La Supremacía del Amor

Ya sea para una boda, o para una conferencia o consejería matrimonial, o para celebrar el día de los enamorados, cada vez que se quiere hablar del amor 1 Corintios 13 está en el tope de la lista de pasajes bíblicos favoritos.

Lamentablemente, muchas veces el verdadero significado del mensaje que el apóstol Pablo estaba comunicando a la iglesia de Corinto se pierde al no considerar bien el contexto y las razones por las que Pablo escribe la carta.

Cuando leemos que “el amor es paciente, es bondadoso; el amor no tiene envidia; el amor no es jactancioso, no es arrogante; no se porta indecorosamente; no busca lo suyo, no se irrita, no toma en cuenta el mal recibido; no se regocija de la injusticia, sino que se alegra con la verdad; todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta”, muchas veces se nos dificulta asimilar lo que esto significa porque en realidad es imposible para nosotros, en nuestra carne, amar de esa manera.

Vivimos en una sociedad que celebra el amor, las buenas acciones, las buenas obras, el ayudar a los pobres, el ir a un viaje misionero, el donar grandes sumas de dinero para buscar la cura a enfermedades mortales, etc. Pero si nos detenemos a ver quienes hacen muchas de estas buenas obras, un Bill Gates o un Warren Buffet o un Mark Zuckerberg que han donado la mayor parte de su fortuna para obras de bien, podemos darnos cuenta de que una gran parte de ellos, quizás la gran mayoría, no son creyentes; inclusive muchos son hasta ateos. De ahí que Pablo dice: “Y si diera todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregara mi cuerpo para ser quemado, pero no tengo amor, de nada me aprovecha”.

Un camino más excelente

Leyendo cada capítulo de la primera carta a los Corintios nos damos cuenta que Pablo ataca y corrige cada uno de los problemas que afectaban esta iglesia. Primero les habla sobre la necesidad de mantener la unidad en el cuerpo de Cristo. Luego trata sobre casos de inmoralidad, como incesto y prostitución. Enseña sobre el matrimonio y la libertad cristiana. Y ya para el final de la carta, Pablo comienza a tratar temas relacionados al orden del servicio, a la participación de las mujeres en el culto público y al abuso de la cena del Señor.

Ya en el capítulo 12, Pablo comienza a tratar lo que quizás era uno de los problemas más grandes en la iglesia de Corinto: el abuso y mal uso de los dones espirituales. Como vimos anteriormente, a pesar de que esta iglesia había sido influenciada por toda la corrupción moral y doctrinal que existía en la ciudad, la misma estaba llena de toda clase de dones espirituales, falsos y verdaderos, los cuales estaban siendo abusados por muchos para ganancias personales.

Sorprendentemente, en medio de toda esta cátedra doctrinal sobre el uso correcto de los dones espirituales, Pablo hace un alto y cambia completamente el discurso y hasta el estilo de escribir. Al final del capítulo 12 Pablo termina diciendo: “Y aun yo os muestro un camino más excelente.

¿Y cuál es este camino más excelente? ¡El amor! (1 Co. 13:1-3).

Pero, ¿qué clase de amor?

Recordemos que Pablo está escribiendo a hermanos que viven en una ciudad que celebraba el amor, que tenía hasta un templo de Afrodita, la diosa del amor. Así que no sería fácil para Pablo escribir sobre el amor verdadero si sus oyentes no estaban claros acerca del significado de la palabra “amor” que él estaba usando.

En español, la palabra “amor” puede tener varios significados:

  • Amor romántico o sexual
  • Amistad o afecto familiar
  • Preocupación o interés por el bienestar de otra persona

Por esta gama tan amplia de definiciones de la palabra “amor” es que este pasaje muchas veces es mal usado en su exposición.

La lengua griega en que Pablo escribió esta carta resuelve este problema utilizando tres palabras distintas para “amor” – eros, philos, y ágape.

  • Eros es el amor romántico o sexual
  • Philos es el amor de hermandad – familia, amistad y compañerismo
  • Ágape se refiere a la preocupación por el bienestar de los demás

Eros, ese amor romántico y sensual que los corintios celebraban, nunca aparece en el Nuevo Testamento. Philos, y su forma verbal phileo, son utilizadas unas 55 veces en el Nuevo Testamento. Pero sorprendentemente, ágape, y su forma verbal agapao, aparecen unas 253 veces en el Nuevo Testamento para referirse tanto al amor de Dios por su pueblo como al amor de una persona hacia otra. Ágape es más que un amor en las emociones; es un amor en la voluntad, requiere acción. Ágape es un amor divino, un amor que viene de Dios. Es la clase de amor que Jesús utiliza al expresar: “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, más tenga vida eterna”.

Aquí en 1 Corintios 13, el gran capítulo del amor, Pablo utiliza ágape exclusivamente.

Pablo sabía que el gran problema de la iglesia de Corinto era que el amor de Dios, ese amor ágape, no estaba siendo reflejado en sus acciones. El orgullo y la falta de amor ágape habían corrompido los corazones y habían causado situaciones horribles que estaban trayendo vergüenza y una mala reputación a la iglesia de Cristo, no solo en Corinto, sino también en otras ciudades de la región.

¿Cómo podemos amar con el amor de 1 Corintios 13?

Ya vimos que ese amor ágape proviene de Dios, y no está atado necesariamente a nuestras emociones. En Gálatas 5:22-25, el mismo apóstol Pablo nos da pautas de cómo desarrollar o cultivar ese amor ágape.

Para vivir en amor debemos caminar por el Espíritu. Vivir en amor es ser obediente a los mandatos de Dios (1 Jn. 3:16-18, Ro. 13:8-9)

Y al final de este capítulo 13 de 1 Corintios, Pablo hace una declaración poderosa: “Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor”. La fe y la esperanza son muy necesarias, son imprescindibles para nuestra vida cristiana aquí en la tierra, pero el amor es mucho mayor, mucho más importante, porque el amor refleja en nosotros la esencia de Dios mismo.

Sin ese amor de Dios operando en y a través de nosotros, nada de lo que somos o hacemos tiene valor eterno; sin ese amor de Dios somos como metal que resuena o címbalo que retiñe.