de los mejores dones que nos concede son las luchas (1 Pedro 1:6-9; Romanos 5:1-5). Las luchas son dones que nos enseñan a no mirar a ningún otro lado sino a Él en nuestras necesidades. Son dones que nos enseñan que Su tiempo es perfecto. Son dones que nos revelan más de Él. Eso es lo que son nuestras luchas.  

Resulta muy fácil mirar a todas partes excepto a Dios en un mundo obsesionado con el amor y el sexo. Pero recuerda que el mundo de conciencias entenebrecidas está más hambriento que nunca por experimentar intimidad, a pesar de su fuente aparentemente inagotable de amor erótico.  

En medio de la lucha, debemos esforzarnos por cultivar la gratitud y la confianza en el Señor (Salmos 107:1; Proverbios 3:5-6). Una Buena base para hacerlo es recordar las palabras de Jesús en Mateo 7:9-11:  

“¿Qué hombre de entre vosotros que si su hijo le pide pan, le dará una piedra, o si le pide un pescado, le dará una serpiente? Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará cosas buenas a los que le piden? “ 

Dios es un buen Padre. Nuestro corazón puede capturar esta verdad y ser capturado por ella, o de lo contrario, nos sentiremos asfixiados — y no vamos a florecer — en nuestra soltería. Si le estamos pidiendo el don del matrimonio, el hecho de que Él nos dé la soltería no puede ser una serpiente ni una piedra, sino que debe ser lo mejor para nosotros.   

¿Aún sigue siendo digno?

Él no está colgando “nuestra relación perfecta” fuera de nuestro alcance, como diciendo: “Si fueras más atractivo, santo, o si no hubieras cometido ese pecado en el pasado, tendrías ese romance deslumbrante”. No hay tal cosa como una relación o persona perfecta aparte de Dios; lo mejor que podemos esperar de cualquier relación con alguien es que dos seres humanos imperfectos busquen juntos a un Dios santo y perfecto.  

La soltería, al igual que cualquier prueba, es un susurro a nuestros corazones que dice: “¿Aún soy digno de adoración si no tienes lo que deseas desesperadamente?” Si Dios lo permite, este año voy a celebrar diez años de soltería no deseada. Sí, dije celebrar, pues incluso en las etapas no deseadas, el Señor jamás deja de ser bueno conmigo y tampoco, de ser suficiente para mí (Salmos 16:11) — hoy, mañana y por siempre.